Tres diferencias en un atasco por accidente entre París y Bilbao

 

Hoy me he comido dos atascos monumentales, uno en París, por la carretera periférica y otro al ir desde el aeropuerto de Sondika a Bilbao. Ambos por accidente de coche

Al haber vivido lo mismo en dos ciudades y países distintos en un período de tiempo tan corto, te das cuenta de las pequeñas grandes diferencias que hay.

París: Los conductores aceptan resignadamente que están en un lío del que no pueden salir y saben que la paciencia es su mejor aliado.

Bilbao: La mala leche reina por doquier, todo el mundo aprovecha el mínimo error de los demás para obsequiarle con una sonora pitada y preciosos calificativos que harían las delicias de alguien con síndrome de Tourette.

París: La fila avanza despacio, pero sin detenerse, lenta aunque fluidamente.

Bilbao: Todo el mundo está parado durante 30 segundos, y en cuanto el tema comienza a moverse, se acelera a lo máximo que permite la distancia que te separa del coche delantero.

París: Los coches dejan una distancia de seguridad suficiente como para no agobiar a nadie, permitir a los coches que se incorporan a la vía entrar ordenadamente y que otros puedan entrar al carril que mejor le convenga.

Bilbao: Jamás se podrá ver semejante compenetración a la hora de ir todos los coches pegados para no dejar que nadie entre, como si cuerdas invisibles les mantuviesen unidos.

Seguro que hay más diferencias que demuestren que somos unos garrulos, a ver si alguien pone alguna en los comentarios, aunque sea de otros países y ciudades.

Aunque parezcamos incivilizados y que seamos de mundos distintos, hay algo que nos une. Tanto en París como en Bilbao, en la carretera que va en sentido contrario también hay atasco debido a la gente que frena para ver si hay sangre, muertos, vísceras y sesos.