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Lesiones del corredor

Siempre que he escrito sobre correr o los distintos deportes que practico, lo he hecho sobre los temas que más gustan o las experiencias más fáciles de recordar. Pero esta vez quiero hacerlo sobre algo que siempre se intenta olvidar rápido y que la cabezonería del deportista no consigue asimilar para aprender de ello en el futuro. Escribo también como una manera de recordármelo, porque soy el primero en pecar de ser un cabezón. Así que paso a hablar de las lesiones.

Durante los años que llevo corriendo, he encadenado alguna que otra lesión y problemas de salud derivados del intenso ejercicio físico. En los últimos dos ha sido cuando más se ha agravado y siempre al comienzo de temporada, lo cual demuestra la impaciencia por la vuelta al entreno. Las circunstancias de vivir donde vivo no ayudan precisamente a calmar las ansias de entrenar, ya que durante el invierno no salgo a trotar salvo días esporádicos, así que es difícil no salir por la puerta y empezar a correr como alma que lleva el diablo el primer día que hace buen tiempo. Cierto es que hay que empezar tranquilamente a velocidades muy bajas, por terreno blando no accidentado y durante no mucho tiempo. Llevo haciéndolo mal dos años y espero que el siguiente sea el definitivo.

Para comenzar con mis experiencias de problemas, en el año 2010, primero que empecé a correr, no tuve en cuenta la alimentación como debiera y acabé con algo de anemia que tuve que solventar con suplementos de hierro. Apenas fue nada porque pude seguir corriendo sin problema, pero fue el primer toque de atención. A largo plazo se arregla yendo con la ayuda de un nutricionista deportivo y unos buenos hábitos de alimentación. ¡Gracias Juan Carlos!

Los años 2011 y 2012 fueron bastante bien, salvo alguna que otra tendinitis que se solucionaba con reposo y hielo, no hubo nada que destacar.

Fue en 2013 cuando tuve una lesión seria que me impidió entrenar durante todo el año. Seria precisamente por no poder entrenar, no porque tuviese riesgo mi salud. La famosa periostitis tibial hizo su aparición. Vino por exceso de entrenamiento, pero se agravó por desconocimiento. La periostitis es una inflamación del periostio, una membrana que recubre los huesos y que cuando se inflama es muy difícil de curar. Las sensaciones que se tienen al empezar a correr es un ligero dolor en la tibia que desaparece al cabo de unos minutos y te permite hacer un entrenamiento normal. Pero al día siguiente… duele y molesta. El tratamiento es el reposo, estiramiento y hielo. Yo además estuve recibiendo unas sesiones de láser en la zona.

Todo esto no me impidió ir a unas pocas carreras pero el entrenamiento fue muy malo y por lo tanto los resultados también. De la lesión aprendí a parar totalmente en cuanto se detecta el más mínimo dolor.

Este año me ha sucedido algo parecido. Por exceso de entrenamiento al comienzo de temporada, tengo problemas en la zona de la cadera y el glúteo izquierdo. Tiene toda la pinta de ser el síndrome del piramidal, también muy común en corredores. Se produjo por elevar el ritmo de entrenamiento y meter muchas bajadas fuertes cuando el cuerpo todavía no estaba listo. Llevo aproximadamente 5 semanas sin correr, pero haciendo ejercicios de pesas en el gimnasio para seguir fortaleciendo musculatura. Además estiro la zona más que nunca y noto alivio después de hacerlo con lo que cada vez me molesta menos. Tengo la impresión de que si dejo de hacer musculación en las piernas irá todavía mejor, así que eso es lo que haré, dedicarme a estirar y estirar.

De esta última lesión he aprendido que los comienzos de temporada hay que llevarlos con muchísima calma. Y este texto quiero que me sirva como recordatorio de ello.

