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Ascensión al Monte Kenya III (Estación Meteorológica – Refugio MCK)

Los comienzos de la ruta transcurren por una pista asfaltada, que se agradece a la subida por lo cómodo pero se maldice durante la bajada al ser el último tramo justo antes de llegar al coche. De todos modos no tarda mucho en desaparecer y convertirse en un camino estrecho que discurre por un bosque. El bosque es un tanto peculiar como puede verse en las fotos siguiente ya que los árboles son brezos pero de un tamaño descomunal y tienen una especie de líquenes colgando de sus ramas. Si le añadimos la neblina que había en ese momento, parecía que fuese a salir un gorila gigante o un orco de El Señor de los Anillos de entre las ramas para darnos un susto de muerte.

Primeros momentos de la ascensión por el bosque

Como estaba amenazando lluvia, usé una bolsa de basura para cubrir la mochila a falta de una funda en condiciones. La dichosa bolsa aguantó muy bien toda la excursión y tuvo un final bastante triste, sirvió para tirar la basura acumulada. Durante todo el recorrido por el bosque fui bastante precavido, con paso corto y respiración muy calmada. Mejor dicho, fui precavido durante toda la ruta. No sabía cómo me iba a afectar la falta de oxígeno a esta altitud y no quería dar problemas al resto.

El invento de funda que llevaba para la mochila

Poco a poco seguimos subiendo. Empezaba a notar una sensación extraña que no sabría describir muy bien. Era algo así como estar soñando, uno de esos sueños en los que te sientes pesado y avanzas muy lentamente. Poco a poco apareció un ligero dolor de cabeza. Ligero, pero constante y molesto. Todas las sensaciones empezaron a desaparecer cuando la lluvia llegó. Una lluvia fina que nos acompañó prácticamente hasta el final del día y que mojaba más nuestra moral que la ropa. Los guías y porteadores, gente lista y preparada, sacaron sus paraguas y siguieron como si nada.

Y empezó a llover a mares…

El grupo continuaba lentamente pero siempre hacia delante y los síntomas de mal de altura empezaban a ser bastante fuertes en alguna gente del grupo. Yo de momento iba bien, con paso corto y bebiendo agua cada poco tiempo parecía que el dolor de cabeza desaparecía a ratos. Entonces ya vimos que alguien del grupo no iba a poder seguir subiendo, los síntomas no mejoraban e incluso iban a peor. Al típico dolor de cabeza se sumaban las nauseas y los mareos, así que su única opción era bajar. Otras tres personas quisieron bajar con él para acompañarle. El problema es que estas cuatro personas eran las de mi grupo, el que iba a estar tres días y con los que iba a volver a Nairobi. Me convencieron para que me quedase y siguiese hacia la cumbre, eso sí, tendría que bajar al día siguiente con el chico holandés que iba a hacer cumbre y volver a la estación meteorológica en el mismo día si quería volver a la ciudad con ellos.

Por lo tanto nos separamos. Solo quedamos cinco, con uno de los guías y tres porteadores. Supongo que ver que ni siquiera habíamos llegado a los 4000 metros de altura y ya empezábamos a perder gente no vino demasiado bien para la moral. Pero seguimos.

Lo que quedaba del grupo después de separarse

La lluvia no paraba. Era como si alguien se hubiese olvidado de cerrar el grifo y aquello no tenía fin.

Hubo un momento entorno a los 3800 msnm que me paré y respiré hondo. Los pulmones se llenaban muy fácilmente pero ahí no había chicha, algo faltaba porque quería más y más. La falta de oxígeno en el aire se notaba en cada respiración y a cada paso que dabas. El corazón bombeaba a toda potencia a pesar de que la velocidad que llevábamos era muy lenta. El cansancio era extremo, pero simplemente seguías andando y andando, intentando abstraerte de todos esos inconvenientes y sobre todo, de la maldita lluvia.

El tiempo no iba precisamente a mejor

Harto de cargar con la mochila y de la lluvia constante

Lo malo de todo esto es que tampoco se veía un cambio en la subida, que era todo el rato exactamente igual. No había ningún tipo de llanura o espacio para el descanso. Todo era subir y subir sin saber dónde ibas a llegar. Algunos de los componentes del grupo ya empezaban a preguntar cuánto quedaba, como los niños pequeños a sus padres desde la parte trasera del coche. Y entonces las nubes del fondo se despejaron un poquito y pudimos ver la silueta de una de las cumbres del Monte Kenya. El refugio estaba justo en la base de esa montaña.

Momento en el que empezamos a ver la silueta del monte

Aunque pudiésemos ver nuestro destino, todavía quedaba una hora larga de caminata por el valle. Un valle bastante curioso por la vegetación y los pequeños damanes que estaban por todas partes. Hasta hace muy poco estos animalejos eran considerados como los parientes vivos más cercanos a los elefantes aunque no es del todo correcto. Amenizaron bastante el último tramo hasta llegar al refugio porque correteaban por todo el lugar y se paraban a observarnos atentamente.

