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Birkebeinerrennet 2015

Una de las cosas que siempre quise hacer en Noruega, fue tener el suficiente nivel de esquí de fondo para poder participar en una competición. Y no en una cualquiera, sino en la Birkebeinerrennet, la más popular del país.

Dicha carrera se viene celebrando desde 1932 y discurre entre las localidades de Rena y Lillehammer durante 54 kilómetros por una zona montañosa bastante extensa. Tiene su pequeña historia, que paso a contar ahora.

Los Birkebeiner eran una agrupación político-armada en Noruega que existieron desde finales del siglo XII a principios del XIII. Durante aquella época hubo bastantes confrontaciones por el trono de Noruega y cuenta la historia que dos guerreros del grupo consiguieron poner a salvo al heredero de su facción, que tenía alrededor de un año. Recorrieron la distancia entre Rena y Lillehammer cargando con el niño y evitando a sus enemigos para llegar a zona segura.

Birkebeinerne

Los guerreros cargando a la criatura

Como recuerdo de esta hazaña, la carrera tiene que hacerse con una mochila que pese como mínimo 3,5 kg en la salida y la llegada, simbolizando el peso del niño que cargaron los dos leales Birkebeiner. Además de la de esquí de fondo, también hay versión de bicicleta y carrera a pie en otras épocas del año. Incluso hay una versión de la misma que se hace en EEUU.

Yo llevaba ya un tiempo queriendo participar y entrenando para ello. A pesar de haber aprendido a esquiar hace tan solo 6 años cuando llegué a Noruega, ya tenía la confianza y el entrenamiento para hacer todos esos kilómetros. En 2013, me decidí a participar para la de 2014 (sí, hay que inscribirse un año antes y es muy difícil conseguir dorsal ya que las 16.000 plazas suelen terminarse en cuestión de segundos) pero el invierno tan escaso de nieve y no haber entrenado lo suficiente hizo que vendiese mi plaza. Con tan buena suerte que la competición se canceló el día antes por mal tiempo y no devolvieron lo pagado.

Hubo tal cabreo entre los participantes que muchos decidieron no apuntarse este año, por lo que “solo” fuimos unos 11.000, cifra que aun así no está nada mal.

Tengo que decir que participar en esta carrera no es barato, ya de por sí cuesta 1.300 NOK (algo más de 150 euros) y hay que añadir la licencia de la federación de esquí, transporte (y pernocta si hiciese falta), además del equipo. Una vez que empecé con esto, ya ni me molesté en mirar lo que costaba cada cosa que iba saliendo, así que yo pagaba sin mirar. Pero la satisfacción de haber participado en algo así… no se compra con dinero. O eso me digo yo para que la cartera no duela tanto 🙂

Durante todo el invierno estuve entrenando bastante, mezclando tiradas largas de esquí de fondo con entrenamiento en gimnasio. Noté bastante el tener las piernas más fuertes para mejorar la técnica y algunos días que tuve que salir a esquiar con principiantes, aproveché para no usar bastones que también viene bien. Haber aprendido a esquiar hace tan poco, significa que no tengo una técnica muy depurada, es decir, que prácticamente avanzo a base de cardio y fuerza bruta.

De todos modos, el final de temporada fue bastante escaso de nieve también y el fin de semana anterior a la carrera tuve que ir a una zona cercana a Lillehammer para hacer el último entreno. Una lástima que también llevase un catarrazo impresionante que hizo que tuviese que tomármelo con calma. Pero los paseos esquiando y la dieta de ajos crudos, me libraron de lo peor del resfriado en un santiamén. Todavía el día de la competición tenía algún que otro síntoma, pero nada comparado a como estaba la semana anterior.

Mi plan para ir y volver era alquilar un coche, madrugar y que un amigo me llevase a Rena y me fuese a recoger a la meta. ¡Gracias, David! La salida era por oleadas de unos cientos de personas. Yo estaba en la 24 al no tener marca de otros años, así que empezaría tarde y no tendría que madrugar en exceso aunque el trayecto desde Oslo fuesen algo más de dos horas.

