Archivos de la categoría Bicicleta

Ruta en bici: Alexander Kiellands Plass – Sognsvann – Hammeren – Kikutstua – Finnerud – Sørkedalen – Bogstad

Para los que pensaban que no estaba haciendo nada en verano aparte de ir a correr para entrenar la maratón, les voy a dar una pequeña desilusión. A pesar de haber estado ya previamente en todos los puntos que marca la ruta, siempre se descubren nuevas rutas o cambios en los caminos que antes habían pasado desapercibidos.

Lago en Skjersjødammen

Salida de la presa de Skjersjødammen

A pesar de las fotos amenazantes de lluvia, solo hubo un corto perí­odo de tiempo en el que cayó la del pulpo Paul 😀 Por fortuna la ropa se secó al cabo de un rato por efecto del aire al ir en bicicleta.

En Kikut aprovechamos para comer y descansar, porque llegados a este punto, estábamos prácticamente en la mitad del recorrido completo de ese dí­a.

Nubes amenazantes en Kikutstua

Pequeño descanso cerca de Kikut

Después de algunos cambios de dirección no previstos aparecimos en Sørkedalen dispuestos a pedalear por carretera para volver a Oslo. Aunque no fuí­mos directos, hubo parada en Bogstad para disfrutar unos tímidos rayos de sol que hicieron aparición.

Campos en la zona de Sørkedalen

Parada técnica en Bogstad

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Ruta en bici: Uelands gate – Holmenkollen – Ullevålseter – Sognsvann

Et voilà! Este fue el estreno de mi bici nueva, una rutita por lugares desconocidos de los alrededores de Oslo, enlazando con un clásico como es el tridente FrognerseterenUllevålseterSognsvann. Estuvo muy bien el descubrir nuevas callejuelas de los barrios residenciales de Oslo, aunque implicase darnos una pequeña paliza extra.

A los pies del salto de Holmenkollen

En Frognerseteren, había una cantidad increíble de turistas y allí nos cayó el primer chaparrón del día. La verdad es que fue un día extraño, con lluvias esporádicas y sol intermitente.

Turistas desembarcando en Frognerseteren

Descansito en Ullevålseter

Toda la vuelta hasta casa era bajada a partir de ahí, así que lo disfrutamos como enanos. Lástima que la lluvia hiciese que llegásemos a casa un poco más marrones de lo normal 🙂

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Ruta en bici: Akersbakken – Frognerseteren – Storo

O traducido. Lo que hace la mala hostia de un martes a las 9 de la noche.

Velocidad

Velocidad máxima: 49 km/h
Velocidad media ascendiendo: 13.4 km/h
Velocidad media descendiendo: 29.7 km/h
Velocidad media en llano: 19.3 km/h
Velocidad media: 18.9 km/h

Tiempo

Fecha del track: 30.6.2009
Tiempo inicial: 21:28:05
Tiempo final: 23:07:56
Tiempo total del track: 1h 39m 51s
Tiempo ascendiendo: 51m 21s
Tiempo descendiendo: 25m 48s
Tiempo en llano: 22m 42s

Distancia

Distancia total en llano: 27.9 km
Distancia total real: 27.9 km
Distancia ascendiendo: 10.9 km
Distancia descendiendo: 12.3 km
Distancia en llano: 4.7 km

Elevación

Elevación mínima: 41 m.s.l.
Elevación máxima: 438 m.s.l.
Elevación media: 181.5 m.s.l.
Diferencia máxima: 397 m
Total ascenso: 549 m
Total descenso: 556 m

Gráfica elevación-tiempo

elevacion-tiempo

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Ruta en bici: Akersbakken – Bogstad – Sørkedalen – Kringla – Heggelia – Skansebakken – Bogstad – Ópera

Dispuesto siempre a aprovechar los fines de semana con buen tiempo, en esta ocasión tocaba otra ruta en bici por la zona oeste de Oslomarka que no conozco muy bien.

Salí de casa a eso de las 8:30 de la mañana en dirección a Bogstad y Sørkedalen. El plan inicial era ir lo más al oeste que pudiese, hasta un fiordo en el lí­mite del mapa que tengo. Anoté en el GPS un montón de waypoints de esa zona, pero ni en broma llegué hasta allá.

