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Laponia: entrada navideña

No puedo perder la ocasión de mostraros un remake de todo un clásico que muchos recordaréis de esta antigua entrada.

Laponia es una región geográfica que comprende partes de Noruega, Finlandia, Rusia y Suecia, por eso me extraña que en el vídeo se diga lo que se diga de Noruega si forma parte de ella, tal vez por mantener cosas del vídeo antiguo. Y sí, lo voy a volver a poner.

Viaje a Kenya: Watamu

El último fin de semana en Kenya fue de relax. De muchísimo relax. Volamos desde Nairobi a Malindi y una vez allí fuimos en matatu hasta Watamu, un pequeño pueblecito algo más al sur y que no está tan masificado como Mombasa. Al llegar al aeropuerto y abrir la puerta del avión se notaba la tremenda humedad y el calor que hacía en comparación a la capital. Se sentía que estábamos al lado del mar.

Vista de la playa de Watamu

Un nativo vestido de Maasai

Habíamos alquilado una casa entre todos donde también venía incluído el staff (cocinero, vigilante, encargado del jardín y limpieza), todos ellos una gente muy simpática. El ambiente invitaba a relajarte y no hacer nada, únicamente comer, tostarte al sol y dormir. Nunca me ha gustado el calor húmedo, pero al cabo de un rato te acostumbrabas y te dejabas llevar. Se estaba tan bien…

Entrada a la casa

Salón interior de la casa

Una de las habitaciones

La casa no tenía ventanas porque nunca hace calor y las mosquiteras evitaban que los mosquitos nos comiesen por la noche. Las sábanas tampoco eran necesarias.

Vista del jardín desde el balcón

Piscina a todo lujo

Vista nocturna de la piscina

La estancia de fin de semana se me hizo cortísima. Podría haber estado todo un mes con ese estilo de vida, pero con un día o dos más, la sensación habría sido otra. Tocaba abandonar Kenya y se podía decir que habíamos hecho todo lo típico del país en un tiempo récord. Tal vez demasiado poco tiempo.

Ascensión al Monte Kenya VI (Conclusiones)

Si hay algo que por encima de todo formaba parte de los objetivos y conseguí con creces, fue notar el mal de altura y las sensaciones que provoca la falta de oxígeno a partir de cierta altitud. Me ha alegrado un montón haber sido capaz de notar paso a paso los cambios que se iban produciendo en mi cuerpo, desde el aire ligero entrando en mis pulmones, pasando por los pinchazos en la sien y el cansancio generalizado, hasta conocer mis límites justo antes de llegar al refugio austríaco.

Si haber hecho cumbre también fue uno de los objetivos conseguidos, más importante fue hacerlo sin aclimatar, pasando de estar al nivel del mar a 4985 msnm en unas 50 horas de diferencia, cuando se recomienda ascender aproximadamente mil metros al día si se pretende no tener problemas durante la ascensión.

La gente con la que estuve también fue todo un descubrimiento y el compañerismo que había fue una de las razones por las que casi todos conseguimos llegar más allá de nuestras posibilidades.

Espero repetir una aventura similar en el futuro, aunque con más calma y tranquilidad que en esta ocasión.

Ascensión al Monte Kenya V (Refugio MCK – Estacion Meteorológica)

La última noche dormimos alrededor de 11 horas. Yo apenas me desperté aunque sí que notamos un frío tremendo. A pesar de estar metidos en la cabaña y dentro de los sacos que aguantan temperaturas bastante razonables, se ve que como el cielo estaba totalmente despejado, esa noche el termómetro se puso en negativo fácilmente. Pero el sufrimiento ya estaba acabando, quedaba muy poco para volver a la civilización y descansar como es debido.

Desayunamos en condiciones y tranquilamente, recogimos el refugio y limpiamos, que después de tres días, sorprende la cantidad de porquería que se puede acumular.

La última foto con nuestro refugio

Después del frío de la noche y del fresquete mañanero, estábamos deseando que saliese el sol, pero a las 8 de la mañana todavía se escondía detras de las cimas del Monte Kenya. Poquito a poco nos alcanzó y pudimos disfrutar de una bajada tranquila y soleada. Aunque con la que había caído esos días, algunas zonas del camino estaban totalmente embarradas.