En el coche camino a Rena

Ya en Rena, recogí el dorsal y empecé a preparar todo el equipo. Parece que llevar 3,5 kg en la mochila que vayan a permanecer todo el tiempo es fácil, pero no lo es tanto. El día anterior estuve haciendo la mochila y aunque había bastantes cosas que la organización proponía como obligatorias (ropa de abrigo, comida extra…) no era suficiente para llegar a ese peso. Así que para asegurarme que no había problemas, metí un paquete de lentejas, que es bastante compacto y me daba ese extra de peso necesario. Vaya viajecito que se pegaron las amigas, pero se dio buena cuenta de ellas unos días más tarde. Tuvieron un final feliz.

Preparado para la carrera

Listo para ir a por el autobús

Desde el pabellón de recogida de dorsales, salía un autobús que te llevaba hasta la zona de salida. Puse cera a los esquíes, me despedí de David y puse rumbo a la aventura.

Una vez arriba, había ambiente pero no tanto. Ya dije que iba en una de las últimas oleadas, por lo que la mayoría de gente animando ya se había ido. Imaginad el ritmo de salida de gente y la cantidad tan enorme de participantes con la que pongo aquí abajo.

Esta sería la oleada número 20, en total son unas 30

La carrera en sí tiene bastante desnivel acumulado, pero la primera parte es si cabe más dura ya que es donde se empieza a ascender bastante. Hay que ser muy conservador ya que si lo das todo ahí, puedes quedarte sin energía más adelante.

Perfil Birkebeinerrennet ski

El perfil de la carrera en digital

Casi el primer tercio es de subida constante, que hace que se tenga que ser muy inteligente administrando las fuerzas. Además viene el añadido de haber escogido la cera correcta para los esquíes, ya que podría deslizar demasiado.

Afortunadamente tuvimos suerte y el día anterior nevó muchísimo por lo que la nieve era fresca. Las temperaturas se mantuvieron bajas. Las condiciones eran las mejores imaginables, porque había que sumar que los cielos estaban totalmente despejados. Fue muy afortunado poder participar en la carrera con unas condiciones tan buenas, algunos decían que las mejores en los últimos 20 años. Pero sigo con la carrera en sí.

Toda la parte inicial de subida me fue bien aunque tuve que añadir algo más de cera porque resbalaba un poco. Me encontraba cómodo con los esquíes y se notaba que no estaba en el grupo que me correspondía porque me pasé todo ese tiempo adelantando gente. Tampoco me importó mucho porque había unos seis carriles y no eran realmente un estorbo.

Al llegar a Dambua ya se podía decir que lo peor había pasado. Aunque hubiese que subir todavía un par de repechos, no era nada comparado con lo anterior. La tendencia ahora era ir llano o bajar en su mayoría.

En las bajadas tengo que agradecer a otro amigo que un par de días antes echásemos cera deslizante a los esquíes. ¡Gracias Javi! Volaba durante las eternas bajadas en las que ni te molestabas en frenar. Permanecías dentro de tu carril y simplemente te dejabas llevar. Mi reloj llegó a marcar como velocidad máxima unos 45 km/h. Algo que no me gustó es  lo cerda que es la gente. Casi todo el mundo llevaba geles para ir tomando por el camino y en algunos tramos era asqueroso ver todo lleno de desperdicios. Se le añade el riesgo de que te topases con uno dentro de la huella del esquí cuando bajabas a gran velocidad y te jugases el tipo, como me pasó a mí. Afortunadamente tuve buenos reflejos y no caí.

Llegando a Sjusjøen, el ambiente aumentó. Todo el mundo animaba como locos y descubrí que era porque llevaban todo el día al sol, tomando cervezas y otros licores. Increíble que incluso se emborrachen para estas cosas. Desde el lado del participante, se agradeció que estuviesen animados, quizás a ratos en exceso. Pero es la primera vez que veo a noruegos animando a participantes con tantas ganas en una competición.

