Una, grande, descerebrada

Se va acercando el domingo, el día en el que votaremos sí o no al “Tratado por el que se establece una Constitución para Europa”, así es como se llama realmente y aunque suene muy bonito el rollo de una constitución, no lo es. Una constitución es una manera de que el pueblo otorgue poderes al Estado para que cree unas leyes acordes a ese texto básico. En el caso de la Constitución Europea han sido los propios Estados los que la han redactado, no como unas normas de carácter social, sino puramente económicas y políticas, guardándose las espaldas para el futuro y así tener controladas a las instituciones de la Unión.

No veo la aportación real de la Constitución hacia los ciudadanos, más bien lo veo como un intento de los Gobiernos por hacer publicidad de una Europa unida, sobre todo aquí en España, que somos los europeos más individualistas de todos. A veces yo mismo me he sorprendido pensando que es verdad, que todo esto no sirve para nada, que la democracia realmente no existe y que cada vez se parece más a aquella primera democracia que tuvieron los griegos en la que sólo los que tuviesen dinero podrían votar, por eso mismo voto, para que mi temor no se haga realidad el día menos pensado. Para que nunca nos quedemos sin votar, no por no tener dinero, sino porque nos hayan demostrado tantas veces que es un idealismo imposible y sin futuro, que ya no tengamos ganas ni de ir a echar un papel a una caja sin la convicción de que no estamos siendo manipulados.

Lo que va a quedar patente en el referéndum es el desinterés de los españoles por la política, estoy seguro de que el número de abstenciones va a ser gigantesco, todavía mucho más si lo comparamos con las anteriores elecciones del 14-M. Y es que a los españoles siempre nos ha gustado lo mismo, vivir y dejar vivir, cuanto menos nos relacionemos con el resto más tranquilos viviremos.

Todo esto viene a cuento porque me ha tocado estar en una mesa electoral como 2º suplente del 2º vocal, es decir, el último mono del lugar. Me harán madrugar para presentarme allí y ver que no se requiere mi presencia, o en el peor de los casos, que no haya ido ni cristo y tenga que pasarme el día viendo desde la mesa cómo, una vez más, los que dicen ser apolíticos y no tener ideales se quedarán en su casa, dejando que los demás decidan su futuro…