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Birkebeinerrennet 2015

Una de las cosas que siempre quise hacer en Noruega, fue tener el suficiente nivel de esquí de fondo para poder participar en una competición. Y no en una cualquiera, sino en la Birkebeinerrennet, la más popular del país.

Dicha carrera se viene celebrando desde 1932 y discurre entre las localidades de Rena y Lillehammer durante 54 kilómetros por una zona montañosa bastante extensa. Tiene su pequeña historia, que paso a contar ahora.

Los Birkebeiner eran una agrupación político-armada en Noruega que existieron desde finales del siglo XII a principios del XIII. Durante aquella época hubo bastantes confrontaciones por el trono de Noruega y cuenta la historia que dos guerreros del grupo consiguieron poner a salvo al heredero de su facción, que tenía alrededor de un año. Recorrieron la distancia entre Rena y Lillehammer cargando con el niño y evitando a sus enemigos para llegar a zona segura.

Birkebeinerne

Los guerreros cargando a la criatura

Como recuerdo de esta hazaña, la carrera tiene que hacerse con una mochila que pese como mínimo 3,5 kg en la salida y la llegada, simbolizando el peso del niño que cargaron los dos leales Birkebeiner. Además de la de esquí de fondo, también hay versión de bicicleta y carrera a pie en otras épocas del año. Incluso hay una versión de la misma que se hace en EEUU.

Yo llevaba ya un tiempo queriendo participar y entrenando para ello. A pesar de haber aprendido a esquiar hace tan solo 6 años cuando llegué a Noruega, ya tenía la confianza y el entrenamiento para hacer todos esos kilómetros. En 2013, me decidí a participar para la de 2014 (sí, hay que inscribirse un año antes y es muy difícil conseguir dorsal ya que las 16.000 plazas suelen terminarse en cuestión de segundos) pero el invierno tan escaso de nieve y no haber entrenado lo suficiente hizo que vendiese mi plaza. Con tan buena suerte que la competición se canceló el día antes por mal tiempo y no devolvieron lo pagado.

Hubo tal cabreo entre los participantes que muchos decidieron no apuntarse este año, por lo que “solo” fuimos unos 11.000, cifra que aun así no está nada mal.

Tengo que decir que participar en esta carrera no es barato, ya de por sí cuesta 1.300 NOK (algo más de 150 euros) y hay que añadir la licencia de la federación de esquí, transporte (y pernocta si hiciese falta), además del equipo. Una vez que empecé con esto, ya ni me molesté en mirar lo que costaba cada cosa que iba saliendo, así que yo pagaba sin mirar. Pero la satisfacción de haber participado en algo así… no se compra con dinero. O eso me digo yo para que la cartera no duela tanto 🙂

Durante todo el invierno estuve entrenando bastante, mezclando tiradas largas de esquí de fondo con entrenamiento en gimnasio. Noté bastante el tener las piernas más fuertes para mejorar la técnica y algunos días que tuve que salir a esquiar con principiantes, aproveché para no usar bastones que también viene bien. Haber aprendido a esquiar hace tan poco, significa que no tengo una técnica muy depurada, es decir, que prácticamente avanzo a base de cardio y fuerza bruta.

De todos modos, el final de temporada fue bastante escaso de nieve también y el fin de semana anterior a la carrera tuve que ir a una zona cercana a Lillehammer para hacer el último entreno. Una lástima que también llevase un catarrazo impresionante que hizo que tuviese que tomármelo con calma. Pero los paseos esquiando y la dieta de ajos crudos, me libraron de lo peor del resfriado en un santiamén. Todavía el día de la competición tenía algún que otro síntoma, pero nada comparado a como estaba la semana anterior.

Mi plan para ir y volver era alquilar un coche, madrugar y que un amigo me llevase a Rena y me fuese a recoger a la meta. ¡Gracias, David! La salida era por oleadas de unos cientos de personas. Yo estaba en la 24 al no tener marca de otros años, así que empezaría tarde y no tendría que madrugar en exceso aunque el trayecto desde Oslo fuesen algo más de dos horas.

En el coche camino a Rena

Ya en Rena, recogí el dorsal y empecé a preparar todo el equipo. Parece que llevar 3,5 kg en la mochila que vayan a permanecer todo el tiempo es fácil, pero no lo es tanto. El día anterior estuve haciendo la mochila y aunque había bastantes cosas que la organización proponía como obligatorias (ropa de abrigo, comida extra…) no era suficiente para llegar a ese peso. Así que para asegurarme que no había problemas, metí un paquete de lentejas, que es bastante compacto y me daba ese extra de peso necesario. Vaya viajecito que se pegaron las amigas, pero se dio buena cuenta de ellas unos días más tarde. Tuvieron un final feliz.

