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Birkebeinerrennet 2015

Una de las cosas que siempre quise hacer en Noruega, fue tener el suficiente nivel de esquí de fondo para poder participar en una competición. Y no en una cualquiera, sino en la Birkebeinerrennet, la más popular del país.

Dicha carrera se viene celebrando desde 1932 y discurre entre las localidades de Rena y Lillehammer durante 54 kilómetros por una zona montañosa bastante extensa. Tiene su pequeña historia, que paso a contar ahora.

Los Birkebeiner eran una agrupación político-armada en Noruega que existieron desde finales del siglo XII a principios del XIII. Durante aquella época hubo bastantes confrontaciones por el trono de Noruega y cuenta la historia que dos guerreros del grupo consiguieron poner a salvo al heredero de su facción, que tenía alrededor de un año. Recorrieron la distancia entre Rena y Lillehammer cargando con el niño y evitando a sus enemigos para llegar a zona segura.

Birkebeinerne

Los guerreros cargando a la criatura

Como recuerdo de esta hazaña, la carrera tiene que hacerse con una mochila que pese como mínimo 3,5 kg en la salida y la llegada, simbolizando el peso del niño que cargaron los dos leales Birkebeiner. Además de la de esquí de fondo, también hay versión de bicicleta y carrera a pie en otras épocas del año. Incluso hay una versión de la misma que se hace en EEUU.

Yo llevaba ya un tiempo queriendo participar y entrenando para ello. A pesar de haber aprendido a esquiar hace tan solo 6 años cuando llegué a Noruega, ya tenía la confianza y el entrenamiento para hacer todos esos kilómetros. En 2013, me decidí a participar para la de 2014 (sí, hay que inscribirse un año antes y es muy difícil conseguir dorsal ya que las 16.000 plazas suelen terminarse en cuestión de segundos) pero el invierno tan escaso de nieve y no haber entrenado lo suficiente hizo que vendiese mi plaza. Con tan buena suerte que la competición se canceló el día antes por mal tiempo y no devolvieron lo pagado.

Hubo tal cabreo entre los participantes que muchos decidieron no apuntarse este año, por lo que “solo” fuimos unos 11.000, cifra que aun así no está nada mal.

Tengo que decir que participar en esta carrera no es barato, ya de por sí cuesta 1.300 NOK (algo más de 150 euros) y hay que añadir la licencia de la federación de esquí, transporte (y pernocta si hiciese falta), además del equipo. Una vez que empecé con esto, ya ni me molesté en mirar lo que costaba cada cosa que iba saliendo, así que yo pagaba sin mirar. Pero la satisfacción de haber participado en algo así… no se compra con dinero. O eso me digo yo para que la cartera no duela tanto 🙂

Durante todo el invierno estuve entrenando bastante, mezclando tiradas largas de esquí de fondo con entrenamiento en gimnasio. Noté bastante el tener las piernas más fuertes para mejorar la técnica y algunos días que tuve que salir a esquiar con principiantes, aproveché para no usar bastones que también viene bien. Haber aprendido a esquiar hace tan poco, significa que no tengo una técnica muy depurada, es decir, que prácticamente avanzo a base de cardio y fuerza bruta.

De todos modos, el final de temporada fue bastante escaso de nieve también y el fin de semana anterior a la carrera tuve que ir a una zona cercana a Lillehammer para hacer el último entreno. Una lástima que también llevase un catarrazo impresionante que hizo que tuviese que tomármelo con calma. Pero los paseos esquiando y la dieta de ajos crudos, me libraron de lo peor del resfriado en un santiamén. Todavía el día de la competición tenía algún que otro síntoma, pero nada comparado a como estaba la semana anterior.

Mi plan para ir y volver era alquilar un coche, madrugar y que un amigo me llevase a Rena y me fuese a recoger a la meta. ¡Gracias, David! La salida era por oleadas de unos cientos de personas. Yo estaba en la 24 al no tener marca de otros años, así que empezaría tarde y no tendría que madrugar en exceso aunque el trayecto desde Oslo fuesen algo más de dos horas.