Acercándonos a la zona de sol

Así da gusto ir de montaña, menudo tiempo

Más vistas de la bajada

Durante la bajada, John nos llevó a una cueva Mau Mau de las usadas por los rebeldes durante la guerra de independencia contra los británicos. En ellas se solían reunir e incluso ocultar, y ciertamente, son bastante complicadas de encontrar.

Una de las cuevas Mau Mau usadas por los rebeldes

Tramo final antes del bosque

Nada más que contar. La llegada al coche se agradeció aunque yo eché en falta no poder cambiarme de ropa porque se la había llevado el grupo con el que me iba a ir el día anterior. Pero estábamos mucho más cerca de una duchita refrescante…

Nota: Las horas en el track están mal, se me olvidó cambiar el huso horario y marca dos horas menos de la realidad. El fallo se repite en todos los tracks de esta serie.

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Ascensión al Monte Kenya IV (Refugio MCK – Refugio austríaco – Punta Lenana)

Y a las 2 de la mañana sonó el despertador. Esa noche no dormí apenas nada, únicamente una hora al principio. Luego me despertó un fuerte dolor de cabeza y entré en una especie de letargo en el que con los ojos abiertos cambiaba de posición cada cierto tiempo pero era incapaz de dormir. Hablando con el resto más tarde me dijeron que les pasó lo mismo a casi todos.

Llegaba el momento de la verdad. Los que estaban dispuestos a salir informaban que el cielo estaba despejado, había una luna espléndida y se veían bastantes estrellas. Yo, todavía dentro del saco, le pregunté al chico holandés qué iba a hacer. No veía el plan claro así que ni se lo planteaba, seguiría durmiendo hasta las 8 y bajaría con uno de los porteadores. Es cierto que después de no haber dormido nada y el cansancio acumulado del día anterior, me sentía bastante aliviado con su decisión, pero la cabra tira para el monte, todos sabéis eso. Mientras preparaban sus cosas, los otros tres componentes del grupo me preguntaron qué iba a hacer yo. Y se hizo la luz, me propusieron acortar su expedición un día para volver el lunes a Nairobi. Me decían que ya habían tenido bastante Monte Kenya tras el palizón de la jornada anterior y lo que se preveía para ese día. Agradecidísimo salí del saco, me puse la ropa que todavía no había secado, organicé la mochila, me cargué de barritas de cereales y la última tableta de Kvikk Lunsj, el snack de las rutas noruegas por excelencia, dispuesto a salir pitando hacia la cumbre. No desayunamos debidamente, lo cual fue un grave error, pero estuve comiendo barritas durante un buen trecho.


Empezando a caminar a las 2 de la madrugada

Con todo este ajetreo, nos pusimos en marcha alrededor de las 2:15 con más moral que fuerzas. Encendí el frontal durante un rato pero lo único que hacía era molestar, la luz de la luna era suficiente. No sé si por el hecho de estar recién levantados y haber pasado mala noche me notaba mucho más cansado que el día anterior. Sentía que el corazón iba aceleradísimo. Me habría gustado saber el número de pulsaciones por minuto exactas en ese momento, pero rondarían las 180 aunque íbamos tremendamente despacio. La primera parte de la ascensión transcurre por una pedrera que me recordaba bastante a la del Curavacas pero con una pendiente aun mayor. Veía como las fuerzas se me iban escapando muy poco a poco, sólo me preguntaba si no se me acabarían antes de llegar a la cima.

Unas nubes bastante feas aparecieron por detrás del Batian, la cumbre más alta y empezaron a cubrir todo en un visto y no visto. Yo notaba que algo iba mal, me estaba agotando después de unas dos horas de ascensión y quedaba todavía un buen trecho, quizás pensar en ello hacía que me agotase todavía más y más. El cielo ya estaba totalmente cubierto y muy oscuro. Apenas había claridad de la luna y, entre eso, la neblina que se estaba formando y que era de noche se tienen los motivos por los que no hay fotos de este tramo, apenas se veía nada.

Llegamos a la zona de nieve, en mi caso bastante exhausto, y caminar por allí teniendo que dar patada en la nieve para abrir huella fue la gota que colmó el vaso. La única chica que quedaba del grupo también empezó a tener serios problemas. Se paraba cada 100 metros para tomar aire y a mí me rompía bastante el ritmo.

