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Triple Circuito al Monte Buciero 2012

Durante los días que estuve de vacaciones en Santander este verano, no pude evitar apuntarme a una carrera de la que tengo conocimiento desde hace tiempo. Se trata del Triple Circuito al Monte Buciero, organizado por la Asociación Espeleo-Montañera Trasmiera. Es un triatlón que rodea el Monte Buciero en tres disciplinas distintas; piragua, bicicleta y carrera a pie. Es posible participar en la categoría individual y hacer las tres pruebas, o en la de por equipos, que es lo que yo hice ya que solo corrí. La organización se encargó de formar grupos para la gente que iba sola como yo, con el riesgo de no hacer coincidir a gente del mismo nivel, pero al fin y al cabo, todos íbamos a pasarlo bien.

La noche anterior dormí en Santoña para evitar tener que darme un madrugón porque aunque yo seguramente no iba a correr hasta el mediodía, tenía que recoger el dorsal e ir esperando a mis compañeros. No tuve ocasión de conocerlos hasta prácticamente después de la carrera y no tenía ni idea de si serían muy buenos o no. La respuesta llegó al ir notificando la organización quienes iban los primeros en los puestos de control. Mi piragüista iba el segundo y sacando bastante ventaja a los siguientes. Para mí­ era toda una ventaja pero también una responsabilidad, solo esperaba que el ciclista no fuese tan bueno como el primer participante para no ser yo el que quedase mal. Resultó que el ciclista también hizo un tiempo muy bueno y solo perdió una posición. Así­ que me vi con la responsabilidad de no dejarme pasar por mucha gente.

Hablando con mi piragüista, Alfonso

Salida tras el relevo de bicicleta

El punto de salida estaba en la playa de Berria y como primer tramo habí­a que ir hasta Santoña a la zona de comienzo del camino PR que da la vuelta al monte. Hasta aquí­ todo es llano y sirve como calentamiento para lo que se avecina. Yo habí­a hecho el recorrido hace unos cuantos años pero ya no recordaba prácticamente nada sobre la pendiente o el estado del camino, en mi mente solo estaban las escaleras del Faro del Caballo que habí­a que bajar y subir. Llegué a esa parte con los cuádriceps bastante cargados porque intenté llevar un ritmo alto a pesar de ser todo subida y lo noté en el descenso de las escaleras porque las piernas no me respondí­an como yo quisiera. Opté por ser conservador y no pegarme una torta bajando, ya recuperarí­a en la subida. En ese tramo fue donde me adelantaron un par de corredores que se notaba que habí­an entrenado la zona muy bien. Al volver arriba pude pasar a uno de los corredores y terminar decentemente las escaleras con un tiempo de 12’08”.

Bajando las escaleras del Faro del Caballo

Los 682 peldaños de bajada y otros tantos de subida me dejaron muy tocado y tardé bastante en recuperarme. Me amoldé a la velocidad del corredor que iba delante mí­o, que descubrí­ que era el primer clasificado de la prueba individual. ¡El tí­o estaba corriendo al mismo ritmo que yo después de haber dado la vuelta al monte en piragua y en bicicleta! Me mantuve detrás suyo por toda la bajada del monte, que es muy técnica y en la que tampoco querí­a arriesgar a caerme por ir con las piernas demasiado cansadas. La gente que nos cruzábamos nos animaba diciendo que los siguientes estaban a poca distancia de nosotros, pero ya bastante me costaba mantener esa velocidad como para apretar y alcanzar a nadie.

En el último tramo de bajada por la zona trasera y lateral del penal del Dueso, aproveché para ir un poco más rápido y dejé atrás al otro corredor. La parte final discurre por la arena de la playa, que en su parte seca era una tortura para correr y precisamente la meta estaba en lo alto de una pequeña duna que acababa en pendiente y hací­a que te acordases del que la puso ahí­.

Llegada a meta con bastante cansancio

Mi tiempo total fue de 1h 15m 45s y mi grupo quedó el quinto en la clasificación general, así­ que no lo hice ni tan mal teniendo en cuenta que no sabí­a a qué me enfrentaba. Después del avituallamiento, el reparto de camisetas y los premios, la organización habí­a preparado una marmite, tí­pico plato marinero de patatas con bonito, que hizo las delicias de los asistentes. Nosotros además nos preparamos una paella en toda regla, para no quedarnos con hambre 😀

Paella para acompañar al marmite 🙂

En este post quiero agradecer a mis compañeros de equipo Alfonso y Francisco por permitirme salir en tan buena posición, a Sergio por currarse la paella, a David y Paco por la logí­stica y las fotos, y en definitiva, a todos aquellos que vinieron a pasar el dí­a conmigo.

