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Esquí alpino en Hemsedal

Hace un año que probé el esquí alpino por primera vez, como ya relaté en un post anterior. Fue en Lillehammer, una de las mejores pistas de Noruega, así que este año tocaba repetir en otra de las pistas más frecuentadas por los noruegos, en Hemsedal.

Lo primero que hicimos nada más empezar fue subir a lo más alto de las pistas para ver el panorama. No había ni una sola nube en el cielo así que el paisaje iba a merecer la pena.

No fuimos lo únicos en tener la idea de disfrutar de las vistas

Esto es lo que se podía ver desde lo alto

A continuación nos dedicamos a pasar el día subiendo y bajando como posesos, cada vez yendo a pistas de más nivel. Tengo que decir que las pistas verdes aquí podrían ser perfectamente rojas en España. Cuestiones de vivir en un país de nieve…

Los noruegos también disfrutaron de lo lindo de las buenas condiciones

Lo único malo que le vi a la estación, es que en ningún momento hay sol pegando directamente en la pista y con el vientecillo que se levantaba de vez en cuando, se echaba en falta.

Pero sabíamos que el sol estaba por ahí y siempre íbamos a buscarlo

Después de dos días esquiando tantas horas, he avanzado un montón en técnica y en quitar el miedo a las pendientes más bestias. Incluso me animé a dar un pequeño salto aunque ya podéis imaginaros el final.

Quizás la próxima vez no me pegue una piña tan grande. Todavía me pregunto por qué levanté el esquí izquierdo hasta más arriba de mi cabeza. Psé.

Más paisajes nevados, será por nieve…

Pensándomelo antes de tirarme por una pista roja con montón de hielo

Total, que me lo pasé como un enano y ya estamos planeando hacer otro fin de semana como este. Quizás volver a Lillehammer sea la mejor opción.

Ruta en barco: Longyearbyen – Pyramiden

Otra vez pongo track de una ruta un poco peculiar, esta vez un paseo en barco y con una pequeña caminata por una ciudad abandonada en el medio. Se me olvidó poner en marcha el track cuando salimos del puerto, así que falta un trozo al principio.

El día “amaneció” (recuerdo que el sol no se pone nunca en esas fechas) muy despejado, el mejor día de todos los que estuvimos en Svalbard. De todos modos, cuando nuestro barco, el Polargirl, salió del puerto de Longyearbyen, empezamos a notar la fría brisa marina y nos abrigamos debidamente.

Barco

Barquito más rápido que el nuestro que tardó muy poco en adelantarnos

El barco se adentró en la zona central de Spitsbergen, protegida del mar abierto como se puede ver en las fotos por la calma del agua. Fuimos en dirección norte hacia una zona bastante curiosa para avistar pájaros raros que son muy difíciles de ver.

Paisaje con olas

Vista general del fiordo en Spitsbergen

Barco varado

Un barco varado, a saber desde cuándo lleva ahí

Acto seguido pusimos rumbo a Pyramiden, la ciudad minera rusa abandonada, llamada así por la montaña con forma piramidal de donde se extraía el carbón hasta el año 1998.

Glaciar al fondo

Un glaciar enorme al fondo

Pyramiden

Llegando a Pyramiden, la ciudad rusa abandonada

Desembarcamos en el puerto y los guías nos dieron un pequeño paseo por las instalaciones. Tenían de todo: colegio, pista deportiva, sala de reuniones, cine, teatro… Los habitantes del lugar eran privilegiados porque ganaban más dinero y tenían mejores condiciones laborales que un trabajador en la Unión Soviética.

Guía vikingo

Tobias, nuestro guía vikingo

Cine en Pyramiden

Sala de cine abandonada en Pyramiden

Polideportivo Pyramiden

Pista abandonada en Pyramiden

Incluso  es muy curioso saber que al no haber tierra fértil donde cultivar en Svalbard, se trajeron toneladas de tierra desde Rusia para poder hacerlo.

Paralelo 79

Monumento en el paralelo 79

Durante la vuelta, comimos en el barco una parrillada de carne de reno que estaba riquísima y simplemente disfrutamos del paisaje durante todo el trayecto.

Cueva en glaciar

Cueva formada por el hielo desprendido del glaciar

Icebergs

Icebergs flotando alrededor del barco

Paisaje

Paisaje costero llegando a Longyearbyen

Paisaje con frío

De repente empezó a hacer un frío bastante considerable

Frailecillo despegando

Un frailecillo empezando a retomar el vuelo y mirad que le costó…

Y este es el último artículo sobre Svalbard. Si tengo la oportunidad de quedarme aquí algo más de tiempo, mi intención es volver el año que viene y pasar una semana recorriendo a pie la isla principal, en plan aventurero total: cargando todo el material para el hielo y la nieve, con guía armado y acampando dentro de un perímetro delimitado para que los osos no se acerquen. Estaría genial.

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