En ese punto, ya estaba bastante cansado. No era un cansancio de no poder más, sino de estar un poco aburrido de tanto darle al esquí y los bastones. No me imagino hacer esto mismo con unas condiciones meteorológicas peores, tiene que machacar bastante anímicamente.

Desde Sjusjøen, ya sí que era todo bajada, aunque una bajada muy perversa por estrecharse el camino, ser muy fuerte y haber un montón de curvas. De hecho el camino estaba tan mal que ya no había huella de los esquíes y todo el mundo bajaba haciendo la cuña, por lo que la pista se había convertido en una trampa de hielo. Yo me lo tomé con calma y me alegro de haber reservado bastante. Llegar a un sitio de una pendiente tan acusada después de más de 40 kilómetros y tener que hacer un esfuerzo extra para frenar, habría terminado por derrotarme o en la cuneta. De todos modos vi a mucha gente tirada por los suelos con señales de haberse hecho bastante daño. Un punto para la organización es que ya conocían que esa zona era conflictiva y tenían un buen dispositivo montado para recoger los despojos de los participantes 🙂

Yo seguí disfrutando de los últimos momentos de la carrera, de lo bien que me encontraba físicamente y de saber que iba a llegar muy por debajo de mi objetivo de 6 horas. Al final serían 5h39m, nada mal para ser mi primera competición de este tipo.

Diploma Birkebeinerrennet 2015

Diploma por haber terminado la competición

La gente de marathon-photos nos sacó fotos durante la carrera que luego venden a precio de sangre de unicornio aunque sean terriblemente malas.

También hay cuatro vídeos de distintos puntos de la carrera, entre ellos la llegada a meta. Soy uno de los que va de azul, a ver si me encontráis.

En resumen, muy contento con el resultado y cómo se comportó mi cuerpo. Como siempre todo conseguido gracias a los consejos de Juan Carlos (Twitter y Facebook), ya que sin él sería todo mucho más complicado.

Estadísticas de la carrera

Skjeggedal – Trolltunga

Durante el verano pasado estuvimos en una boda de un amigo en Stavanger y aprovechando que era verano y todavía me quedaba por visitar otra de las maravillas naturales de Noruega como es Trolltunga, planeamos la excursión a dicho lugar. No era la primera vez que había intentado ir allí, pero la vez anterior no había planificado bien el tiempo e íbamos muy justos, así que tuvimos que descartarlo para hacer cosas similares. Esta vez había tiempo de sobra y era nuestro único objetivo, así que podíamos tomárnoslo con calma.

El objetivo inicial era aproximarnos a Skjeggedal por la tarde, acampar allí y al día siguiente hacer la excursión madrugando debidamente. El problema fue que al llegar a Skjeggedal, nos dijeron que no estaba permitido acampar, así que hubo que variar el plan para hacer la primera parte de la ascensión (la más dura) ya muy tarde pero todavía con luz. Lo bueno del verano en Noruega es que hay muchas más horas de luz. Pero no quitaba para tener que hacer una ascensión de casi 700 metros cargados con todas las cosas que teníamos pensado haber dejado abajo.

Una vez elegido el sitio en un lugar más o menos llano, empezamos a montar la tienda deprisa y corriendo ya que la luz se empezaba a ir. De otras experiencias con la tienda en Noruega ya sabía que lo principal era que no se colasen los mosquitos, sobre todo sin luz para luego poder cazarlos dentro.

Campamento

 Foto de la mañana siguiente de cómo quedó la tienda

Aproximadamente a las 23.30 ya había anochecido pero nosotros estábamos guarecidos en la tienda comiendo la cena, pero nos faltaba agua. A pesar de estar oscurísimo y solo disponer de una pequeña linterna en mi llavero, salí al encuentro de agua corriente. En este país no es muy complicado encontrarla así que tenía la esperanza de no estar mucho tiempo de paseo nocturno. Guiándome por el oído me acerqué hasta un riachuelo y cargué todas las botellas que llevaba.