Lago y camping de Bogstad

Lago y campo de golf de Bogstad

No sé por qué, pero desde que salí­ por la mañana tení­a la impresión de que verí­a cosas curiosas, puede que paisajes bonitos o vete tú a saber. La primera sorpresa fue en la zona residencial de Sørkedalen, en la que uno de los jardines presentaba la estampa de la foto siguiente.

Helicóptero y vehí­culos

¿El jardí­n de Hannibal Smith?

No es solo el helicóptero en primer plano, sino los dos camiones militares y el vehículo semi-oruga al lado. No me quedé mucho más tiempo en el lugar por si acaso salía algún noruego rabioso por la ventana de la casa, disparando con una Kalashnikov a diestro y siniestro.

Continué mi camino, a veces llevando la bici en la mano. Porque guiándome por mi cada vez mejor explotada habilidad de perderme aunque los caminos estén perfectamente marcados, fuí­ por cuestas tanto de subida como de bajada en las que era imposible ir en bicicleta.

Lagos en Oslomarka

Impresionante vista, ¿eh?

Lagos en Oslomarka

Esta es para demostrar que estaba realmente allí­

Disfruté como un enano todo el camino, incluso estuve a punto de dejar la bici amarrada en una cuneta y hacer cumbre en Oppkuven, que ya casi podrí­a llamarse montaña con sus 704 metros. Pero no lo hice 😀

Lago con nubes

Este es el lago Kringla, donde empecé a plantearme volver a casa

Avancé hasta que estuve muy cansado. Pero sabiendo que después del esfuerzo de subir, ahora casi todo serí­a bajada. Y así­ fue. De nuevo me vino a la mente lo del casco, pero bueno, tampoco iba tan deprisa.

Desví­o a party

Que alguien adivine la dirección que tomé en este desví­o

Total, que me hice 76km de bici, algo que ni yo mismo pensaba que podrí­a hacer. Pero hay veces que ni nosotros mismos conocemos nuestros lí­mites…

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Ruta en bici: Akersbakken – Sagene – Grefsen – Grefsenkollen

La semana pasada me comentaron en la oficina que hay una carrera el 6 de junio en Oslo, en la que los participantes tienen que subir corriendo una colina de las afueras. Son solo 4,5 km, pero la cuestecita de marras se las debe traer. Mirando los precios de inscripción de la competición, veo que cuesta 250 coronas (casi 30 euros). Echando un vistazo triste a las telarañas de mi cartera, llego a la conclusión de no merecer la pena semejante despilfarro de dinero. Con eso me da como para tomar 4 cervezas noruegas. La vida es cuestión de prioridades.

Pero como me pica la curiosidad por ver sitios diferentes de Oslo, no pierdo la oportunidad de ir con la bici hasta la cima de la colina después del trabajo y disfrutar de las vistas. Al fin y al cabo, ya han pasado muchos meses desde aquella épica subida a Holmenkollen en la que casi dejo las tripas y el cuerpo necesita un pequeño sobre-esfuerzo de vez en cuando.

El cielo amenazaba lluvia durante todo el día, pero eso no iba a echarme atrás.

La subida empieza en el barrio de Grefsen, una zona residencial de Oslo que me gustó bastante. Es una lástima que esté tan lejos del centro, sino sería un sitio ideal para vivir.

Vista desde Grefsenkollen

Oslo visto desde Grefsenkollen

Es cierto que la subida es durísima, con un desnivel brutal y tramos en los que casi iba parado con la bici, pero no me pareció tan bestia la idea de hacerlo corriendo.

Una vez en la parte más alta y chorreando sudor hasta por las uñas, descansé admirando las vistas. Tengo que volver un día soleado porque tiene que ser impresionante la vista del fiordo.

Grefsenkollen desde Grefsen

Colina de Grefsenkollen

La bajada la disfruté como un enano. No me crucé ningún coche y en alguna recta llegué a 42km/h y eso que tenía el viento de cara. Por cierto, tengo que conseguirme un casco porque si algún día me caigo, me mato (mensaje para papá y mamá: exagero un poco para darle emoción a ésto :D)

Al llegar de nuevo a Grefsen tomé un camino distinto, al lado del río. Me encantó ese tramo, parecía que estaba a kilómetros de la civilización aun dentro de Oslo.

