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Atentado terrorista en Noruega

Varios días han pasado ya desde el coche bomba y el tiroteo en Utøya. Mucho se ha dicho y escrito sobre el tema, sobre el autor. Comentarios acertados y no tan certeros, información sesgada… Y yo creo que todaví­a tienen que pasar semanas, puede que meses, para que entendamos realmente el porqué y el resto de preguntas que a todos nos rondan por la cabeza.

¿Cómo viví­ yo ese fin de semana? Un fin de semana negro, que tardará en olvidarse. Estaba de camino a casa, a unos 200m del lugar donde estaba el coche-bomba pero con un par de bloques de edificios interponiéndose. Todo fue bastante caótico pero recuerdo exactamente la secuencia de eventos. Primero, un pequeño silencio de apenas medio segundo. Luego la explosión con un sonido seco y tremendamente fuerte, nada parecido a las explosiones del cine que serí­an todo lo contrario a lo que viví­, en lugar de un “boom” con muchas oes, fue más bien un “planck” cortito. A continuación, un empujón en la espalda por la onda expansiva y cristales de escaparates y edificios reventándose alrededor. Cuando conseguí­ recomponerme, me dí­ cuenta que los timbres de las alarmas de incendios sonaban constantemente y todo el mundo salí­a a la calle para ver qué habí­a pasado.

El resto del fin de semana lo pasé avisando a familiares y amigos de que estaba bien e intentando conocer todas las noticias sobre la bomba y más tarde sobre el tiroteo en una isla de un lago cercano a Oslo.

La sociedad noruega está totalmente conmocionada y creo que tardarán bastante tiempo en recuperarse, prueba de ello es la manifestación multitudinaria que hubo en Oslo el lunes pasado, con más de 100.000 personas en las calles de la capital y cantidades similares en otras ciudades del paí­s.

Me parece curioso que después de descubrir quién era el causante y que era una única persona, rápidamente se usase el término loco para definir su comportamiento. ¿Loco? ¿Será un loco? ¿O simplemente un fanático? ¿Igual de fanático que ésos que se ponen bombas en la cintura y se lanzan contra tumultos de gente? ¿O ellos también son locos? Vaya lí­o…

Veremos qué sale de todo esto.

Carta abierta a la Administración que corresponda

Se acercan las elecciones. Quedan menos de un par de semanas para que todos podamos ejercer el derecho a elegir a nuestros gobernantes. Esta vez tocan elecciones municipales y autonómicas en varias regiones de España.

Este año, por primera vez en mi vida desde que puedo votar, no lo voy a hacer. No porque no quiera, sino por la incompetencia de unos líderes que crean leyes absurdas y fuera de la realidad, de una burocracia lenta y una Administración del siglo pasado.

Con la última reforma de la infame Ley Electoral, se incluyó que los ciudadanos no-residentes no pudiesen votar en las municipales y a punto se estuvo de que tampoco se pudiese en las autonómicas. Pero lo peor es que también se incluyó una nueva reforma en la que la Oficina del Censo Electoral te envía una carta que tienes que devolver con una fotocopia del pasaporte o DNI para confirmar que quieres que te sigan enviando las papeletas a tu dirección en el extranjero. Dicha documentación se tiene que enviar dentro de un plazo. Pero en mi caso, la carta me llegó después de que se agotase dicho plazo. Así quedé eliminado automáticamente de las elecciones del 22 de mayo.

Como no quise darme por vencido llamé tanto al Consulado de España en Noruega y a la Oficina del Censo Electoral. En ambos casos, unos funcionarios muy atentos y dispuestos (no, no es broma, fueron realmente amables) me indicaron que no había nada que hacer, que los plazos establecidos por la ley son demasiado cortos. De hecho, desde la Oficina me comentaron que todavía tenían papeletas sin enviar que estaban retenidas porque no cumplían ciertos requisitos. Con lo que esa documentación jamás llegaría a tiempo de que sus destinatarios pudiesen votar.

Con esto se demuestra lo que interesa a los políticos en el poder que hasta el último español pueda ejercer sus derechos. Se demuestra el significado que tiene para ellos la palabra democracia.

Así que una vez más, y sobre todo ahora que yo no puedo, no les votes. Y si puede ser, vota con cabeza.

De Rositas y Margaritas‚ Capí­tulo VI (Aquí­ huele a muerto. Pues yo no he sido)

Desde que llegué a Noruega vengo notando algo un poco desagradable, que sin lugar a dudas es molesto y sobre todo, me provoca una intriga increíble en cuanto a la razón científica de los motivos que lo produce. Me refiero a la expulsión de gases a traición, es decir, los pedos silenciosos.

El primer lugar donde lo noté fueron los bares, espacios cerrados herméticamente para evitar que entre el frío de fuera, música con volumen alto y con un montón de gente apiñada y luchando por un hueco donde asentarse para tomar su cerveza. Vamos, el lugar perfecto para cometer la fechoría. Hay dos tipos de efecto cuando alguien suelta un gas a traición; el primero es cuando se forma un círculo y la gente se tapa la nariz descaradamente, entre ellos el autor de la obra, con lo que su evacuación no se descubre. La segunda reacción es la de aguantar estoicamente en la posición, pero la gente se observa levantando ligeramente la aleta de la nariz con cara de asco.

Aquí ya estaba implantada la ley anti-tabaco así que me preguntaba si es que el humo del tabaco en España cubre ese olor hediondo, pero tengo mis serias dudas.

Tirarse pedos es algo muy natural y humano, pero la cantidad de ellos que pueden notarse por noche me hace dudar que los noruegos no tengan un grave problema de soltura de esfínter.