Después de una noche de plácido sueño y algún que otro ronquido, nos levantamos pronto para aprovechar el día. Todavía estaba amaneciendo y nuestra tienda estaba en sombra así que el frescor se hacía notar. La ventaja de habernos quitado de encima esa primera parte y caminar sin apenas carga se agradeció durante la jornada. El comienzo de la ruta discurre por una canal sombría que poco a poco fue llenándose de los primeros rayos de sol y dejándonos una vista espectacular del valle donde teníamos nuestra tienda.

Subida a Trolltunga

Cuesta y valle donde plantamos la tienda

Tras el primer escollo, prácticamente se camina en llano, al borde de las altas paredes que encierran al lago Ringedalsvatnet. Ese largo paseo hasta Trolltunga está lleno de paisajes espectaculares mires donde mires y como puede apreciarse en las fotos, el tiempo acompañó.

Vistas del lago

 Primeras vistas de Ringedalsvatnet

Aún estando en agosto, es complicado tener días tan buenos como el que tuvimos, se puede decir que fuimos afortunados.

Trolltunga

Buen tiempo + buenas vistas = gran foto

Además durante todo el paseo, cargamos con un tupper lleno de muffins de la boda del amigo que contaba al principio. Dimos buena cuenta de ellos cerca de la roca después de los bocadillos que nos metimos entre pecho y espalda.

Muffins en Trolltunga

La prueba de que cargamos con los muffins

Para el camino de retorno, lo hicimos exactamente por el mismo lugar, disfrutando nuevamente de las vistas aunque con un poco de miedo por las nubes que comenzaban a aparecer.

Camino de regreso

Camino de vuelta hacia la tienda

 

Lago con nubes

 Riachuelo desembocando en el lago

En uno de los numerosos ríos y lagos del camino, nos dimos un bien merecido baño. A tiempo porque después las nubes cubrieron todo e incluso llovió brevemente. Así es el clima en Noruega, impredecible.

Secando toalla

Secando la toalla después del baño

Una vez en la tienda y tras descansar un rato, desmontamos todo y descendimos hasta el coche bastante penosamente. Prácticamente caminamos durante todo el día y tener que portear la tienda al final de la jornada se hizo muy pesado.

Descenso cargados

Cargando la tienda y demás cosas en la bajada hasta el coche

Otra marca más que pongo en mi lista de cosas pendientes por hacer en Noruega. Cada vez quedan menos.

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Ivar Formos Minneløp

No pude controlarme y me apunté a una última carrera que se disputarí­a el 20 de octubre, la Ivar Formos Minneløp. Está organizada por el equipo de esquí­ de Lyn en memoria del esquiador/corredor noruego Ivar Formo que falleció en 2006 al tratar de cruzar un lago helado y caer al agua.

La carrera discurre por un circuito de unos 16km en las proximidades del lago Sognsvann en Oslo. Se suben tres colinas (Vettakollen, Frønsvollen y Skjennungen) para descender hasta la cabaña Ullevålseter y recorrer la orilla de un par de lagos.

Al ser la primera edición del memorial, únicamente se apuntó la gente más metida en el mundillo de las carreras populares y los propios atletas del club, así­ que el nivel era altí­simo. Pero eso a mí­ no me importaba, habí­a ido a pasarlo bien, no a ganar.

En esa época del año, las probabilidades de que te toque un dí­a de mal tiempo son bastante altas, pero hay que añadir que ya empieza a hacer bastante frí­o y hay muchas menos horas de luz. Lo peor no es que te toque un dí­a malo, sino que además llueva durante una semana seguida sin parar y el camino se convierta en una trampa de piedras resbaladizas y barro. Mi intención era usar unas zapatillas de asfalto que tengo más que probadas pero a última hora me puse unas bastante ligeras de trekking que quizás agarrasen mejor al terreno. La elección no importaba, realmente se resbalaba lo mismo, únicamente unas zapatillas con clavos en las suelas habrí­an marcado la diferencia.