En el coche camino a Rena

Ya en Rena, recogí el dorsal y empecé a preparar todo el equipo. Parece que llevar 3,5 kg en la mochila que vayan a permanecer todo el tiempo es fácil, pero no lo es tanto. El día anterior estuve haciendo la mochila y aunque había bastantes cosas que la organización proponía como obligatorias (ropa de abrigo, comida extra…) no era suficiente para llegar a ese peso. Así que para asegurarme que no había problemas, metí un paquete de lentejas, que es bastante compacto y me daba ese extra de peso necesario. Vaya viajecito que se pegaron las amigas, pero se dio buena cuenta de ellas unos días más tarde. Tuvieron un final feliz.

Preparado para la carrera

Listo para ir a por el autobús

Desde el pabellón de recogida de dorsales, salía un autobús que te llevaba hasta la zona de salida. Puse cera a los esquíes, me despedí de David y puse rumbo a la aventura.

Una vez arriba, había ambiente pero no tanto. Ya dije que iba en una de las últimas oleadas, por lo que la mayoría de gente animando ya se había ido. Imaginad el ritmo de salida de gente y la cantidad tan enorme de participantes con la que pongo aquí abajo.

Esta sería la oleada número 20, en total son unas 30

La carrera en sí tiene bastante desnivel acumulado, pero la primera parte es si cabe más dura ya que es donde se empieza a ascender bastante. Hay que ser muy conservador ya que si lo das todo ahí, puedes quedarte sin energía más adelante.

Perfil Birkebeinerrennet ski

El perfil de la carrera en digital

Casi el primer tercio es de subida constante, que hace que se tenga que ser muy inteligente administrando las fuerzas. Además viene el añadido de haber escogido la cera correcta para los esquíes, ya que podría deslizar demasiado.

Afortunadamente tuvimos suerte y el día anterior nevó muchísimo por lo que la nieve era fresca. Las temperaturas se mantuvieron bajas. Las condiciones eran las mejores imaginables, porque había que sumar que los cielos estaban totalmente despejados. Fue muy afortunado poder participar en la carrera con unas condiciones tan buenas, algunos decían que las mejores en los últimos 20 años. Pero sigo con la carrera en sí.

Toda la parte inicial de subida me fue bien aunque tuve que añadir algo más de cera porque resbalaba un poco. Me encontraba cómodo con los esquíes y se notaba que no estaba en el grupo que me correspondía porque me pasé todo ese tiempo adelantando gente. Tampoco me importó mucho porque había unos seis carriles y no eran realmente un estorbo.

Al llegar a Dambua ya se podía decir que lo peor había pasado. Aunque hubiese que subir todavía un par de repechos, no era nada comparado con lo anterior. La tendencia ahora era ir llano o bajar en su mayoría.

En las bajadas tengo que agradecer a otro amigo que un par de días antes echásemos cera deslizante a los esquíes. ¡Gracias Javi! Volaba durante las eternas bajadas en las que ni te molestabas en frenar. Permanecías dentro de tu carril y simplemente te dejabas llevar. Mi reloj llegó a marcar como velocidad máxima unos 45 km/h. Algo que no me gustó es  lo cerda que es la gente. Casi todo el mundo llevaba geles para ir tomando por el camino y en algunos tramos era asqueroso ver todo lleno de desperdicios. Se le añade el riesgo de que te topases con uno dentro de la huella del esquí cuando bajabas a gran velocidad y te jugases el tipo, como me pasó a mí. Afortunadamente tuve buenos reflejos y no caí.

Llegando a Sjusjøen, el ambiente aumentó. Todo el mundo animaba como locos y descubrí que era porque llevaban todo el día al sol, tomando cervezas y otros licores. Increíble que incluso se emborrachen para estas cosas. Desde el lado del participante, se agradeció que estuviesen animados, quizás a ratos en exceso. Pero es la primera vez que veo a noruegos animando a participantes con tantas ganas en una competición.

En ese punto, ya estaba bastante cansado. No era un cansancio de no poder más, sino de estar un poco aburrido de tanto darle al esquí y los bastones. No me imagino hacer esto mismo con unas condiciones meteorológicas peores, tiene que machacar bastante anímicamente.