El lugar estaba repleto de damanes

Derrengados. Esa es la palabra que mejor define cómo llegamos al refugio. Y calados hasta los huesos. Ni nos planteábamos lo que hacer al día siguiente. Si el primer día ya habíamos acabado así y estábamos a escasos 4300 msnm, ¿qué pasaría al siguiente? Preparamos una cena de campeones que sentó tremendamente bien. Los noodles calentitos después de la mojadura sabían mejor que un solomillo con patatas fritas.

El refugio del Mountain Club of Kenya donde íbamos a dormir

Durante toda la tarde estuvimos de relax, comentando el día y sufriendo bastante dolor de cabeza. Los afortunados que no tienen alergia al ibuprofeno  o las aspirinas empezaron a doparse para paliar el pinchazo constante en la sien. Mi única manera de que parase era bebiendo agua cada poco tiempo. Y cuando menos lo esperaba, volvía.

Justo antes de dormir, discutimos el plan del día siguiente. Nos despertaríamos a las 2 de la mañana para poder llegar a la cima en el momento del amanecer. De todos modos, si a las 2 llovía, abortaríamos la misión, continuaríamos durmiendo y a las 8 ó 9, de vuelta para abajo. Mi única alternativa era hacer lo mismo que el holandés si quería volver con el resto de gente que me esperaba en la base. Si él decidía no intentar encumbrar, tendría que conformarme con haber llegado hasta donde estaba y emprender el camino de regreso. Cuando apagamos la luz para dormir, el compañero estaba bastante seguro que al día siguiente iría directo a casa después de todas las penurias de esa jornada.

Nota: Las horas en el track están mal, se me olvidó cambiar el huso horario y marca dos horas menos de la realidad. El fallo se repite en todos los tracks de esta serie.

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Campeonato mundial de esquí nórdico (Oslo Ski-VM 2011)

Del 23 de febrero al 6 de marzo se ha celebrado en Oslo el Campeonato mundial de esquí nórdico u Oslo Ski-VM 2011, como le gusta llamarlo a los noruegos. Si se pudiese hacer una comparación del ambiente que hay en Noruega durante los días que se celebra, sería como si en España hubiese un mundial de fútbol en el que la selección nacional fuese la favorita. Las siglas VM han estado impresas por todas partes y han llegado a cansar porque además de los típicos anuncios de descuentos en ropa de invierno por el VM, también se invitaba a comer pan con mucha energía para el VM, beber cerveza-VM o comer salchichas-VM entre otras cosas. Vamos, pelín agobiante. Además se instalaron pantallas gigantes en varios sitios de la ciudad, estatuas gigantes de hielo y nieve, distintas atracciones… El que se aburría era porque quería.

Una de las pantallas gigantes de las que hablaba

A mí sinceramente no es que me llame mucho la atención, pero es algo que creo que solo viviré una vez en la vida y es imposible mantenerte en una burbuja para permanecer aislado de todo.

De las competiciones en sí, estoy seguro que de lo que más se ha podido hablar es de los relevos de 4x10km y de la llegada a meta del último participante noruego, Petter Northug. El susodicho es muy bueno esquiando, pero no tiene mucho sentido de la deportividad y a continuación podéis ver lo que hizo.

Petter Northug llegando a meta en los relevos 4x10km

En Noruega no está muy bien visto que haga ese tipo de cosas (no es la primera vez que da titulares de este estilo) y en general la gente le desprecia un poco por aquello de que destacar está penalizado.

De todos modos, no es el primero que hace algo parecido. El esquiador Bjørn Dæhlie, en las olimpiadas del 92 en Albertville, entró a meta de espaldas. Podéis verlo en el siguiente ví­deo. He forzado a que el ví­deo empiece en el momento interesante, porque es una recopilación de imágenes del esquiador.

Bjørn Dæhlie entrando a meta de espaldas en Albertville 92

De esta manera, el sábado pasado, penúltimo dí­a del mundial, decidí­ ir desde Sognsvann hasta Frognerseteren esquiando y ver la prueba de 30km estilo libre de mujeres. Lo que se dice ver… no se ve mucho, pero el ambiente es bastante sorprendente. Lo de ir esquiando hasta la pista de la competición es un decir porque habí­a tal cantidad de gente que acabé por quitarme los esquí­es y avanzar andando porque se iba más rápido.

Cola de gente que salí­a del metro

Era imposible poder esquiar, así­ que muchos decidimos cargar con los esquí­es

Poco a poco fuimos llegando a la zona donde estaba la pista y como la gente empezaba a desperdigarse por el lugar, ya pudimos ponernos los esquí­es aunque solo durante un rato. Empezaron a aparecer tiendas de campaña en los lados del camino, pero tiendas de verdad, enormes, con chimenea en el interior y hasta habí­a noruegos con televisiones conectadas a baterí­as de coche para poder seguir las carreras tranquilamente.

Estos eran algunos de los campamentos que tenían montados

Al llegar cerca de la pista, ya vimos que iba a ser imposible acercarse más, nos pusimos donde creímos que era el mejor sitio y nos dejamos llevar por el ambiente.