Preparado para la carrera

Listo para ir a por el autobús

Desde el pabellón de recogida de dorsales, salía un autobús que te llevaba hasta la zona de salida. Puse cera a los esquíes, me despedí de David y puse rumbo a la aventura.

Una vez arriba, había ambiente pero no tanto. Ya dije que iba en una de las últimas oleadas, por lo que la mayoría de gente animando ya se había ido. Imaginad el ritmo de salida de gente y la cantidad tan enorme de participantes con la que pongo aquí abajo.

Esta sería la oleada número 20, en total son unas 30

La carrera en sí tiene bastante desnivel acumulado, pero la primera parte es si cabe más dura ya que es donde se empieza a ascender bastante. Hay que ser muy conservador ya que si lo das todo ahí, puedes quedarte sin energía más adelante.

Perfil Birkebeinerrennet ski

El perfil de la carrera en digital

Casi el primer tercio es de subida constante, que hace que se tenga que ser muy inteligente administrando las fuerzas. Además viene el añadido de haber escogido la cera correcta para los esquíes, ya que podría deslizar demasiado.

Afortunadamente tuvimos suerte y el día anterior nevó muchísimo por lo que la nieve era fresca. Las temperaturas se mantuvieron bajas. Las condiciones eran las mejores imaginables, porque había que sumar que los cielos estaban totalmente despejados. Fue muy afortunado poder participar en la carrera con unas condiciones tan buenas, algunos decían que las mejores en los últimos 20 años. Pero sigo con la carrera en sí.

Toda la parte inicial de subida me fue bien aunque tuve que añadir algo más de cera porque resbalaba un poco. Me encontraba cómodo con los esquíes y se notaba que no estaba en el grupo que me correspondía porque me pasé todo ese tiempo adelantando gente. Tampoco me importó mucho porque había unos seis carriles y no eran realmente un estorbo.

Al llegar a Dambua ya se podía decir que lo peor había pasado. Aunque hubiese que subir todavía un par de repechos, no era nada comparado con lo anterior. La tendencia ahora era ir llano o bajar en su mayoría.

En las bajadas tengo que agradecer a otro amigo que un par de días antes echásemos cera deslizante a los esquíes. ¡Gracias Javi! Volaba durante las eternas bajadas en las que ni te molestabas en frenar. Permanecías dentro de tu carril y simplemente te dejabas llevar. Mi reloj llegó a marcar como velocidad máxima unos 45 km/h. Algo que no me gustó es  lo cerda que es la gente. Casi todo el mundo llevaba geles para ir tomando por el camino y en algunos tramos era asqueroso ver todo lleno de desperdicios. Se le añade el riesgo de que te topases con uno dentro de la huella del esquí cuando bajabas a gran velocidad y te jugases el tipo, como me pasó a mí. Afortunadamente tuve buenos reflejos y no caí.

Llegando a Sjusjøen, el ambiente aumentó. Todo el mundo animaba como locos y descubrí que era porque llevaban todo el día al sol, tomando cervezas y otros licores. Increíble que incluso se emborrachen para estas cosas. Desde el lado del participante, se agradeció que estuviesen animados, quizás a ratos en exceso. Pero es la primera vez que veo a noruegos animando a participantes con tantas ganas en una competición.

En ese punto, ya estaba bastante cansado. No era un cansancio de no poder más, sino de estar un poco aburrido de tanto darle al esquí y los bastones. No me imagino hacer esto mismo con unas condiciones meteorológicas peores, tiene que machacar bastante anímicamente.

Desde Sjusjøen, ya sí que era todo bajada, aunque una bajada muy perversa por estrecharse el camino, ser muy fuerte y haber un montón de curvas. De hecho el camino estaba tan mal que ya no había huella de los esquíes y todo el mundo bajaba haciendo la cuña, por lo que la pista se había convertido en una trampa de hielo. Yo me lo tomé con calma y me alegro de haber reservado bastante. Llegar a un sitio de una pendiente tan acusada después de más de 40 kilómetros y tener que hacer un esfuerzo extra para frenar, habría terminado por derrotarme o en la cuneta. De todos modos vi a mucha gente tirada por los suelos con señales de haberse hecho bastante daño. Un punto para la organización es que ya conocían que esa zona era conflictiva y tenían un buen dispositivo montado para recoger los despojos de los participantes 🙂

Yo seguí disfrutando de los últimos momentos de la carrera, de lo bien que me encontraba físicamente y de saber que iba a llegar muy por debajo de mi objetivo de 6 horas. Al final serían 5h39m, nada mal para ser mi primera competición de este tipo.