Desde Sjusjøen, ya sí que era todo bajada, aunque una bajada muy perversa por estrecharse el camino, ser muy fuerte y haber un montón de curvas. De hecho el camino estaba tan mal que ya no había huella de los esquíes y todo el mundo bajaba haciendo la cuña, por lo que la pista se había convertido en una trampa de hielo. Yo me lo tomé con calma y me alegro de haber reservado bastante. Llegar a un sitio de una pendiente tan acusada después de más de 40 kilómetros y tener que hacer un esfuerzo extra para frenar, habría terminado por derrotarme o en la cuneta. De todos modos vi a mucha gente tirada por los suelos con señales de haberse hecho bastante daño. Un punto para la organización es que ya conocían que esa zona era conflictiva y tenían un buen dispositivo montado para recoger los despojos de los participantes 🙂

Yo seguí disfrutando de los últimos momentos de la carrera, de lo bien que me encontraba físicamente y de saber que iba a llegar muy por debajo de mi objetivo de 6 horas. Al final serían 5h39m, nada mal para ser mi primera competición de este tipo.

Diploma Birkebeinerrennet 2015

Diploma por haber terminado la competición

La gente de marathon-photos nos sacó fotos durante la carrera que luego venden a precio de sangre de unicornio aunque sean terriblemente malas.

También hay cuatro vídeos de distintos puntos de la carrera, entre ellos la llegada a meta. Soy uno de los que va de azul, a ver si me encontráis.

En resumen, muy contento con el resultado y cómo se comportó mi cuerpo. Como siempre todo conseguido gracias a los consejos de Juan Carlos (Twitter y Facebook), ya que sin él sería todo mucho más complicado.

Estadísticas de la carrera

Dovrefjell: Åmotdalshytta – Snøheim

Como punto final de esta excursión, decidimos volver por una ruta distinta a la de la ida, sin tener que encumbrar de nuevo el Snøhetta. Tampoco hubiese servido de mucho subir hasta allí porque no habrí­amos visto absolutamente nada. El dí­a se levantó con una niebla espesa y bastante cerrada que te impedí­a ver más allá de cien metros. Mientras pudiésemos ver las marcas rojas de la DNT, era más que suficiente.

Esta es la vista que se nos ofrecí­a

Tuvimos que dedicarnos a tomar fotos de planos cortos

El camino no discurrí­a por puntos por los que ya hubiésemos estado antes y de haber tenido visibilidad, seguro que habrí­amos tenido unas vistas bastante buenas, pero menos daba una piedra. Así­ con todo pudimos ver algunas zonas con pequeños lagos, rí­os de deshielo y grandes neveros.

La visibilidad era malí­sima en algunos puntos

Gran parte de la ruta es un continuo sube y baja que se hací­a algo pesado por no saber cuándo terminaba, pero al llegar a una zona donde parecí­a que todo comenzaba a ser cuesta abajo, ya nos hicimos a la idea que iba a ser coser y cantar.

Por ahí­ arriba debe estar la subida al Snøhetta

Un pequeño lago en el que el nevero tení­a una forma peculiar

El agua de los lagos era calmada y cristalina

Las zonas de nieve hací­an que todo fuese de color blanco

Pequeño puente por encima del rí­o

Algunos pasos por encima del rí­o como el anterior tení­an un cierto grado de peligrosidad, porque parecí­a que la nieve podí­a venirse abajo, pero eran grandes bloques muy difí­ciles de deshacer.

A ésto me refiero con lo de que era arriesgado

Un trecho en llano más tarde, llegábamos a la cabaña que todaví­a estaba en construcción (Snøheim) desde donde empezamos un par de dí­as antes. Tuvimos que esperar un buen rato hasta que llegó el autobús bajo una fina lluvia que lo empapaba todo, pero hicimos tiempo comiendo debidamente lo último que nos quedaba, para no llevar peso innecesario.

La estancia en Dovrefjell me resultó distinta a lo que estoy acostumbrado, pues siguen sin llamarme la atención esos grandes espacios abiertos de vegetación amarronada y valles repletos de agua hasta el punto de convertirse en marismas. La sensación de humedad era un poco desagradable. Algo que me gustó fue la libertad que te da una tienda de campaña para pasar la noche a pesar de tener que cargar con ella. En esta ocasión llevamos una para cuatro personas, así­ que siendo dos estábamos sobrados de espacio.

