Lezamako Mugetatik

Otra de las carreras en las que participé durante mis pequeñas vacaciones en Santander es la Lezamako Mugetatik en Lezama, un pequeño pueblo de las cercanías de Bilbao en el que se disputa una carrera de montaña que asciende dos de los montes de sus proximidades, el Gaztelumendi (311 msnm) y el Ganguren (474 msnm). No son montes excesivamente altos ni técnicos, pero la crestería cercana a las cumbres y el fuerte desnivel en ambas ascensiones hace que la carrera en su conjunto tenga unos 1200 metros de desnivel positivo en los 28 kilómetros de recorrido. Hasta la fecha era la carrera con más desnivel acumulado en la que iba a participar.

La salida era a las 10 de la mañana, así que el madrugón para llegar allí a tiempo iba a ser considerable. Antes de los corredores, un nutrido grupo de gente salió a las 8:30 para hacer el mismo recorrido pero en la modalidad de marcha. Justo antes de la salida dudaba si llevar gafas de sol, estaba haciendo un tiempo estupendo pero sabía que gran parte del circuito sería por bosque y por lo tanto más sombrío. Solo tuve que echar un vistazo alrededor para ver que muy pocos corredores las llevaban, así que como dice el refrán: “allá donde fueres, haz lo que vieres”. Fue todo un acierto.

No voy a describir toda la carrera porque ya lo hizo perfectamente la organización de la misma en su web, sino que voy a contar los tramos que más me gustaron.

Hasta la primera cima hay muy pocas bajadas o llanos, pero se disfruta del camino y de las vistas, que permiten ver todo el valle y los aviones que desciencen hasta el cercano aeropuerto de Bilbao en Sondika. Tan solo se deja de correr en la última parte de ascensión a la primera cresta del cordal del Gaztelumendi, donde hay que caminar lo más ligero posible por un camino muy estrecho. Tras encumbrar, se mantiene más o menos la altura hasta que de nuevo se vuelve a descender hacia Lezama por un camino arbolado cruzado en algunos tramos por un pequeño riachuelo que te obliga en repetidas ocasiones a saltarlo para no mojarte. Si a eso le sumas las ramas bajas, hay que mantenerse concentrado al máximo para no caer o llevarte un golpe en la cabeza.

Otra de las partes que me gustó fue la subida al segundo monte, el Ganguren, mucho más exigente que la primera y en la que empezamos a adelantar a los participantes de la modalidad de marcha como buenamente pudimos. Me notaba sobrado de energías y no sabía lo que habría en la última parte de descenso. Precisamente gracias a haberme reservado, durante la bajada más fuerte no tuve problemas en apretar cuando el resto ya tenían los músculos cansados. El tramo descendente que más me gustó fue el que prácticamente se hacía en línea recta por un terreno bastante blando donde los árboles habían sido cortados recientemente. La velocidad que se toma e ir esquivando restos de árboles aumentaba los niveles de adrenalina al máximo, y aunque yo no me diese cuenta, también las pulsaciones. Eso hizo que ya la última parte de sube-baja, me machacase del todo y me resignase a no poder aumentar el ritmo. Ya había dado todo lo que podía dar y ahora se trataba de mantener una velocidad cómoda sin forzar. Hice piña con otro corredor, recorrimos la parte final y llegamos a meta juntos, íbamos animándonos mutuamente.

Llegando a meta con otro corredor

Sin duda no estaba recuperado del todo de la anterior carrera en Santoña una semana atrás, pero desde un principio ya me tomé la prueba como algo con lo que pasar una mañana de domingo imaginándome que iba a ser todo más duro de lo que me esperaba. Y no decepcionó. De hecho, si tengo la ocasión de repetir, tal vez lo haga.

Disfrutando el premio para los participantes

A los que terminaban la prueba, se les daba una camiseta técnica y una bolsa con tomates de la zona que me hicieron muchísima ilusión porque estaban buenísimos. Después de la carrera había una parrillada para los participantes, pero nosotros ya teníamos reserva en una sidrería del pueblo.

Sidrería de Lezama

Estadísticas de la carrera