Diploma Birkebeinerrennet 2015

Diploma por haber terminado la competición

La gente de marathon-photos nos sacó fotos durante la carrera que luego venden a precio de sangre de unicornio aunque sean terriblemente malas.

También hay cuatro vídeos de distintos puntos de la carrera, entre ellos la llegada a meta. Soy uno de los que va de azul, a ver si me encontráis.

En resumen, muy contento con el resultado y cómo se comportó mi cuerpo. Como siempre todo conseguido gracias a los consejos de Juan Carlos (Twitter y Facebook), ya que sin él sería todo mucho más complicado.

Estadísticas de la carrera

Skjeggedal – Trolltunga

Durante el verano pasado estuvimos en una boda de un amigo en Stavanger y aprovechando que era verano y todavía me quedaba por visitar otra de las maravillas naturales de Noruega como es Trolltunga, planeamos la excursión a dicho lugar. No era la primera vez que había intentado ir allí, pero la vez anterior no había planificado bien el tiempo e íbamos muy justos, así que tuvimos que descartarlo para hacer cosas similares. Esta vez había tiempo de sobra y era nuestro único objetivo, así que podíamos tomárnoslo con calma.

El objetivo inicial era aproximarnos a Skjeggedal por la tarde, acampar allí y al día siguiente hacer la excursión madrugando debidamente. El problema fue que al llegar a Skjeggedal, nos dijeron que no estaba permitido acampar, así que hubo que variar el plan para hacer la primera parte de la ascensión (la más dura) ya muy tarde pero todavía con luz. Lo bueno del verano en Noruega es que hay muchas más horas de luz. Pero no quitaba para tener que hacer una ascensión de casi 700 metros cargados con todas las cosas que teníamos pensado haber dejado abajo.

Una vez elegido el sitio en un lugar más o menos llano, empezamos a montar la tienda deprisa y corriendo ya que la luz se empezaba a ir. De otras experiencias con la tienda en Noruega ya sabía que lo principal era que no se colasen los mosquitos, sobre todo sin luz para luego poder cazarlos dentro.

Campamento

 Foto de la mañana siguiente de cómo quedó la tienda

Aproximadamente a las 23.30 ya había anochecido pero nosotros estábamos guarecidos en la tienda comiendo la cena, pero nos faltaba agua. A pesar de estar oscurísimo y solo disponer de una pequeña linterna en mi llavero, salí al encuentro de agua corriente. En este país no es muy complicado encontrarla así que tenía la esperanza de no estar mucho tiempo de paseo nocturno. Guiándome por el oído me acerqué hasta un riachuelo y cargué todas las botellas que llevaba.

Después de una noche de plácido sueño y algún que otro ronquido, nos levantamos pronto para aprovechar el día. Todavía estaba amaneciendo y nuestra tienda estaba en sombra así que el frescor se hacía notar. La ventaja de habernos quitado de encima esa primera parte y caminar sin apenas carga se agradeció durante la jornada. El comienzo de la ruta discurre por una canal sombría que poco a poco fue llenándose de los primeros rayos de sol y dejándonos una vista espectacular del valle donde teníamos nuestra tienda.

Subida a Trolltunga

Cuesta y valle donde plantamos la tienda

Tras el primer escollo, prácticamente se camina en llano, al borde de las altas paredes que encierran al lago Ringedalsvatnet. Ese largo paseo hasta Trolltunga está lleno de paisajes espectaculares mires donde mires y como puede apreciarse en las fotos, el tiempo acompañó.

Vistas del lago

 Primeras vistas de Ringedalsvatnet

Aún estando en agosto, es complicado tener días tan buenos como el que tuvimos, se puede decir que fuimos afortunados.

Trolltunga

Buen tiempo + buenas vistas = gran foto

Además durante todo el paseo, cargamos con un tupper lleno de muffins de la boda del amigo que contaba al principio. Dimos buena cuenta de ellos cerca de la roca después de los bocadillos que nos metimos entre pecho y espalda.