Río Akerselva

Aunque no lo parezca, este es el río de Oslo: Akerselva

No todo iba a salirme bien, porque poco antes de llegar a casa, empezó a llover como no está escrito. Consiguiendo de esta manera un nuevo e inseparable amigo para el fin de semana: el pañuelo moquero.

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Ruta en bici: Bjerregaards gate – Aker Brygge – Península de Bygdøy

Hay que seguir disfrutando del buen tiempo en Oslo, sobre todo ahora que todavía tenemos bastante luz. No sé qué tal llevaré el tema de pasarme todo el día en la oscuridad, pero no creo que sea muy distinto a cuando estuve en Bélgica; entraba y salía del trabajo siendo de noche y no veía la luz del sol excepto el fin de semana.

La zona que fuimos a visitar es la Península de Bygdøy, una de las zonas más caras de Oslo por estar en un lugar boscoso, cerca de las playas y donde vive la gente de dinero. De hecho por ahí­ vive la mayorí­a de personal diplomático de las embajadas. Además están también la mayorí­a de museos de la ciudad, entre ellos el vikingo, con barcos muy bien conservados.

Vista de Aker Brygge desde el puerto de Oslo

Bygdøynesveien

Pequeño parque al lado del Frammuseet

Parada del ferry que va a Oslo centro

Otra vez la misma parada pero desde otra perspectiva

Solo avanzamos hasta la mitad, donde comimos unos bocatas que supieron a gloria y aprovechamos los rayos de sol que no calientan casi nada. Otro dí­a intentaré ver el resto de la pení­nsula, donde están las playas y alguna otra cosa curiosa, pero me temo que hasta la primavera, se acabo el chollo.

Un pedazo de ferry saliendo del puerto

Puerto deportivo y el paseo al lado del mar

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Ruta mixta: Bjerregaards gate – Sognsvann – Holmenkollen

Salí por la mañana en dirección a Sognsvann de nuevo, aprovechando que hacía sol y estaba todo despejado. Pretendía subir hasta el lugar donde saqué las fotos del fiordo el fin de semana pasado aprovechando que hubiese menos neblina. No fuí capaz porque subí por otro lugar distinto y una vez arriba, todos los caminos a los que no había dado el sol, estaban con una capa de hielo curiosa. En la entrada del lago até la bici y me puse a andar por el lateral del lago que no había visto y luego hacia el sur, como volviendo a Oslo. Dí un rodeo bastante curioso a una central eléctrica enorme y volví al mismo lugar para recoger la bicicleta.

El suelo helado en los alrededores del lago

Isla en el lago Sognsvann

Durante el paseo a pie, fue donde más fotos saqué, no sé si porque andando es como mejor se aprecia el entorno, o porque realmente era la parte más bonita de la ruta. La verdad es que podía haberla hecho en bici, porque una vez pasada la primera parte más sombría, no había tanto hielo y se formó un carril de toda la gente que pasaba por allí, pero me alegro de haber estirado las piernas.

Nueva modalidad de volleyball: volley-nieve

Campos helados con un jinete

Cuando Sognsvann ya no pudo darme más, bajé de nuevo, intentando ir hacia el oeste, donde se encuentra Holmenkollen y su famoso salto de esquí. Aunque ya está en chasis, (lo están desmontando para construir uno nuevo) merece la pena subir por las vistas. El caso es que para llegar a Holmenkollen, no se puede recorrer ningún camino que no pierda altura, así que a bajar y luego a subir de nuevo. Lo malo fue que en el cruce para desviarse hacia allí, ponía 5km o así, y claro, yo todo machote me dije: 5km en bici no son nada, tardaré poquito. No tardé demasiado, pero eran 5km con una pendiente infernal, sobre todo para mí que no estoy acostumbrado a la bicicleta. Además con el frío que empezaba a hacer y yo sudando como un cerdo, parecía un búfalo con todo el vaho que me salía de la boca. La gente me miraba algo raro porque a estas alturas ya nadie sube en bicicleta y mucho menos tal y como iba yo, sin gorro, en pantalones vaqueros y una mochila de ir a la playa 😀

Vista de Oslo desde Holmenkollen, lástima de obras justo en la parte baja de la foto

Y eso fue todo ese día, que no es poco, sobre todo teniendo en cuenta que la noche anterior habíamos tenido fiesta de bienvenida/Halloween en casa y nos acostamos a las 5 de la mañana.

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