El derecho a la pereza

En La rebelión de los curris, Mariano comenta que ha cambiado su percepción del trabajo como algo que hay que hacer para subsistir y ser alguien de provecho.

Y yo digo: por eso no hay que trabajar o trabajar lo menos posible 🙂

Hace tiempo me dí cuenta que no me apetecía ser una hormiguita más de las muchas que salen todas las mañanas medio dormidas de casa, camino de sus trabajos. Que no tenía ganas de currar por un sueldo de mierda para que otro se llevase la parte del león y que por mucho que me dejase los huevos no iba a obtener nada a cambio.

Hace no mucho me interesé por Paul Lafargue y su Derecho a la pereza y encontré muchas ideas que ya se me habían pasado antes por la cabeza. ¿Por qué tenemos que pasarnos el día currando de sol a sol? Si antes sólo usábamos una parte del día para nuestro propio sustento y el resto lo dedicábamos a pintar en paredes de cuevas. Por mucho que digan que nuestro estilo de vida ha mejorado mucho, también lo han hecho las máquinas y los métodos de producción. Deberíamos ser capaces de reducir la jornada laboral en muchísimas horas, pero claro, las empresas siempre quieren el máximo beneficio, a costa de explotar lo más explotable y controlable: el currito de turno.

Paul Lafargue, aun siendo un marxista redomado (llevado hasta el extremo al convertirse en yerno de Marx) dio un paso más hacia ese mundo futuro en el que no haga falta trabajar.

Los logros que se consiguieron durante la Revolución Industrial y más tarde en materia de trabajo, siguen siendo prácticamente los mismos que en la actualidad, no me trago que no sea posible reducir la jornada laboral a 35 horas en un principio y que, por ejemplo en Francia, se las vean y se las deseen para retomar las 40 al decir que no es una opción viable. ¡Claro que no es viable! Las empresas dejarían de ganar un poco de sus desorbitadas ganancias, pero pretendiendo mantener los beneficios (o aumentarlos), por supuesto que no es viable…

Lo dicho, recomiendo leer El derecho a la pereza para ver que no son ideas tan descabelladas y que si no fuésemos una panda de borregos, podríamos luchar por ellas.

Esto era en principio un comentario en el blog de Mariano, pero ha ido creciendo… y se ha convertido en esto.