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De Rositas y Margaritas‚ Capí­tulo VI (Aquí­ huele a muerto. Pues yo no he sido)

Desde que llegué a Noruega vengo notando algo un poco desagradable, que sin lugar a dudas es molesto y sobre todo, me provoca una intriga increíble en cuanto a la razón científica de los motivos que lo produce. Me refiero a la expulsión de gases a traición, es decir, los pedos silenciosos.

El primer lugar donde lo noté fueron los bares, espacios cerrados herméticamente para evitar que entre el frío de fuera, música con volumen alto y con un montón de gente apiñada y luchando por un hueco donde asentarse para tomar su cerveza. Vamos, el lugar perfecto para cometer la fechoría. Hay dos tipos de efecto cuando alguien suelta un gas a traición; el primero es cuando se forma un círculo y la gente se tapa la nariz descaradamente, entre ellos el autor de la obra, con lo que su evacuación no se descubre. La segunda reacción es la de aguantar estoicamente en la posición, pero la gente se observa levantando ligeramente la aleta de la nariz con cara de asco.

Aquí ya estaba implantada la ley anti-tabaco así que me preguntaba si es que el humo del tabaco en España cubre ese olor hediondo, pero tengo mis serias dudas.

Tirarse pedos es algo muy natural y humano, pero la cantidad de ellos que pueden notarse por noche me hace dudar que los noruegos no tengan un grave problema de soltura de esfínter.

Así que con mi habitual curiosidad por estudiar cosas totalmente inútiles me dispuse a intentar averiguar qué es lo que hace que Noruega tenga un aire tan fétido en determinados lugares llenos de personas. Tras mucho pensar y pensar, me acerqué a una posible solución, la alimentación. Que principalmente los desalojos se produzcan en los bares podría ser un buen indicativo de que la cerveza es uno de los detonantes de la bomba. Pero no es una regla universal. Recuerdo que durante la ceremonia de inauguración del mundial de esquí nórdico, tú estabas tranquilito en tu lugar y la gente que pasaba, se cagaba. Por lo que tuve que agudizar un poco más mi ingenio y entonces llegué al pan. En Noruega se come pan con mucha fibra, cereales y frutos secos. Es una bomba calorífica, y lo consumen a todas horas. No hay comida del día en la que no tengan un par de buenas rebanadas de pan untado en diversas salsas y cremas.

No he encontrado ningún otro motivo de peso que pueda producir estos desafortunados momentos, por lo que me quedaré con el pan como culpable. Tal vez la prueba definitiva fuese comerlo en cantidades industriales para ver si provoca los mismo efectos en mi propio organismo, pero quién sabe, tal vez solo sea algo genético o de la cultura del país…

De Rositas y Margaritas‚ Capí­tulo V (Vivo en el paí­s más feliz del mundo)

Noruega suele salir en las noticias cada año por encabezar diversas listas que lo clasifican como el mejor país para vivir del mundo. Se suelen cuantificar características como el bienestar, la prosperidad económica, la educación y la esperanza de vida. Viviendo aquí me he dado cuenta que es cierto todo eso. Viendo la realidad de esos baremos utilizados para calificar un país como el mejor para vivir, se ve que están muy por encima de muchos otros países. Hay que decir que los sucesivos gobiernos y su manera de invertir el capital del petróleo han sido clave en todo esto.

Y os preguntaréis: “Pero bueno Fernando, ¿hemos venido a meternos con los noruegos o a qué? ¿cuándo empieza lo interesante?”. Pues ahora.

Esas estadísticas valoran términos tan amplios, tan genéricos y abstractos que luego cuando estás aquí, ves que no son suficientes ni son fácilmente cuantificables.

No discutiré que hay prosperidad económica, porque siendo el tercer exportador mundial de petróleo en un planeta movido por el oro negro, inevitablemente trae un montón de pasta. También bienestar porque cuando hay dinero, las cosas funcionan mejor, desgraciadamente.

Pero si todo fuese tan bonito como lo pintan, ¿qué necesidad tienen los habitantes del país de la felicidad de escapar cada vez que tienen ocasión? En otoño e invierno el éxodo es descomunal, pero el frío y la luz no son excusa para ello, porque en verano la cantidad de gente que se va de Noruega es parecida.

Para ser una gente que ha vivido toda su vida en condiciones como las que hay en Noruega, no pierden ocasión de quejarse por el frío o que llueva tanto en verano. Es curioso que para estas cosas sí que se quejen pero para otras que pueden ser solucionables, no.

Compran cosas fuera porque son mas baratas, incluso se dan paseos en coche hasta Suecia para volver cargados hasta los topes. Saben que con eso evitan pagar muchos impuestos pero aun así se enorgullecen de la cantidad de protecciones sociales que tienen, eso sí, siempre que las paguen otros.

La sanidad es muy deficiente. Los médicos no profundizan en la enfermedad y confían en que se curará solo. Muchas veces deriva en problemas más graves por un diágnostico incorrecto. No estoy de acuerdo en empastillar a la gente, pero tampoco en que el cuerpo humano por sí solo deba hacerlo todo.