Me quedo con ganas de conocer más parques de Noruega, dicen que Rondane está también muy bien, pero no sé… la alta montaña escandinava no me convence 🙂

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Dovrefjell: Snøheim – Snøhetta – Åmotdalshytta

Aprovechando la visita de Fermín a tierras noruegas por segunda vez, nos pusimos en marcha hacia uno de los parques naturales del país llamado Dovrefjell. La idea era subir a su montaña más alta (Snøhetta, 2286 msnm.) y perdernos un poco por la zona sin rumbo definido. Tomarí­amos como base para plantar la tienda los alrededores de una cabaña de la DNT llamada Åmotdalshytta. Siempre viene bien estar cerca de algún refugio decente por si el tiempo se pone más feo de la cuenta, estamos en Noruega y aunque es verano, siempre puede haber tormentas inesperadas.

Salimos desde Oslo en dirección a Hjerkinn un jueves por la tarde, llevándonos el viaje en total unas cinco horas. Lo bueno del verano es que siempre hay luz así­ que no tení­amos problemas en encontrar un sitio para plantar la tienda por muy tarde que fuese. Lo malo es que los mosquitos tampoco tienen horario y nos acribillaron mientras montábamos la tienda. Fue toda una aventura entrar en ella procurando que los mosquitos no se colasen dentro.

Después de una noche de sueño plácido nos levantamos para coger el autobús que llega hasta el refugio, todaví­a sin inaugurar, de Snøheim. No es posible transitar la zona porque es un antiguo lugar de pruebas del ejército noruego y lo están limpiando de restos de metralla y material explosivo. Divertido cuanto menos…

Vista de Snøhetta desde Snøheim

Hay diversas rutas que van hasta la cima principal de la montaña y nosotros optamos por la menos directa. Implicaba dar un pequeño rodeo, pero el desnivel no iba a ser tan pronunciado como por las otras y, ¡qué demonios!, no teníamos ninguna prisa. En la foto anterior se puede ver que subimos por todo el perfil de la loma de la derecha, poquito a poco.

Tuvimos que bordear un lago y atravesarlo por encima de un gran nevero que todaví­a lo cubrí­a por la desembocadura de uno de los muchos afluentes, pero no hubo más obstáculos hasta la cumbre. Solo un tramo bastante largo de rocas muy grandes que tení­as que ir saltando y se hací­a muy pesado.

La parte final antes de llegar a cima está cubierta de nieve, pero la temperatura era lo suficientemente buena como para que estuviese blanda y fuese fácil pisar sin resbalar.

Ultimos metros de la ascensión a Snøhetta

Durante los últimos momentos de ascensión ya se veí­a el monolito que suele estar en las cimas de muchas montañas (en España sirven como vértices geodésicos) pero no era nada más que una ilusión óptica.

Por más que andábamos no llegábamos nunca al dichoso monolito

Se hací­a extraño avanzar constantemente y no llegar nunca al destino, hasta que ya estando muy cerca, nos dimos cuenta del motivo.

Los dos monolitos de Snøheim

El de tamaño normal ahí­ estaba, empequeñecido al lado de su hermano mayor. Después de las fotos de rigor, resguardarnos del viento que hací­a y comer un poco, empezamos a bajar por la ladera norte de la montaáa, que estaba mucho más llena de nieve.

Foto de cima en Snøhetta

La cara Norte estaba mucho mas cargada de nieve y empinada que la Este

Unas polainas hubiesen venido muy bien para hacer esa bajada, porque la nieve se metí­a por todas partes y las botas se terminaron mojando, aunque mientras los pies estuviesen calientes no habí­a problema.

Después de la parte de nieve, tocaba otra vez roca

Y justo después pradera y arroyos

El valle donde se encuentra el refugio de Åmotdalshytta es bastante amplio, con un par de lagos que se nutren de los innumerables torrentes del deshielo de las cumbres cercanas y que en ocasiones más parece un pantano o un arrozal que alta montaña. Con un tiempo más que aceptable y unos caminos bien definidos, llegar a la cabaña fue coser y cantar.

Nuestra fuente particular con un cartel bien aclaratorio de lo que es agua

Distintos edificios que forman parte de Åmotdalshytta

Montamos la tienda a una distancia prudencial del refugio porque así­ lo indicaban distintos carteles aunque hubiese estado muy bien poder plantarla cerca de una de las casas y por lo tanto más protegida del viento. Pero en esta ocasión hubo tiempo para dejarla perfecta y ni el mayor huracán la habrí­a arrastrado. Bueno, exagero, pero es la impresión que daba.