Oslo Maraton 2011 (El hierro y actualizaciones)

Durante el entrenamiento de este año he tenido bastante cuidado con la alimentación después de que el año pasado tuviese una anemia ferropénica que me obligo a tomar suplementos de hierro. Es bastante común entre los corredores padecer déficit de hierro si no se consume más de lo habitual porque se gasta muchísimo más que en un estado normal. En Vitónica es uno de los temas más tratados y allí es donde encontré este artículo del top 6 de alimentos ricos en hierro.

He conseguido no tener anemia este año siguiendo una dieta variada y rica en hierro, a pesar de hacer un entrenamiento mucho más fuerte que el año pasado. Hay que tener una cosa en cuenta sobre el consumo de alimentos ricos en hierro y es que para conseguir una mejor asimilación, hay que evitar los lácteos durante las comidas con alto contenido en hierro y procurar complementar la comida con vitamina C, contenida en cítricos.

El mundo del deporte de nivel un poco más alto del amateur es un universo en sí mismo. Si vamos a deportes de élite, la cosa ya es una locura de analíticas, controles, pruebas y sacrificio personal.

Pasemos ahora a mi estado de forma, ya que el sábado tendré una carrera y me servirá como recopilación de que todo está bien.

Hace aproximadamente un mes fui al médico porque estaba padeciendo mareos repentinos y dolores de cabeza bastante molestos. Le comenté mis problemas con el hierro del año anterior y me hicieron un análisis de sangre. No se encontró nada fuera de lo normal y todos los síntomas desaparecieron en el momento que empecé a tomar un par de cereales extra con el desayuno (quinoa y teff). No sé si éso es el motivo o alguna otra cosa, tal vez solo estuviese arrastrando mucha fatiga acumulada.

Entreno prácticamente todos los días a la semana salvo uno que suelo descansar. Además a las sesiones de carrera añado un día o dos a la semana de entrenamiento en máquinas en el gimnasio para no perder más masa muscular de la que ya he perdido. Tengo unas 40-45 pulsaciones por minuto en reposo y soy capaz de mantenerme a ritmo de carrera en los entrenamientos durante una hora sin problema, ni agujetas, ni cansancio. El único dato que me falla un poco es el porcentaje de grasa. Tengo un 15% según mi báscula y debería estar rondando el 10%. No va a suponer una gran diferencia pero cuanta menos carga inútil lleve encima, mejor para mis rodillas.

Hoy es martes y el sábado correré la media maratón de Stavanger. La predicción del tiempo es bastante mala como puede observarse en yr.no. Si la precipitación normal de un día lluvioso son 9mm, para el sábado hay previstos 20. Espero que cambie un poco en estos días o tendré que cambiar las zapatillas por una canoa.

De Rositas y Margaritas – Capítulo IV (Si cuela, cuela)

Dicen que Noruega tiene un índice muy alto de morosidad para ser un país en el que no hay mucha gente que pase apuros económicos y por eso son tan estrictos con las facturas, los plazos de pago y las multas por no pagar a tiempo.

Pero lo que nadie tiene en cuenta es el “pillaje” a la hora de cobrar cosas a la gente o de esos pequeños “descuidos” si no estás atento. Poco a poco mi mentalidad ha ido evolucionando desde que estoy aquí y he pasado a fijarme en absolutamente todo lo que me cobran, desde el ticket del super hasta las facturas de la luz.

Creo que todo empezó hace ya dos años, en un sitio bastante peculiar para ello, la recepción del gimnasio. En aquel entonces pagaba la cuota mensual en efectivo cada mes, que eran 430 coronas. Un día como cualquier otro, sin venir a cuento, llegué a la recepción, dije que iba a pagar el mes y la chica me dijo con una amplia sonrisa: “Son 465 coronas”. Un noruego de pura cepa, como ya comenté en un post anterior, no habría dicho ni mu, habría sacado la billetera y apoquinado como un campeón. Yo, inocente de mí, pregunté: “¿por qué?” Y ahí comenzó el primer quebradero de cabeza que hizo cambiar mi manera de ser para siempre.