En cuanto a la educación, merecería un artículo por separado, pero lo resumiré en que el maravilloso préstamo que ofrece el gobierno para estudiar, te convierte en un esclavo del estado hasta que lo devuelvas. Es prácticamente inviable devolver el préstamo con un sueldo que no sea del país.

Así que los que hacen esos estudios sobre el mejor país para vivir, que se vayan a vivir una temporadita a los países que incluyen en la lista.

De Rositas y Margaritas – Capítulo IV (Si cuela, cuela)

Dicen que Noruega tiene un índice muy alto de morosidad para ser un país en el que no hay mucha gente que pase apuros económicos y por eso son tan estrictos con las facturas, los plazos de pago y las multas por no pagar a tiempo.

Pero lo que nadie tiene en cuenta es el “pillaje” a la hora de cobrar cosas a la gente o de esos pequeños “descuidos” si no estás atento. Poco a poco mi mentalidad ha ido evolucionando desde que estoy aquí y he pasado a fijarme en absolutamente todo lo que me cobran, desde el ticket del super hasta las facturas de la luz.

Creo que todo empezó hace ya dos años, en un sitio bastante peculiar para ello, la recepción del gimnasio. En aquel entonces pagaba la cuota mensual en efectivo cada mes, que eran 430 coronas. Un día como cualquier otro, sin venir a cuento, llegué a la recepción, dije que iba a pagar el mes y la chica me dijo con una amplia sonrisa: “Son 465 coronas”. Un noruego de pura cepa, como ya comenté en un post anterior, no habría dicho ni mu, habría sacado la billetera y apoquinado como un campeón. Yo, inocente de mí, pregunté: “¿por qué?” Y ahí comenzó el primer quebradero de cabeza que hizo cambiar mi manera de ser para siempre.

La amable chica de la recepción revisó algo en el ordenador, aporreó el teclado, hizo dos o tres clicks y me dijo: “Ah, pues son 430”. Sonreí orgulloso de haberme salido con la mía. Pagué, imprimió un ticket y hasta más ver. Cuál fue mi sorpresa al mes siguiente cuando además del aviso normal del pago de la factura me llegó un aviso de impago de otra distinta con un recargo de regalo por no haber pagado a tiempo. Durante seis meses estuve yendo a pagar religiosamente la factura del mes en curso y a quejarme por recibir la de impago, que aumentaba al mismo tiempo que mi cabreo. Cuando ya me harté de ver que no solucionaban el problema y les amenacé conque me iba a borrar del gimnasio y me iría del país en breve, se avanzó un poco más. Tuve que ponerme en contacto con la agencia que estaba tramitando el impago de la factura y justificar con los tickets de todo el año que ya estaba pagada. Afortunadamente estaba guardando todos y la cosa quedó ahí. Pero me pregunto si debería haber pagado lo que me dijo para evitarme todo el jaleo. La respuesta es NO y desde entonces tengo una cruzada personal contra este tipo de cosas que me enervan a más no poder.

Otros ejemplos de este tipo son los vendedores que te ofrecen pastillas de Omega-3 para suplir la falta de luz durante el invierno, te dan una muestra y te cogen los datos. Al cabo de un par de meses te llegan a casa, dos botes de pastillas, una suscripción anual para recibir las pastillas en tu domicilio cada mes y una bonita factura por todo ello. Esto a mí no me ha pasado porque ya no doy mis datos ni aunque me prometan un contrato en propiedad de una casa firmado por un notario con sangre de unicornio.

Pero hay más. Sorpresas al llegar a hoteles por sobrecargos, en alquileres de coches, contratos de móvil… En el trabajo ya ni me meto. Cargos sin avisar aunque hubiese una propuesta firmada antes, trabajos a medio hacer, facturas sin recibir la mercancía.

Hay mil y una aventuras, y cada día, con solo salir a la calle y cuando menos te lo esperes, habrá una a la vuelta de cualquier esquina. No hay lugar para el aburrimiento en Noruega.

De Rositas y Margaritas – Capítulo III (Viajar es un placer)

Viajar con los noruegos es una cosa bastante curiosa. Yo creo que es uno de los países en los que la gente más viaja al extranjero, por la sencilla razón de que sale más barato ir de vacaciones fuera que quedarse en casa haciendo vida normal. Ojo que yo también sigo esa premisa, no reprocho nada a los noruegos por ello. El único problema es que para ellos las vacaciones empiezan en el momento de despegue del avión y ya en él comienzan a consumir importantes cantidades de alcohol y a armar una gresca increíble comparada con la que pueda montar un grupo de españoles borrachos, sumado a que suelen tener bastantes críos y viajar con ellos. Si además el vuelo es de Ryanair, ríete tú de los viajes en autobús de las películas de Paco Martínez Soria.