La tienda con Snøhetta al fondo, y su cumbre nublada

Después de todo el dí­a caminando deberí­amos haber descansado, pero al siguiente tení­amos intención de hacer otra ruta y quisimos explorar un poco más. Un poco más abajo del track hay más información.

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Para explorar un poco el tramo final de la ruta del dí­a siguiente, nos aventuramos a intentar cruzar el rí­o en repetidas ocasiones. Habí­a señales indicando que el camino iba por allí­, pero al estar tan crecido era imposible hacerlo porque todas las piedras estaban cubiertas de agua. Quizás desde el otro lado fuese más fácil encontrar la ruta así­ que decidimos dejarlo todo en la mano del destino.

El tema al dí­a siguiente iba a estar movidito

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Campeonato mundial de esquí nórdico (Oslo Ski-VM 2011)

Del 23 de febrero al 6 de marzo se ha celebrado en Oslo el Campeonato mundial de esquí nórdico u Oslo Ski-VM 2011, como le gusta llamarlo a los noruegos. Si se pudiese hacer una comparación del ambiente que hay en Noruega durante los días que se celebra, sería como si en España hubiese un mundial de fútbol en el que la selección nacional fuese la favorita. Las siglas VM han estado impresas por todas partes y han llegado a cansar porque además de los típicos anuncios de descuentos en ropa de invierno por el VM, también se invitaba a comer pan con mucha energía para el VM, beber cerveza-VM o comer salchichas-VM entre otras cosas. Vamos, pelín agobiante. Además se instalaron pantallas gigantes en varios sitios de la ciudad, estatuas gigantes de hielo y nieve, distintas atracciones… El que se aburría era porque quería.

Una de las pantallas gigantes de las que hablaba

A mí sinceramente no es que me llame mucho la atención, pero es algo que creo que solo viviré una vez en la vida y es imposible mantenerte en una burbuja para permanecer aislado de todo.

De las competiciones en sí, estoy seguro que de lo que más se ha podido hablar es de los relevos de 4x10km y de la llegada a meta del último participante noruego, Petter Northug. El susodicho es muy bueno esquiando, pero no tiene mucho sentido de la deportividad y a continuación podéis ver lo que hizo.

Petter Northug llegando a meta en los relevos 4x10km

En Noruega no está muy bien visto que haga ese tipo de cosas (no es la primera vez que da titulares de este estilo) y en general la gente le desprecia un poco por aquello de que destacar está penalizado.

De todos modos, no es el primero que hace algo parecido. El esquiador Bjørn Dæhlie, en las olimpiadas del 92 en Albertville, entró a meta de espaldas. Podéis verlo en el siguiente ví­deo. He forzado a que el ví­deo empiece en el momento interesante, porque es una recopilación de imágenes del esquiador.

Bjørn Dæhlie entrando a meta de espaldas en Albertville 92

De esta manera, el sábado pasado, penúltimo dí­a del mundial, decidí­ ir desde Sognsvann hasta Frognerseteren esquiando y ver la prueba de 30km estilo libre de mujeres. Lo que se dice ver… no se ve mucho, pero el ambiente es bastante sorprendente. Lo de ir esquiando hasta la pista de la competición es un decir porque habí­a tal cantidad de gente que acabé por quitarme los esquí­es y avanzar andando porque se iba más rápido.

Cola de gente que salí­a del metro

Era imposible poder esquiar, así­ que muchos decidimos cargar con los esquí­es

Poco a poco fuimos llegando a la zona donde estaba la pista y como la gente empezaba a desperdigarse por el lugar, ya pudimos ponernos los esquí­es aunque solo durante un rato. Empezaron a aparecer tiendas de campaña en los lados del camino, pero tiendas de verdad, enormes, con chimenea en el interior y hasta habí­a noruegos con televisiones conectadas a baterí­as de coche para poder seguir las carreras tranquilamente.

Estos eran algunos de los campamentos que tenían montados

Al llegar cerca de la pista, ya vimos que iba a ser imposible acercarse más, nos pusimos donde creímos que era el mejor sitio y nos dejamos llevar por el ambiente.

Atención al tipo subido al árbol

Y aquí­ tenéis a los esquiadores subiendo y la gente gritando a lo loco

Como no se aprecia el ambiente, grabé un video con el móvil, pero la calidad es bastante mala, espero se me entienda 😛

Después de acabar la prueba, de la que prácticamente vimos lo que hay en la foto, pero tres veces, nos fuimos a esquiar en condiciones, que a eso habíamos ido.