El guía nos animaba, decía que había un refugio a una media hora andando al ritmo que íbamos y nos daba algo de esperanza saber que había un sitio caliente donde poder descansar un rato porque yo no me sentía con ánimos ni fuerzas de dar la vuelta. Hicimos una parada para descansar, beber y comer algo, recobrar fuerzas y abrigarnos porque cada vez hacía más frío. Fue ponernos en marcha y empezar a soplar el viento, un viento tremendamente frío y fuerte que la ropa no conseguía parar y se colaba hasta los huesos.

La marcha ya era totalmente penosa, la única opción era seguir avanzando porque con semejante tiempo no cabía la posibilidad de dar la vuelta. Los síntomas de mal de altura empezaron a volverse más y más fuertes. Ahora tenía un fuerte dolor de cabeza, ganas de vomitar y sentía, siendo sincero, que en cualquier momento me iba a ir por la pata abajo. Nunca antes había estado tan mal en montaña, tan al límite. De hecho una de las veces que paramos para retomar el aliento, apoyé la cabeza en el bastón y me debí quedar dormido durante unos 30 segundos. Cuando levanté la cabeza, las tres personas que iban delante mío ya estaban a cincuenta metros de mí. Seguí caminando.

Alguien le preguntó al guía cuánto quedaba hasta el refugio y contestó: “Cinco minutos”. Aquello nos ayudó a hacer el último esfuerzo para poder llegar al refugio austríaco.

Llegaríamos en torno a las 5:30, ateridos de frío y todavía de noche. Un grupo de tres amigos nos hizo un hueco en su habitación mientras desayunaban y nos prestaron sus sacos para taparnos y entrar en calor. Nos ofrecieron té y algo de comer pero yo lo rechacé porque notaba que si metía algo al estómago, automáticamente iba a devolver. La chica y uno de los chicos dijeron que para ellos se acabó el Monte Kenya por el momento, viven en Nairobi y pueden volver en cualquier otro momento. Jorge, el otro chico, se recuperó rapidísimo y ya con la idea de subir a la cumbre junto a nuestro guía, John. Éste nos dijo que la subida a la cumbre serí­an unos cincuenta minutos y luego veinte o treinta de bajada. Algo factible pero que me parecí­a una bestialidad en ese momento.

Tiritando de frí­o aun, fui capaz de beber  y comer algo. Me sentó muy bien pero seguí­a con el frí­o metido en el cuerpo. De nuevo me preguntaban qué iba a hacer, si me quedaba o subí­a con ellos. Hecho una bola dentro del saco que me prestaron les pedí­ diez minutos para descansar y ver cómo me encontraba. Pasado ese tiempo les dije con mucho pesar que no iba a poder ser, que lo habí­a pasado muy mal e iba a tardar en recuperarme.

Empezaron a reorganizar sus mochilas y ponerse más capas de ropa mientras yo les miraba con muchí­sima envidia. Jamás olvidaré ese momento en el que salí­ del saco y dije en voz alta: “Estoy zumbao”. Me puse toda la ropa que tení­a, me até las botas, bebí­ agua y me comí­ el Kvikk Lunsj que me quedaba.

Nos pusimos a caminar los tres entre la niebla y afortunadamente el viento habí­a desaparecido. Ahora me encontraba mucho mejor después de haber descansado debidamente. No sé qué habrí­a pasado si no hubiese estado ese refugio durante el camino. Lo que quedaba hasta la cima estaba bien pisado y salvo un par de pasos en los que habí­a que trepar, no era muy difí­cil.

Poco antes de llegar a la arista del pico vimos un claro en el cielo, parecí­a que estaba despejando. A lo mejor llegábamos a la cumbre y podí­amos ver algo. Así­ fue. La fortuna sonrió a los valientes.

Momento en que llegamos a la arista y vimos que al otro lado estaba despejando

Cuanto más cerca estábamos de la cumbre, más rápido avanzábamos y en mi caso empecé a sentir una sensación de euforia muy grande. ¡Lo í­bamos a conseguir después de todo lo que habí­amos sufrido!