El comienzo es bastante duro ya que hay que salvar un gran desnivel hasta Vettakollen, desde donde hay unas vistas increí­bles de todo Oslo.

Llegada a Vettakollen

Habí­a que sonreí­r para la foto

A esas alturas de carrera ya estaba empapado a más no poder y el grueso de los corredores ya se habí­a alejado bastante de mí­. Me tomé el resto con bastante calma porque toda esa zona era un barrizal tremendo en el que la tendencia era a subir, pero también habí­a alguna que otra bajada traidora. Durante todo el tramo hasta llegar a Skjennungstua solo me caí­ una vez y me di un golpe en la cadera que me hizo ver las estrellas. Siempre era más seguro correr por encima del barro aunque se corrí­a el riesgo de perder alguna zapatilla al hundirte hasta por encima del tobillo.

Después del avituallamiento en Skjennungstua, el camino cambia a una pista para coches muy amplia y regular que va a dar a Ullevålseter. Es una bajada bastante fuerte pero muy cómoda, viniendo del terreno donde habí­amos estado… Ahí­ mejore el ritmo y pude adelantar a unos cuantos corredores, pero al llegar al cruce de Ullevålseter, de nuevo nos adentramos en el bosque por un camino estrecho y embarrado.

Cabe destacar una zona que yo no conocí­a cerca de la presa del lago Aklungen y me pareció muy bonita. El próximo verano iré para sacar unas cuantas fotos de la misma. Era un bosquecillo muy verde con cierta neblina que le daba un aire de paraje encantado.

La llegada a meta fue sin emoción, era el 150 de los 163 hombres que participamos así­ que puede considerarse que llegué de los últimos. El tiempo tampoco ayudaba a querer quedarse por allí­, ya que lloví­a a mares. Nos dieron el avituallamiento con unas cuantas galletas y refrescos, y marché directo a casa para darme una ducha.

Aunque el recorrido me gustó, pienso que la carrera era demasiado técnica para el nivel que tengo en ese tipo de terrenos, más el añaadido del mal tiempo y el barro, fue una mezcla explosiva.

Estadísticas de la carrera

Oslo Maraton 2012

Por tercer año consecutivo participé en la maratón de Oslo. Parece que fue ayer cuando crucé la meta por primera vez, aunque ya fuese hace dos ediciones. Muchísimas cosas han cambiado desde entonces tanto en el plano personal como en el deportivo. Pero como este post va de la maratón, me centraré en el segundo aspecto 🙂

El año pasado terminé la carrera bastante al límite y me hizo plantearme bastantes cosas. En un primer momento la idea era no volver a correr después de demostrarme que lo podía hacer mejor, pero solo lo hice mejor física y no mentalmente. Me parece que he descubierto que el punto fuerte de un corredor (ampliable a muchos otros deportes y disciplinas) no es la habilidad física sino la mental. He visto que la manera de superarse es mantener siempre el control de lo que se hace y conocer muy bien tu propio cuerpo. Por eso este año decidí participar en más carreras y entrenar aún más, para conocer mejor mi capacidad física y saber en cada momento lo que hacer. Me he vuelto más conservador en competición y suelo ir por debajo del ritmo de carrera hasta superar los puntos críticos y entonces ya me permito ir más forzado. Tal vez no sea la manera óptima de enfrentarse a las carreras, pero a mí me funciona y me hace sentir bien al llegar a meta. El siguiente punto a cambiar será ese, ser más constante durante la carrera y no tener altibajos. Pero hablemos de la carrera en sí.