Muffins en Trolltunga

La prueba de que cargamos con los muffins

Para el camino de retorno, lo hicimos exactamente por el mismo lugar, disfrutando nuevamente de las vistas aunque con un poco de miedo por las nubes que comenzaban a aparecer.

Camino de regreso

Camino de vuelta hacia la tienda

 

Lago con nubes

 Riachuelo desembocando en el lago

En uno de los numerosos ríos y lagos del camino, nos dimos un bien merecido baño. A tiempo porque después las nubes cubrieron todo e incluso llovió brevemente. Así es el clima en Noruega, impredecible.

Secando toalla

Secando la toalla después del baño

Una vez en la tienda y tras descansar un rato, desmontamos todo y descendimos hasta el coche bastante penosamente. Prácticamente caminamos durante todo el día y tener que portear la tienda al final de la jornada se hizo muy pesado.

Descenso cargados

Cargando la tienda y demás cosas en la bajada hasta el coche

Otra marca más que pongo en mi lista de cosas pendientes por hacer en Noruega. Cada vez quedan menos.

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Laponia: entrada navideña

No puedo perder la ocasión de mostraros un remake de todo un clásico que muchos recordaréis de esta antigua entrada.

Laponia es una región geográfica que comprende partes de Noruega, Finlandia, Rusia y Suecia, por eso me extraña que en el vídeo se diga lo que se diga de Noruega si forma parte de ella, tal vez por mantener cosas del vídeo antiguo. Y sí, lo voy a volver a poner.

Dovrefjell: Åmotdalshytta – Snøheim

Como punto final de esta excursión, decidimos volver por una ruta distinta a la de la ida, sin tener que encumbrar de nuevo el Snøhetta. Tampoco hubiese servido de mucho subir hasta allí porque no habrí­amos visto absolutamente nada. El dí­a se levantó con una niebla espesa y bastante cerrada que te impedí­a ver más allá de cien metros. Mientras pudiésemos ver las marcas rojas de la DNT, era más que suficiente.

Esta es la vista que se nos ofrecí­a

Tuvimos que dedicarnos a tomar fotos de planos cortos

El camino no discurrí­a por puntos por los que ya hubiésemos estado antes y de haber tenido visibilidad, seguro que habrí­amos tenido unas vistas bastante buenas, pero menos daba una piedra. Así­ con todo pudimos ver algunas zonas con pequeños lagos, rí­os de deshielo y grandes neveros.

La visibilidad era malí­sima en algunos puntos

Gran parte de la ruta es un continuo sube y baja que se hací­a algo pesado por no saber cuándo terminaba, pero al llegar a una zona donde parecí­a que todo comenzaba a ser cuesta abajo, ya nos hicimos a la idea que iba a ser coser y cantar.

Por ahí­ arriba debe estar la subida al Snøhetta

Un pequeño lago en el que el nevero tení­a una forma peculiar

El agua de los lagos era calmada y cristalina

Las zonas de nieve hací­an que todo fuese de color blanco

Pequeño puente por encima del rí­o

Algunos pasos por encima del rí­o como el anterior tení­an un cierto grado de peligrosidad, porque parecí­a que la nieve podí­a venirse abajo, pero eran grandes bloques muy difí­ciles de deshacer.

A ésto me refiero con lo de que era arriesgado

Un trecho en llano más tarde, llegábamos a la cabaña que todaví­a estaba en construcción (Snøheim) desde donde empezamos un par de dí­as antes. Tuvimos que esperar un buen rato hasta que llegó el autobús bajo una fina lluvia que lo empapaba todo, pero hicimos tiempo comiendo debidamente lo último que nos quedaba, para no llevar peso innecesario.

La estancia en Dovrefjell me resultó distinta a lo que estoy acostumbrado, pues siguen sin llamarme la atención esos grandes espacios abiertos de vegetación amarronada y valles repletos de agua hasta el punto de convertirse en marismas. La sensación de humedad era un poco desagradable. Algo que me gustó fue la libertad que te da una tienda de campaña para pasar la noche a pesar de tener que cargar con ella. En esta ocasión llevamos una para cuatro personas, así­ que siendo dos estábamos sobrados de espacio.