Disfrutando de las vistas y del amanecer

Se nota que todo esto eran antiguos glaciares

Más vistas desde la cumbre

Gente disfrutando de las vistas después del esfuerzo

No éramos los primeros que llegaban a Punta Lenana ese dí­a ni los últimos, pero todos tuvimos la pequeña recompensa de que despejase bastante y pudiésemos maravillarnos de las vistas. La prueba de la cima va a continuación, nótese la cara de frí­o que llevaba.

Y aquí­ está, la prueba de la victoria

Las cumbres más altas del Monte Kenya, Batian y Nelion

Los últimos supervivientes de la expedición con nuestro guí­a John

Llegaba el momento de empezar a bajar aunque no quisiésemos. Y lo hicimos bien rápido. Llegamos al refugio donde nos esperaban nuestros amigos en aproximadamente veinte minutos, como predijo John.

Punta Lenana desde el refugio austrí­aco

El refugio austrí­aco, el que fuera nuestra salvación

Ahora sí­ que pudimos tener alguna que otra vista de por dónde subimos, aunque poco tiempo tuvimos porque bajamos muy rápido. Habí­a ganas de volver al refugio y descansar el resto del dí­a.

Primera zona de nieve en la que casi nos quedamos durante la subida

La bajada es mucho más fácil ¿eh?

La zona de pedrera que ahora bajé saltando

Una vista atrás donde se distinguen bien las dos zonas

El pequeño valle donde estaba nuestro refugio

Lo que queda de jornada lo pasamos metidos en el refugio descansando, aunque dimos algún que otro paseo por los alrededores. Lo que más nos ayudó a recuperarnos, fueron los noodles calentitos de siempre. Vaya cosa más sencilla y menudo manjar si se comen en el momento adecuado.

Hora de comer avena y noodles de los ricos para recuperar fuerzas

Nota: Las horas en el track están mal, se me olvidó cambiar el huso horario y marca dos horas menos de la realidad. El fallo se repite en todos los tracks de esta serie.

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Ascensión al Monte Kenya III (Estación Meteorológica – Refugio MCK)

Los comienzos de la ruta transcurren por una pista asfaltada, que se agradece a la subida por lo cómodo pero se maldice durante la bajada al ser el último tramo justo antes de llegar al coche. De todos modos no tarda mucho en desaparecer y convertirse en un camino estrecho que discurre por un bosque. El bosque es un tanto peculiar como puede verse en las fotos siguiente ya que los árboles son brezos pero de un tamaño descomunal y tienen una especie de líquenes colgando de sus ramas. Si le añadimos la neblina que había en ese momento, parecía que fuese a salir un gorila gigante o un orco de El Señor de los Anillos de entre las ramas para darnos un susto de muerte.

Primeros momentos de la ascensión por el bosque

Como estaba amenazando lluvia, usé una bolsa de basura para cubrir la mochila a falta de una funda en condiciones. La dichosa bolsa aguantó muy bien toda la excursión y tuvo un final bastante triste, sirvió para tirar la basura acumulada. Durante todo el recorrido por el bosque fui bastante precavido, con paso corto y respiración muy calmada. Mejor dicho, fui precavido durante toda la ruta. No sabía cómo me iba a afectar la falta de oxígeno a esta altitud y no quería dar problemas al resto.

El invento de funda que llevaba para la mochila

Poco a poco seguimos subiendo. Empezaba a notar una sensación extraña que no sabría describir muy bien. Era algo así como estar soñando, uno de esos sueños en los que te sientes pesado y avanzas muy lentamente. Poco a poco apareció un ligero dolor de cabeza. Ligero, pero constante y molesto. Todas las sensaciones empezaron a desaparecer cuando la lluvia llegó. Una lluvia fina que nos acompañó prácticamente hasta el final del día y que mojaba más nuestra moral que la ropa. Los guías y porteadores, gente lista y preparada, sacaron sus paraguas y siguieron como si nada.

Y empezó a llover a mares…

El grupo continuaba lentamente pero siempre hacia delante y los síntomas de mal de altura empezaban a ser bastante fuertes en alguna gente del grupo. Yo de momento iba bien, con paso corto y bebiendo agua cada poco tiempo parecía que el dolor de cabeza desaparecía a ratos. Entonces ya vimos que alguien del grupo no iba a poder seguir subiendo, los síntomas no mejoraban e incluso iban a peor. Al típico dolor de cabeza se sumaban las nauseas y los mareos, así que su única opción era bajar. Otras tres personas quisieron bajar con él para acompañarle. El problema es que estas cuatro personas eran las de mi grupo, el que iba a estar tres días y con los que iba a volver a Nairobi. Me convencieron para que me quedase y siguiese hacia la cumbre, eso sí, tendría que bajar al día siguiente con el chico holandés que iba a hacer cumbre y volver a la estación meteorológica en el mismo día si quería volver a la ciudad con ellos.