Como novedad de este año, la carrera se celebró en sábado y para todas las distancias (niños, 3K, 10K, media maratón y maratón), cuando en ediciones anteriores se repartieron entre sábado y domingo. Tuve la impresión que al ser sábado había más gente animando por las calles a pesar del mal tiempo y el frío. Varios amigos y conocidos corrieron en otras distancias, y uno de ellos participó conmigo en la maratón.

Desde el pistoletazo de salida me tomé la carrera con bastante calma, dispuesto a disfrutar al máximo de la que ya puedo considerar mi prueba reina. En esta ocasión quise probar una nueva técnica de carrera con la que ya llevaba unas cuantas semanas jugueteando. Se trata de ajustar el ritmo a unos 180 pasos por minuto, ya que te fuerza a dar zancadas más cortas y procurar caer con la parte delantera de la planta del pie. La teoría dice que al impactar sobre ese lugar en vez del talón, las articulaciones sufren mucho menos puesto que la rodilla no está bloqueada. Tiene bastante lógica y el simple hecho de ir a más pasos por minuto ya me había demostrado que te permite ir a la misma velocidad con pulsaciones un poco más bajas. Es posible que fuese un poco pronto para probar esto porque la musculatura de la pierna necesita ajustarse, pero no podía aguantarme las ganas de ver si funcionaba.

Poco a poco íbamos comiendo kilómetro tras kilómetro y aun así veía un poco lejos mi objetivo de completar la carrera en 3h30m. En esta ocasión no quise forzar hasta no estar seguro de que iba a ser capaz de terminar la carrera sin morir en el intento. Durante la primera vuelta fui conservador y estuve un poco por encima de los 5 min/km que me permitirían acabar en 3h30m. Me dediqué a disfrutar del ambiente, de la compañía y a pensar en cómo afrontaría la segunda vuelta para no darme de bruces con el temido “muro”. Aproximadamente en el kilómetro 27, me separé de mi compañero y tuve que afrontar el resto solo. Me vino muy bien correr con él porque me sirvió de referencia para no ir demasiado acelerado y porque siempre es más entretenido hacer kilómetros con buena compañía.

Tal y como ya dije anteriormente, la meteorología no fue la mejor ya que la temperatura era bastante baja, llovía a ratos y en las zonas más descubiertas el viento te helaba y te hacía perder ritmo. Concretamente el área en construcción más al Este de la Ópera de Oslo se hací­a un suplicio. A esa altura más o menos, habiendo superado el kilómetro 32, decidí­ que ya era momento de apretar e intentar alcanzar la marca objetivo. Toda esa distancia final la recorrí­ a una media de 4m30s por kilómetro, con las pulsaciones disparadas pero con suficientes reservas como para permitirme el lujo. De nuevo estaba en mi salsa, adelantando corredores que no podí­an hacer mucho más esfuerzo y me miraban pasar preguntándose si estaba en la misma competición que ellos.

Obras en Ópera de Oslo

Zona en obras cerca de la Ópera de Oslo

Sin duda me divertí­ en esa parte final, siempre lo hago cuando sé que voy a terminar una carrera en el tiempo previsto. Por lo que la última parte en la que se recorre una de las zonas empedradas de Karl Johans gate y luego hay una cuesta que parece puesta a mala leche, me sentí­ ligero como una gacela.

Fue en la llegada a meta donde más se notó el cambio de fecha y sobre todo, el estar en una zona más céntrica. A pesar del tiempo tan inestable, mucha gente se acercó para curiosear por la zona, eso sí­, cada cual animaba a sus conocidos. Ya considerándome veterano de esta carrera, puedo decir que lo más destacado es el público tan soso de Oslo.

Por terminar la carrera nos dieron una medalla que ha pasado a estar colgada en mi habitación junto al resto. Ya empiezo a amontonar bastantes… Con anterioridad también nos dieron una camiseta, una cinta para la frente y un montón de panfletos de publicidad y otras cosas inútiles.