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Ruta: Sørvågen – Djupfjordheia – Merraflestinden

Durante el viaje por las islas Lofoten, planeamos hacer alguna ruta si el día se levantaba despejado. Aunque eso de establecer diferencia entre el día y la noche en un lugar así es un poco extraño. Encontré una ruta que prometía bastante casi al final de las islas y siempre nos quedaba la opción de ir hasta el refugio Munkebu, un lugar desde el que hacer noche para descubrir aún más toda la zona interior de la isla de Moskenesøya. Así­ que armados con mi GPS y un track que encontré por ahí­, pusimos rumbo a nuestro primer objetivo, una elevación llamada Djupfjordheia.

Salimos del pueblo de Sørvågen por un camino no muy complicado que poco a poco iba ascendiendo y dejándonos apreciar unas vistas cada vez más increí­bles. La ruta asciende por el lateral de tres lagos a distintas alturas. Son el Stuvdalsvannet, Tridalsvannet y Fjerddalsvannet.

Vista del segundo lago, el Tridalsvannet

Una vez en nuestro primer objetivo, el Djupfjordheia, ya empezamos a admirar las vistas y lamentar que estuviese un poco nublado. Aprovechamos para comer y sacar unas cuantas fotos. No fuimos los únicos que pasaron por allí­.

Nuestro siguiente objetivo, el Merraflestinden, a la derecha

Gente desfilando hacia el refugio Munkebu

Quedaba nieve a escasos 500 msnm a principios de julio

Casi todo el mundo iba en dirección a Munkebu, pero nosotros decidimos ir en otra dirección, hasta el Merraflestinden, desde donde supusimos que habrí­a mejores vistas. Y así­ fue.

El pueblo de Sørvågen y las pequeñas islas al final de las Lofoten

En la cima del Merraflestinden con Djupfjorden y su puente

Esta es prácticamente igual a una foto anterior, pero conmigo, así­ que el paisaje gana 😀

Vista de tierra firme al fondo. Vaya montañitas que hay al lado del mar…

Sørvågen de nuevo, con el ferry que va a Bodø saliendo de puerto

Esta es para demostrar el pedazo de zoom de la cámara

Con las mismas nos fuimos por donde vinimos, no quisimos arriesgarnos a investigar nuevos caminos porque tení­amos un lisiado con nosotros y no era cuestión de forzar la máquina.

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Vitamina D

A puntito de comenzar mi tercer invierno en Noruega y después de la experiencia de estos dos años voy a hacer un experimento para comprobar algo que hice mi primer invierno aquí inconscientemente.

Primero de todo hay que hacer un pequeño resumen de lo que pasa aquí durante este período. En invierno, además del frío y la nieve que pueda haber, lo que más puede molestar es la falta de horas de luz. Prácticamente se vive en noche constante. Dicen que a veces la nieve ayuda a que haya más claridad al tener las calles blancas, pero es algo que no llega hasta finales de diciembre o principios de enero. De todos modos, la luz del sol es necesaria porque al contacto con la piel facilita que generemos vitamina D, una de las vitaminas a las que menos se presta atención porque en países como España es muy complicado tener niveles descompensados. Más información sobre la vitamina.

Los noruegos suelen tomar aceite de hígado de bacalao o pastillas con omega3 para suplir esa falta durante el invierno.

Mi primer invierno en el país no noté absolutamente nada, todo fue a la perfección. Pero el segundo sí que noté algún que otro cambio de humor y cansancio generalizado.

Una teoría que barajo es que durante el primer invierno estuve siguiendo una dieta para entrenamiento de volumen en el gimnasio. El segundo, no.

Sin saberlo comí grandes cantidades de lácteos, huevos cocidos, salmón y atún entre otras cosas. Todo ello son fuentes bastante importantes de vitamina D.

Por lo tanto, como quiero volver a recuperar el peso que perdí durante los entrenamientos de la maratón, seguiré de nuevo la preciada “Dieta de volumen mágica” y comprobaremos si realmente afecta en algo a los niveles de vitamina D.

Mientras tanto, disfrutad con este vídeo de nuestros amigos los Fraguel Rock.