Por lo tanto nos separamos. Solo quedamos cinco, con uno de los guías y tres porteadores. Supongo que ver que ni siquiera habíamos llegado a los 4000 metros de altura y ya empezábamos a perder gente no vino demasiado bien para la moral. Pero seguimos.

Lo que quedaba del grupo después de separarse

La lluvia no paraba. Era como si alguien se hubiese olvidado de cerrar el grifo y aquello no tenía fin.

Hubo un momento entorno a los 3800 msnm que me paré y respiré hondo. Los pulmones se llenaban muy fácilmente pero ahí no había chicha, algo faltaba porque quería más y más. La falta de oxígeno en el aire se notaba en cada respiración y a cada paso que dabas. El corazón bombeaba a toda potencia a pesar de que la velocidad que llevábamos era muy lenta. El cansancio era extremo, pero simplemente seguías andando y andando, intentando abstraerte de todos esos inconvenientes y sobre todo, de la maldita lluvia.

El tiempo no iba precisamente a mejor

Harto de cargar con la mochila y de la lluvia constante

Lo malo de todo esto es que tampoco se veía un cambio en la subida, que era todo el rato exactamente igual. No había ningún tipo de llanura o espacio para el descanso. Todo era subir y subir sin saber dónde ibas a llegar. Algunos de los componentes del grupo ya empezaban a preguntar cuánto quedaba, como los niños pequeños a sus padres desde la parte trasera del coche. Y entonces las nubes del fondo se despejaron un poquito y pudimos ver la silueta de una de las cumbres del Monte Kenya. El refugio estaba justo en la base de esa montaña.

Momento en el que empezamos a ver la silueta del monte

Aunque pudiésemos ver nuestro destino, todavía quedaba una hora larga de caminata por el valle. Un valle bastante curioso por la vegetación y los pequeños damanes que estaban por todas partes. Hasta hace muy poco estos animalejos eran considerados como los parientes vivos más cercanos a los elefantes aunque no es del todo correcto. Amenizaron bastante el último tramo hasta llegar al refugio porque correteaban por todo el lugar y se paraban a observarnos atentamente.

El lugar estaba repleto de damanes

Derrengados. Esa es la palabra que mejor define cómo llegamos al refugio. Y calados hasta los huesos. Ni nos planteábamos lo que hacer al día siguiente. Si el primer día ya habíamos acabado así y estábamos a escasos 4300 msnm, ¿qué pasaría al siguiente? Preparamos una cena de campeones que sentó tremendamente bien. Los noodles calentitos después de la mojadura sabían mejor que un solomillo con patatas fritas.

El refugio del Mountain Club of Kenya donde íbamos a dormir

Durante toda la tarde estuvimos de relax, comentando el día y sufriendo bastante dolor de cabeza. Los afortunados que no tienen alergia al ibuprofeno  o las aspirinas empezaron a doparse para paliar el pinchazo constante en la sien. Mi única manera de que parase era bebiendo agua cada poco tiempo. Y cuando menos lo esperaba, volvía.

Justo antes de dormir, discutimos el plan del día siguiente. Nos despertaríamos a las 2 de la mañana para poder llegar a la cima en el momento del amanecer. De todos modos, si a las 2 llovía, abortaríamos la misión, continuaríamos durmiendo y a las 8 ó 9, de vuelta para abajo. Mi única alternativa era hacer lo mismo que el holandés si quería volver con el resto de gente que me esperaba en la base. Si él decidía no intentar encumbrar, tendría que conformarme con haber llegado hasta donde estaba y emprender el camino de regreso. Cuando apagamos la luz para dormir, el compañero estaba bastante seguro que al día siguiente iría directo a casa después de todas las penurias de esa jornada.

Nota: Las horas en el track están mal, se me olvidó cambiar el huso horario y marca dos horas menos de la realidad. El fallo se repite en todos los tracks de esta serie.

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