La amable chica de la recepción revisó algo en el ordenador, aporreó el teclado, hizo dos o tres clicks y me dijo: “Ah, pues son 430”. Sonreí orgulloso de haberme salido con la mía. Pagué, imprimió un ticket y hasta más ver. Cuál fue mi sorpresa al mes siguiente cuando además del aviso normal del pago de la factura me llegó un aviso de impago de otra distinta con un recargo de regalo por no haber pagado a tiempo. Durante seis meses estuve yendo a pagar religiosamente la factura del mes en curso y a quejarme por recibir la de impago, que aumentaba al mismo tiempo que mi cabreo. Cuando ya me harté de ver que no solucionaban el problema y les amenacé conque me iba a borrar del gimnasio y me iría del país en breve, se avanzó un poco más. Tuve que ponerme en contacto con la agencia que estaba tramitando el impago de la factura y justificar con los tickets de todo el año que ya estaba pagada. Afortunadamente estaba guardando todos y la cosa quedó ahí. Pero me pregunto si debería haber pagado lo que me dijo para evitarme todo el jaleo. La respuesta es NO y desde entonces tengo una cruzada personal contra este tipo de cosas que me enervan a más no poder.

Otros ejemplos de este tipo son los vendedores que te ofrecen pastillas de Omega-3 para suplir la falta de luz durante el invierno, te dan una muestra y te cogen los datos. Al cabo de un par de meses te llegan a casa, dos botes de pastillas, una suscripción anual para recibir las pastillas en tu domicilio cada mes y una bonita factura por todo ello. Esto a mí no me ha pasado porque ya no doy mis datos ni aunque me prometan un contrato en propiedad de una casa firmado por un notario con sangre de unicornio.

Pero hay más. Sorpresas al llegar a hoteles por sobrecargos, en alquileres de coches, contratos de móvil… En el trabajo ya ni me meto. Cargos sin avisar aunque hubiese una propuesta firmada antes, trabajos a medio hacer, facturas sin recibir la mercancía.

Hay mil y una aventuras, y cada día, con solo salir a la calle y cuando menos te lo esperes, habrá una a la vuelta de cualquier esquina. No hay lugar para el aburrimiento en Noruega.

Vitamina D

A puntito de comenzar mi tercer invierno en Noruega y después de la experiencia de estos dos años voy a hacer un experimento para comprobar algo que hice mi primer invierno aquí inconscientemente.

Primero de todo hay que hacer un pequeño resumen de lo que pasa aquí durante este período. En invierno, además del frío y la nieve que pueda haber, lo que más puede molestar es la falta de horas de luz. Prácticamente se vive en noche constante. Dicen que a veces la nieve ayuda a que haya más claridad al tener las calles blancas, pero es algo que no llega hasta finales de diciembre o principios de enero. De todos modos, la luz del sol es necesaria porque al contacto con la piel facilita que generemos vitamina D, una de las vitaminas a las que menos se presta atención porque en países como España es muy complicado tener niveles descompensados. Más información sobre la vitamina.

Los noruegos suelen tomar aceite de hígado de bacalao o pastillas con omega3 para suplir esa falta durante el invierno.

Mi primer invierno en el país no noté absolutamente nada, todo fue a la perfección. Pero el segundo sí que noté algún que otro cambio de humor y cansancio generalizado.

Una teoría que barajo es que durante el primer invierno estuve siguiendo una dieta para entrenamiento de volumen en el gimnasio. El segundo, no.

Sin saberlo comí grandes cantidades de lácteos, huevos cocidos, salmón y atún entre otras cosas. Todo ello son fuentes bastante importantes de vitamina D.

Por lo tanto, como quiero volver a recuperar el peso que perdí durante los entrenamientos de la maratón, seguiré de nuevo la preciada “Dieta de volumen mágica” y comprobaremos si realmente afecta en algo a los niveles de vitamina D.

Mientras tanto, disfrutad con este vídeo de nuestros amigos los Fraguel Rock.