Pero no hay que ir fuera de Noruega o que estén borrachos para ver que algo raro pasa entre ellos y los medios de transporte. Un simple viaje en autobús o metro es una odisea. Normas tan básicas y de sentido común como decir perdón para pedir paso y poder salir, o esperar a que la gente salga del medio de transporte antes de intentar entrar, son sustituidas sistemáticamente por empujones sin sentido como si el simple hecho de entrar o salir fuese cuestión de vida o muerte.

Sí, también hay carteles con el mensaje “dejen salir antes de entrar“.

De verdad que a veces me hacen pensar que el resto de gente no les importa y pasan de interactuar o comunicarse con ellos.

De Rositas y Margaritas – Capítulo II (No destacar para triunfar)

Otra de las cualidades de este pueblo, la cual no sabría decir si es una fortaleza o una debilidad, es la timidez o el miedo a hacerse notar. Lo considero una ventaja en cuanto a que son gente humilde y sencilla, en su mayoría sin ningún tipo de malicia. Son capaces de creer que Elvis sigue vivo y está viviendo en tu casa si se lo dices mirando a los ojos y con la debida seriedad. Esto es algo que va cambiando poco a poco y hace que los noruegos sean más desconfiados que hace un tiempo atrás. Una lástima.

La desventaja es que esa timidez extrema deriva en problemas más serios.

El primero es no quejarse por nada. Si algo les desfavorece, es difícil que protesten o digan lo más mínimo para mostrar su desacuerdo. Un claro ejemplo es una imagen que jamás se me olvidará, en el autobús, cuando una persona quiso bajar en una parada pero el conductor no abrió la puerta. El tío simplemente se quedó quieto con mirada nerviosa y esperó a la siguiente parada para bajarse sin rechistar.

El problema más grave es el severo alcoholismo de los noruegos en general. Supuestamente, usamos el alcohol para desinhibirnos, pero los noruegos van aún más allá y hasta que no van a cuatro patas, no paran. Llegan a unos extremos realmente impresionantes y en muchas ocasiones, dan pena. Su manera de ser medianamente sociales con gente externa a su grupo de amigos, es beber como cosacos, pero por norma general, suelen pasarse de la raya.

Es una lástima que algo que simplemente podría ser humildad, haya derivado en una especie de pánico social que al final se ha vuelto contra ellos.

De Rositas y Margaritas – Capítulo I (El individualismo da lugar al pasotismo)

Estoy seguro que la característica que más influye en la forma de ser noruega es el individualismo. Es el punto que me parece más importante y que sin duda es, en su mayoría, el origen del resto de problématicas que contaré en la serie de postsDe Rositas y Margaritas“.

http://www.flickr.com/photos/mashafeeg/395458578/El noruego es un ser individual desde que su más tierna infancia. Se puede observar en el día a día, a los niños siendo muy independientes de sus padres. Sus progenitores dejan hacer lo que les da la real gana. Yo he llegado a ver a niños vestidos de domingo arrastrándose por jardines embarrados bajo la despreocupada y divertida mirada de sus padres. Un caso así en España se desarrollaría con la madre a grito pelado, en el que la frase “¡Me vas a desgraciar la ropa!” aparecería más de una vez. Así que los niños crecen endiosados, con una sensación de poder hacer lo que quieran sin que haya repercusiones. Sentimiento que aumenta cuando sus padres se acaban separando. Aquí la tasa de divorcio es bastante mayor que la de España por la gran independencia económica de los miembros de la pareja y sobre todo por ese individualismo casi innato.

Cuando el niño crece y va a la universidad, aún se desarraiga más de sus padres. El gobierno noruego proporciona créditos con muy bajos intereses, a pagar cuando empieces a trabajar, que ayudan a que te emancipes mientras estudias una carrera.

Total, que supongo que te conviertes en un ser al que no le afectan las cosas de tu entorno excesivamente, la gente de tu alrededor no es de interés para tí porque si hasta ahora no te han hecho falta, ¿por qué lo iban a ser en el futuro?

Ejemplos de esto mismo pueden verse todos los días. Como la gente que cruza la calle con auriculares a todo volumen sin mirar a los lados (no tiene por qué ser por un paso de peatones). Llegó a haber carteles del ayuntamiento de Oslo avisando que no era demasiado bueno para la salud.

Hay que ver lo a gusto que se queda uno ¿eh? 😀

Continuará…

De Rositas y Margaritas – Introducción

Como ya habrán notado los lectores más avezados, empieza a haber sequía de posts originales en el blog. Siguiendo la tónica general del planeta Tierra (que para eso somos ovejas y mucho nos ha costado llegar a lo que somos), qué mejor manera de entretenerse que ejercer el deporte nacional rompiendo fronteras, es decir criticar a otras personas. Así que durante una serie de breves artículos (no sé el número ni lo que pueden extenderse en el tiempo), iré despotricando de esta gente con la que convivo actualmente, los noruegos. No todo iba a ser irse de rositas como uno de los países más civilizados y donde mejor se vive del mundo.

Por lo tanto, con este post, inauguro una nueva sección llamada De Rositas y Margaritas, donde podré desahogarme de las pequeñas y grandes batallas con estos vikingos sin sangre en las venas.