Estadí­sticas de la carrera

Ruta en bici: Alexander Kiellands Plass – Sognsvann – Hammeren – Kikutstua – Finnerud – Sørkedalen – Bogstad

Para los que pensaban que no estaba haciendo nada en verano aparte de ir a correr para entrenar la maratón, les voy a dar una pequeña desilusión. A pesar de haber estado ya previamente en todos los puntos que marca la ruta, siempre se descubren nuevas rutas o cambios en los caminos que antes habían pasado desapercibidos.

Lago en Skjersjødammen

Salida de la presa de Skjersjødammen

A pesar de las fotos amenazantes de lluvia, solo hubo un corto perí­odo de tiempo en el que cayó la del pulpo Paul 😀 Por fortuna la ropa se secó al cabo de un rato por efecto del aire al ir en bicicleta.

En Kikut aprovechamos para comer y descansar, porque llegados a este punto, estábamos prácticamente en la mitad del recorrido completo de ese dí­a.

Nubes amenazantes en Kikutstua

Pequeño descanso cerca de Kikut

Después de algunos cambios de dirección no previstos aparecimos en Sørkedalen dispuestos a pedalear por carretera para volver a Oslo. Aunque no fuí­mos directos, hubo parada en Bogstad para disfrutar unos tímidos rayos de sol que hicieron aparición.

Campos en la zona de Sørkedalen

Parada técnica en Bogstad

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Ruta en bici: Akersbakken – Bogstad – Sørkedalen – Kringla – Heggelia – Skansebakken – Bogstad – Ópera

Dispuesto siempre a aprovechar los fines de semana con buen tiempo, en esta ocasión tocaba otra ruta en bici por la zona oeste de Oslomarka que no conozco muy bien.

Salí de casa a eso de las 8:30 de la mañana en dirección a Bogstad y Sørkedalen. El plan inicial era ir lo más al oeste que pudiese, hasta un fiordo en el lí­mite del mapa que tengo. Anoté en el GPS un montón de waypoints de esa zona, pero ni en broma llegué hasta allá.

Lago y camping de Bogstad

Lago y campo de golf de Bogstad

No sé por qué, pero desde que salí­ por la mañana tení­a la impresión de que verí­a cosas curiosas, puede que paisajes bonitos o vete tú a saber. La primera sorpresa fue en la zona residencial de Sørkedalen, en la que uno de los jardines presentaba la estampa de la foto siguiente.

Helicóptero y vehí­culos

¿El jardí­n de Hannibal Smith?

No es solo el helicóptero en primer plano, sino los dos camiones militares y el vehículo semi-oruga al lado. No me quedé mucho más tiempo en el lugar por si acaso salía algún noruego rabioso por la ventana de la casa, disparando con una Kalashnikov a diestro y siniestro.

Continué mi camino, a veces llevando la bici en la mano. Porque guiándome por mi cada vez mejor explotada habilidad de perderme aunque los caminos estén perfectamente marcados, fuí­ por cuestas tanto de subida como de bajada en las que era imposible ir en bicicleta.

Lagos en Oslomarka

Impresionante vista, ¿eh?

Lagos en Oslomarka

Esta es para demostrar que estaba realmente allí­

Disfruté como un enano todo el camino, incluso estuve a punto de dejar la bici amarrada en una cuneta y hacer cumbre en Oppkuven, que ya casi podrí­a llamarse montaña con sus 704 metros. Pero no lo hice 😀

Lago con nubes

Este es el lago Kringla, donde empecé a plantearme volver a casa

Avancé hasta que estuve muy cansado. Pero sabiendo que después del esfuerzo de subir, ahora casi todo serí­a bajada. Y así­ fue. De nuevo me vino a la mente lo del casco, pero bueno, tampoco iba tan deprisa.

Desví­o a party

Que alguien adivine la dirección que tomé en este desví­o

Total, que me hice 76km de bici, algo que ni yo mismo pensaba que podrí­a hacer. Pero hay veces que ni nosotros mismos conocemos nuestros lí­mites…

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Puesta al día

Hace unas cuantas semanas que no escribo frecuentemente. Aunque he publicado un post deprisa y corriendo para no dejar esto abandonado del todo, el listón ha bajado bastante. Esta vez tengo excusa, así que aprovecho para contar por encima lo que ha pasado en este tiempo.