Atención al tipo subido al árbol

Y aquí­ tenéis a los esquiadores subiendo y la gente gritando a lo loco

Como no se aprecia el ambiente, grabé un video con el móvil, pero la calidad es bastante mala, espero se me entienda 😛

Después de acabar la prueba, de la que prácticamente vimos lo que hay en la foto, pero tres veces, nos fuimos a esquiar en condiciones, que a eso habíamos ido.

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Viaje a Rusia parte II (San Petersburgo)

Es duro tener que terminar los borradores que tienes empezados desde hace más de un año. Las cosas ya no están tan frescas y muchos detalles se pierden, pero la esencia sigue ahí. Ya hubo un post con una primera parte de este viaje que cubre los días que estuvimos en Moscú, en los que prácticamente estuvimos con Jon de niñera todo el rato. Esta segunda parte cubre los días que pasamos en San Petersburgo y el viaje en tren que hicimos hasta allá. Billetes que no creo que hubiesemos podido conseguir sin la inestimable ayuda de nuestro anfitrión.

Como ya he dicho tanto la ida como la vuelta la hicimos en tren. Un viajecito de unas 8 horas en un coche-cama sin ningún tipo de intimidad, catres de 70×180 centímetros, gente con incontinencia urinaria nocturna y un calor infernal inexplicable teniendo en cuenta que fuera hacía bastante frío.

La cara que se me quedó cuando me dijeron que el viaje iba a ser de 8 horas

Pero sobrevivimos, tampoco fue para tanto. Llegamos bien prontito al hostel dispuestos a empaparnos de Historia rusa y para ello contratamos a una guía que nos paseó en coche por la ciudad contándonos todas las aventuras de los zares y jet-set de la época comunista.

El otoño ya llegó

Saltando delante de la Iglesia de la Sangre Derramada

Desde la furgoneta de nuestra guía

Decir que la visita guiada estuvo muy bien, aunque en varias ocasiones nuestra guía intentó llevarnos a lugares visitables y estaban cerrados, cosa que debería haber sabido con antelación. Pero vamos, que sin quejas, lo que nos contó fue lo bastante interesante como para no aburrirnos y aprender un poco de la historia de la ciudad. Al final de la ruta, nos dejó en el Hermitage, donde pasamos un buen rato visitando el museo.

En la entrada del Hermitage

Haciendo el tonto en la entrada, one more time

Una de las obras que más gracia nos hizo fue la que viene a continuación, a la que no estaba permitido sacar fotos…

Cher Guevara

Dimos bastantes paseos por la ciudad, alguno de ellos muy largo e incluso nos atrevimos a ir hasta Pushkin, una población a 30km al sur de San Petersburgo donde se encuentra el Palacio de Catalina con su sala de ámbar. Cogiendo el autobús, claro.

Una de las salas del palacio

Hay que comentar que el palacio era increíble, pero fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial y reducido a escombros, así que la práctica totalidad de lo que hay está reconstruido desde cero. Viendo las fotos del antes y el después hay que reconocer que hicieron un gran trabajo. No hay fotos de la sala de ámbar porque estaba prohíbido hacerlas y esta vez no nos arriesgamos a que nos pillasen. Pero para eso está Internet y los buscadores, ¿no?

Como decía al principio sobre la esencia del viaje, que eso no se olvida, lo que queda en el recuerdo fue pasar unos días geniales con gente genial en sitios geniales, aunque alguno fuese un lastre por quedarse cojo 🙂

De Rositas y Margaritas – Capítulo III (Viajar es un placer)

Viajar con los noruegos es una cosa bastante curiosa. Yo creo que es uno de los países en los que la gente más viaja al extranjero, por la sencilla razón de que sale más barato ir de vacaciones fuera que quedarse en casa haciendo vida normal. Ojo que yo también sigo esa premisa, no reprocho nada a los noruegos por ello. El único problema es que para ellos las vacaciones empiezan en el momento de despegue del avión y ya en él comienzan a consumir importantes cantidades de alcohol y a armar una gresca increíble comparada con la que pueda montar un grupo de españoles borrachos, sumado a que suelen tener bastantes críos y viajar con ellos. Si además el vuelo es de Ryanair, ríete tú de los viajes en autobús de las películas de Paco Martínez Soria.

Pero no hay que ir fuera de Noruega o que estén borrachos para ver que algo raro pasa entre ellos y los medios de transporte. Un simple viaje en autobús o metro es una odisea. Normas tan básicas y de sentido común como decir perdón para pedir paso y poder salir, o esperar a que la gente salga del medio de transporte antes de intentar entrar, son sustituidas sistemáticamente por empujones sin sentido como si el simple hecho de entrar o salir fuese cuestión de vida o muerte.

Sí, también hay carteles con el mensaje “dejen salir antes de entrar“.

De verdad que a veces me hacen pensar que el resto de gente no les importa y pasan de interactuar o comunicarse con ellos.