Me quedo con ganas de conocer más parques de Noruega, dicen que Rondane está también muy bien, pero no sé… la alta montaña escandinava no me convence 🙂

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Dovrefjell: Snøheim – Snøhetta – Åmotdalshytta

Aprovechando la visita de Fermín a tierras noruegas por segunda vez, nos pusimos en marcha hacia uno de los parques naturales del país llamado Dovrefjell. La idea era subir a su montaña más alta (Snøhetta, 2286 msnm.) y perdernos un poco por la zona sin rumbo definido. Tomarí­amos como base para plantar la tienda los alrededores de una cabaña de la DNT llamada Åmotdalshytta. Siempre viene bien estar cerca de algún refugio decente por si el tiempo se pone más feo de la cuenta, estamos en Noruega y aunque es verano, siempre puede haber tormentas inesperadas.

Salimos desde Oslo en dirección a Hjerkinn un jueves por la tarde, llevándonos el viaje en total unas cinco horas. Lo bueno del verano es que siempre hay luz así­ que no tení­amos problemas en encontrar un sitio para plantar la tienda por muy tarde que fuese. Lo malo es que los mosquitos tampoco tienen horario y nos acribillaron mientras montábamos la tienda. Fue toda una aventura entrar en ella procurando que los mosquitos no se colasen dentro.

Después de una noche de sueño plácido nos levantamos para coger el autobús que llega hasta el refugio, todaví­a sin inaugurar, de Snøheim. No es posible transitar la zona porque es un antiguo lugar de pruebas del ejército noruego y lo están limpiando de restos de metralla y material explosivo. Divertido cuanto menos…

Vista de Snøhetta desde Snøheim

Hay diversas rutas que van hasta la cima principal de la montaña y nosotros optamos por la menos directa. Implicaba dar un pequeño rodeo, pero el desnivel no iba a ser tan pronunciado como por las otras y, ¡qué demonios!, no teníamos ninguna prisa. En la foto anterior se puede ver que subimos por todo el perfil de la loma de la derecha, poquito a poco.

Tuvimos que bordear un lago y atravesarlo por encima de un gran nevero que todaví­a lo cubrí­a por la desembocadura de uno de los muchos afluentes, pero no hubo más obstáculos hasta la cumbre. Solo un tramo bastante largo de rocas muy grandes que tení­as que ir saltando y se hací­a muy pesado.

La parte final antes de llegar a cima está cubierta de nieve, pero la temperatura era lo suficientemente buena como para que estuviese blanda y fuese fácil pisar sin resbalar.

Ultimos metros de la ascensión a Snøhetta

Durante los últimos momentos de ascensión ya se veí­a el monolito que suele estar en las cimas de muchas montañas (en España sirven como vértices geodésicos) pero no era nada más que una ilusión óptica.

Por más que andábamos no llegábamos nunca al dichoso monolito

Se hací­a extraño avanzar constantemente y no llegar nunca al destino, hasta que ya estando muy cerca, nos dimos cuenta del motivo.

Los dos monolitos de Snøheim

El de tamaño normal ahí­ estaba, empequeñecido al lado de su hermano mayor. Después de las fotos de rigor, resguardarnos del viento que hací­a y comer un poco, empezamos a bajar por la ladera norte de la montaáa, que estaba mucho más llena de nieve.

Foto de cima en Snøhetta

La cara Norte estaba mucho mas cargada de nieve y empinada que la Este

Unas polainas hubiesen venido muy bien para hacer esa bajada, porque la nieve se metí­a por todas partes y las botas se terminaron mojando, aunque mientras los pies estuviesen calientes no habí­a problema.

Después de la parte de nieve, tocaba otra vez roca

Y justo después pradera y arroyos

El valle donde se encuentra el refugio de Åmotdalshytta es bastante amplio, con un par de lagos que se nutren de los innumerables torrentes del deshielo de las cumbres cercanas y que en ocasiones más parece un pantano o un arrozal que alta montaña. Con un tiempo más que aceptable y unos caminos bien definidos, llegar a la cabaña fue coser y cantar.

Nuestra fuente particular con un cartel bien aclaratorio de lo que es agua

Distintos edificios que forman parte de Åmotdalshytta

Montamos la tienda a una distancia prudencial del refugio porque así­ lo indicaban distintos carteles aunque hubiese estado muy bien poder plantarla cerca de una de las casas y por lo tanto más protegida del viento. Pero en esta ocasión hubo tiempo para dejarla perfecta y ni el mayor huracán la habrí­a arrastrado. Bueno, exagero, pero es la impresión que daba.

La tienda con Snøhetta al fondo, y su cumbre nublada

Después de todo el dí­a caminando deberí­amos haber descansado, pero al siguiente tení­amos intención de hacer otra ruta y quisimos explorar un poco más. Un poco más abajo del track hay más información.