Justo al acabar el fin de semana en el que me visitaron los becarios de Informática de varias ciudades y fuimos a hacer esquí alpino a Lillehammer, me empecé a encontrar mal. Fui empeorando cada vez más, hasta que después de una noche horrible con más de 40 de fiebre, fui al médico y estuve 10 días drogado a base de tortillas de antibióticos y paracetamol. Primer premio: infección bacteriana en las amígdalas. Anginas.

No sé dónde lo pillaría, pero haber estado la semana anterior con un amago de gripe y ese mismo puente pasarlo apenas sin dormir, esquiando, yendo a tirarme en trineo a Korketrekkeren y saliendo de fiesta, no ayudó nada de nada.

Mis planes para empezar el entrenamiento de fondo físico en estas fechas se han ido un poco al traste. La forma que había cogido entre el gimnasio y el esquí de fondo me había dejado en buenas condiciones, pero ahora tengo que empezar casi desde el principio. Aunque esto no va a detenerme ni mucho menos. Pienso intentar subir las 20 montañas más altas de Noruega aprovechando que están casi todas muy cerca y en un solo día puedo hacer varias cumbres.

Durante este tiempo también he aprovechado para avanzar un poco más con el esquí alpino. Ya puede decirse que sé esquí básico 😛

Otra de las cosas malas que me han pasado en este tiempo, ha sido que me han chorizado la bici. Tenaza a la cadena y adiós muy buenas. Me fastidia porque acababa de sacarla de la cueva la semana pasada aprovechando que ya hace mejor tiempo. Ya no podré disfrutarla.

Y sin más, hoy me voy a Islandia, a pasar la Semana Santa conociendo ese extraño país. Y también relajándome un poco, qué narices 🙂

Esta tarde estaré en la Laguna Azul.

Laguna Azul

Vista del spa de la Laguna Azul

Ruta en bici: Bjerregaards gate – Aker Brygge – Península de Bygdøy

Hay que seguir disfrutando del buen tiempo en Oslo, sobre todo ahora que todavía tenemos bastante luz. No sé qué tal llevaré el tema de pasarme todo el día en la oscuridad, pero no creo que sea muy distinto a cuando estuve en Bélgica; entraba y salía del trabajo siendo de noche y no veía la luz del sol excepto el fin de semana.

La zona que fuimos a visitar es la Península de Bygdøy, una de las zonas más caras de Oslo por estar en un lugar boscoso, cerca de las playas y donde vive la gente de dinero. De hecho por ahí­ vive la mayorí­a de personal diplomático de las embajadas. Además están también la mayorí­a de museos de la ciudad, entre ellos el vikingo, con barcos muy bien conservados.

Vista de Aker Brygge desde el puerto de Oslo

Bygdøynesveien

Pequeño parque al lado del Frammuseet

Parada del ferry que va a Oslo centro

Otra vez la misma parada pero desde otra perspectiva

Solo avanzamos hasta la mitad, donde comimos unos bocatas que supieron a gloria y aprovechamos los rayos de sol que no calientan casi nada. Otro dí­a intentaré ver el resto de la pení­nsula, donde están las playas y alguna otra cosa curiosa, pero me temo que hasta la primavera, se acabo el chollo.

Un pedazo de ferry saliendo del puerto

Puerto deportivo y el paseo al lado del mar

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Tuneando mi nueva bici

Hoy, en un mercadillo en el parque Birkelunden, me he comprado una bici, así de pum. Dentro de poco no podré usarla, pero seguro que cuando acabe el invierno le sacaré provecho. Todavía tengo que poner unas cuantas cosas con los medios tercermundistas de los que dispongo aquí, como unos guardabarros y algo en las empuñaduras porque la goma que tiene está hecha una porquería. Pero ya he puesto el sillín fijo para no tener que quitarlo y ponerlo cada vez que la encadene por ahí. Y ya sólo me queda comprar el candado para atarla a cualquier sitio. Sí, aunque los noruegos son muy civilizados, en Oslo no hay sólo noruegos 🙂

¡Mi nueva bici para recorrer Escandinavia!

El salto de agua que hay de fondo no es un pueblo perdido sino del mismo Oslo, lo forma el río Akerselva a su paso por la ciudad, muy cerquita de mi casa. Al parecer en invierno se congela, haré la misma foto dentro de un par de meses a ver si tengo la moral de ir en bici con el hielo y la nieve de la calle.