De Rositas y Margaritas – Capítulo II (No destacar para triunfar)

Otra de las cualidades de este pueblo, la cual no sabría decir si es una fortaleza o una debilidad, es la timidez o el miedo a hacerse notar. Lo considero una ventaja en cuanto a que son gente humilde y sencilla, en su mayoría sin ningún tipo de malicia. Son capaces de creer que Elvis sigue vivo y está viviendo en tu casa si se lo dices mirando a los ojos y con la debida seriedad. Esto es algo que va cambiando poco a poco y hace que los noruegos sean más desconfiados que hace un tiempo atrás. Una lástima.

La desventaja es que esa timidez extrema deriva en problemas más serios.

El primero es no quejarse por nada. Si algo les desfavorece, es difícil que protesten o digan lo más mínimo para mostrar su desacuerdo. Un claro ejemplo es una imagen que jamás se me olvidará, en el autobús, cuando una persona quiso bajar en una parada pero el conductor no abrió la puerta. El tío simplemente se quedó quieto con mirada nerviosa y esperó a la siguiente parada para bajarse sin rechistar.

El problema más grave es el severo alcoholismo de los noruegos en general. Supuestamente, usamos el alcohol para desinhibirnos, pero los noruegos van aún más allá y hasta que no van a cuatro patas, no paran. Llegan a unos extremos realmente impresionantes y en muchas ocasiones, dan pena. Su manera de ser medianamente sociales con gente externa a su grupo de amigos, es beber como cosacos, pero por norma general, suelen pasarse de la raya.

Es una lástima que algo que simplemente podría ser humildad, haya derivado en una especie de pánico social que al final se ha vuelto contra ellos.

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