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Para explorar un poco el tramo final de la ruta del dí­a siguiente, nos aventuramos a intentar cruzar el rí­o en repetidas ocasiones. Habí­a señales indicando que el camino iba por allí­, pero al estar tan crecido era imposible hacerlo porque todas las piedras estaban cubiertas de agua. Quizás desde el otro lado fuese más fácil encontrar la ruta así­ que decidimos dejarlo todo en la mano del destino.

El tema al dí­a siguiente iba a estar movidito

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Oslo Maraton 2011 (Stavanger Maraton)

Este fin de semana pasado se celebró la Maratón de Stavanger (la ciudad del petróleo aquí en Noruega) y como era de esperar, el principal patrocinador era Marathon Oil. Me quedé en casa de un amigo que me acogió amablemente esos días. El sábado (día de la carrera) me levanté pronto para desayunar en condiciones y tener la digestión hecha cuando empezase la carrera y un rato después me pasé por la oficina de turismo de Stavanger para recoger mi dorsal. Ya había montadas un par de carpas y un escenario, además de haber bastante gente calentando por el lugar. Ver el pequeño ambientillo hizo que me empezase a poner algo nervioso.
Volví a casa para ponerme la ropa de correr. No sabía si tendría que llevar chaqueta durante la carrera porque estaba amenazando lluvia todo el rato pero afortunadamente el fuerte viento se llevaba las nubes más negras en un visto y no visto. Al final opté por ir en camiseta. Si llovía, iba a ser divertido.
Ya en la zona de salida, fui a uno de los baños a echar el último pis psicológico, pero la organización, en su infinita sabiduría, había puesto únicamente dos baños para los 700 que íbamos a salir en la media maratón. Así que fuí a darle los buenos días al primer árbol que encontré en el parque más cercano.
La maravillosa cola para ir al baño a escasos 10 minutos de la salida
Nos preparamos todos para ir a la zona de salida y me aparté un poco de la multitud. No sabía exactamente el ritmo con el que iba a empezar mucha de la gente y no quería que me molestasen.
Los corredores dispuestos a salir
Las mascotas de la carrera infantil se pasearon por la línea de salida
La salida fue bastante limpia porque toda la gente iba a un ritmo cómodo y sin cruzarse demasiado delante tuyo.
Salida tras el pistoletazo
Entonces fue cuando me dí cuenta de algo que ya sospechaba. Mi pulsómetro se estaba quedando sin pilas y me daba la medición cada 10 minutos o así y no era nada precisa. Así que tuve que obviar el aparato y guiarme más por mis sensaciones, cosa bastante sencilla porque con todos los kilómetros que me he pegado este año puedo calcular a ojo si voy con el ritmo correcto o no.
Después de hacer una carrera bastante buena, manteniéndome a 4:40 min/km, en el kilómetro 14 ví que estaba bastante fresco y aceleré. Fue un error porque todavía quedaba un mundo hasta la meta y cuando llegué al kilómetro 17 estaba totalmente agotado. Bajé el ritmo de nuevo con una sensación de cansancio brutal y pensando que tal vez no llegase al final. En el último puesto de avituallamiento tomé bebida isotónica y me encontré mejor, lo justo para permitirme el lujo de subir ritmo de nuevo en el último kilómetro. En esos momentos de agotamiento extremo, otro chico al que alcancé empezó a sentir una debilidad extrema y tuvo que retirarse dando tumbos. Vi cómo se abrazaba a un árbol y no era capaz de dar un paso más. Le ayudaron unos cuantos espectadores de la carrera mientras yo le dejaba atrás.
El recorrido fue muy cómodo. No hubo pendientes pronunciadas salvo en un par de lugares que luego se recuperaban con bajadas ligeras constantes. Solo una cuesta arriba casi al final, en los momentos en que peor me encontraba, fue de la que peor recuerdo tengo. Al ir todo el tiempo pegado al agua del mar las vistas eran muy bonitas pero también se estaba mucho más expuesto al viento.
èltimos metros antes de la llegada a la meta
Contento por haber acabado entero y con medalla
Llegué bastante más machacado que en la media maratón de Hadeland pero me recuperé bastante rápido. Creo que si no hubiese hecho el tonto como lo hice al cambiar de ritmo, habría llegado bastante más fresco. Siempre me queda el consuelo de ver que otros llegaron peor.
Recuperando el aliento

Ahora me queda la duda de si seré capaz de mantener este ritmo durante el doble de tiempo y de distancia. En cuatro semanas lo averiguaré.