Un gran fallo que cometió la organización fue el sistema que tenían para recoger las mochilas que los corredores habí­amos dejado con la ropa de repuesto. No dejaban pasar dentro de la carpa a más de 3 ó 4 personas a la vez con lo que se formó una cola impresionante y al aire libre. Hací­a muchí­simo frí­o y estaba lloviendo. Todo el mundo sabe que no es lo mejor para después de terminar una maratón. Espero que en la siguiente edición tengan en cuenta esto y lo solventen de alguna manera.

Resultado final: 3h37m. Muy cerca de mi objetivo y contento de haber dado por terminada esta temporada con la última carrera del año. Aunque… tal vez una más…

Estadí­sticas de la carrera

Laponia: entrada navideña

No puedo perder la ocasión de mostraros un remake de todo un clásico que muchos recordaréis de esta antigua entrada.

Laponia es una región geográfica que comprende partes de Noruega, Finlandia, Rusia y Suecia, por eso me extraña que en el vídeo se diga lo que se diga de Noruega si forma parte de ella, tal vez por mantener cosas del vídeo antiguo. Y sí, lo voy a volver a poner.

Dovrefjell: Åmotdalshytta – Snøheim

Como punto final de esta excursión, decidimos volver por una ruta distinta a la de la ida, sin tener que encumbrar de nuevo el Snøhetta. Tampoco hubiese servido de mucho subir hasta allí porque no habrí­amos visto absolutamente nada. El dí­a se levantó con una niebla espesa y bastante cerrada que te impedí­a ver más allá de cien metros. Mientras pudiésemos ver las marcas rojas de la DNT, era más que suficiente.

Esta es la vista que se nos ofrecí­a

Tuvimos que dedicarnos a tomar fotos de planos cortos

El camino no discurrí­a por puntos por los que ya hubiésemos estado antes y de haber tenido visibilidad, seguro que habrí­amos tenido unas vistas bastante buenas, pero menos daba una piedra. Así­ con todo pudimos ver algunas zonas con pequeños lagos, rí­os de deshielo y grandes neveros.

La visibilidad era malí­sima en algunos puntos

Gran parte de la ruta es un continuo sube y baja que se hací­a algo pesado por no saber cuándo terminaba, pero al llegar a una zona donde parecí­a que todo comenzaba a ser cuesta abajo, ya nos hicimos a la idea que iba a ser coser y cantar.

Por ahí­ arriba debe estar la subida al Snøhetta

Un pequeño lago en el que el nevero tení­a una forma peculiar

El agua de los lagos era calmada y cristalina

Las zonas de nieve hací­an que todo fuese de color blanco

Pequeño puente por encima del rí­o

Algunos pasos por encima del rí­o como el anterior tení­an un cierto grado de peligrosidad, porque parecí­a que la nieve podí­a venirse abajo, pero eran grandes bloques muy difí­ciles de deshacer.

A ésto me refiero con lo de que era arriesgado

Un trecho en llano más tarde, llegábamos a la cabaña que todaví­a estaba en construcción (Snøheim) desde donde empezamos un par de dí­as antes. Tuvimos que esperar un buen rato hasta que llegó el autobús bajo una fina lluvia que lo empapaba todo, pero hicimos tiempo comiendo debidamente lo último que nos quedaba, para no llevar peso innecesario.

La estancia en Dovrefjell me resultó distinta a lo que estoy acostumbrado, pues siguen sin llamarme la atención esos grandes espacios abiertos de vegetación amarronada y valles repletos de agua hasta el punto de convertirse en marismas. La sensación de humedad era un poco desagradable. Algo que me gustó fue la libertad que te da una tienda de campaña para pasar la noche a pesar de tener que cargar con ella. En esta ocasión llevamos una para cuatro personas, así­ que siendo dos estábamos sobrados de espacio.

Me quedo con ganas de conocer más parques de Noruega, dicen que Rondane está también muy bien, pero no sé… la alta montaña escandinava no me convence 🙂

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