Así que con mi habitual curiosidad por estudiar cosas totalmente inútiles me dispuse a intentar averiguar qué es lo que hace que Noruega tenga un aire tan fétido en determinados lugares llenos de personas. Tras mucho pensar y pensar, me acerqué a una posible solución, la alimentación. Que principalmente los desalojos se produzcan en los bares podría ser un buen indicativo de que la cerveza es uno de los detonantes de la bomba. Pero no es una regla universal. Recuerdo que durante la ceremonia de inauguración del mundial de esquí nórdico, tú estabas tranquilito en tu lugar y la gente que pasaba, se cagaba. Por lo que tuve que agudizar un poco más mi ingenio y entonces llegué al pan. En Noruega se come pan con mucha fibra, cereales y frutos secos. Es una bomba calorífica, y lo consumen a todas horas. No hay comida del día en la que no tengan un par de buenas rebanadas de pan untado en diversas salsas y cremas.

No he encontrado ningún otro motivo de peso que pueda producir estos desafortunados momentos, por lo que me quedaré con el pan como culpable. Tal vez la prueba definitiva fuese comerlo en cantidades industriales para ver si provoca los mismo efectos en mi propio organismo, pero quién sabe, tal vez solo sea algo genético o de la cultura del país…

De Rositas y Margaritas‚ Capí­tulo V (Vivo en el paí­s más feliz del mundo)

Noruega suele salir en las noticias cada año por encabezar diversas listas que lo clasifican como el mejor país para vivir del mundo. Se suelen cuantificar características como el bienestar, la prosperidad económica, la educación y la esperanza de vida. Viviendo aquí me he dado cuenta que es cierto todo eso. Viendo la realidad de esos baremos utilizados para calificar un país como el mejor para vivir, se ve que están muy por encima de muchos otros países. Hay que decir que los sucesivos gobiernos y su manera de invertir el capital del petróleo han sido clave en todo esto.

Y os preguntaréis: “Pero bueno Fernando, ¿hemos venido a meternos con los noruegos o a qué? ¿cuándo empieza lo interesante?”. Pues ahora.

Esas estadísticas valoran términos tan amplios, tan genéricos y abstractos que luego cuando estás aquí, ves que no son suficientes ni son fácilmente cuantificables.

No discutiré que hay prosperidad económica, porque siendo el tercer exportador mundial de petróleo en un planeta movido por el oro negro, inevitablemente trae un montón de pasta. También bienestar porque cuando hay dinero, las cosas funcionan mejor, desgraciadamente.

Pero si todo fuese tan bonito como lo pintan, ¿qué necesidad tienen los habitantes del país de la felicidad de escapar cada vez que tienen ocasión? En otoño e invierno el éxodo es descomunal, pero el frío y la luz no son excusa para ello, porque en verano la cantidad de gente que se va de Noruega es parecida.

Para ser una gente que ha vivido toda su vida en condiciones como las que hay en Noruega, no pierden ocasión de quejarse por el frío o que llueva tanto en verano. Es curioso que para estas cosas sí que se quejen pero para otras que pueden ser solucionables, no.

Compran cosas fuera porque son mas baratas, incluso se dan paseos en coche hasta Suecia para volver cargados hasta los topes. Saben que con eso evitan pagar muchos impuestos pero aun así se enorgullecen de la cantidad de protecciones sociales que tienen, eso sí, siempre que las paguen otros.

La sanidad es muy deficiente. Los médicos no profundizan en la enfermedad y confían en que se curará solo. Muchas veces deriva en problemas más graves por un diágnostico incorrecto. No estoy de acuerdo en empastillar a la gente, pero tampoco en que el cuerpo humano por sí solo deba hacerlo todo.

En cuanto a la educación, merecería un artículo por separado, pero lo resumiré en que el maravilloso préstamo que ofrece el gobierno para estudiar, te convierte en un esclavo del estado hasta que lo devuelvas. Es prácticamente inviable devolver el préstamo con un sueldo que no sea del país.

Así que los que hacen esos estudios sobre el mejor país para vivir, que se vayan a vivir una temporadita a los países que incluyen en la lista.

Campeonato mundial de esquí nórdico (Oslo Ski-VM 2011)

Del 23 de febrero al 6 de marzo se ha celebrado en Oslo el Campeonato mundial de esquí nórdico u Oslo Ski-VM 2011, como le gusta llamarlo a los noruegos. Si se pudiese hacer una comparación del ambiente que hay en Noruega durante los días que se celebra, sería como si en España hubiese un mundial de fútbol en el que la selección nacional fuese la favorita. Las siglas VM han estado impresas por todas partes y han llegado a cansar porque además de los típicos anuncios de descuentos en ropa de invierno por el VM, también se invitaba a comer pan con mucha energía para el VM, beber cerveza-VM o comer salchichas-VM entre otras cosas. Vamos, pelín agobiante. Además se instalaron pantallas gigantes en varios sitios de la ciudad, estatuas gigantes de hielo y nieve, distintas atracciones… El que se aburría era porque quería.

Una de las pantallas gigantes de las que hablaba

A mí sinceramente no es que me llame mucho la atención, pero es algo que creo que solo viviré una vez en la vida y es imposible mantenerte en una burbuja para permanecer aislado de todo.

De las competiciones en sí, estoy seguro que de lo que más se ha podido hablar es de los relevos de 4x10km y de la llegada a meta del último participante noruego, Petter Northug. El susodicho es muy bueno esquiando, pero no tiene mucho sentido de la deportividad y a continuación podéis ver lo que hizo.

Petter Northug llegando a meta en los relevos 4x10km

En Noruega no está muy bien visto que haga ese tipo de cosas (no es la primera vez que da titulares de este estilo) y en general la gente le desprecia un poco por aquello de que destacar está penalizado.

De todos modos, no es el primero que hace algo parecido. El esquiador Bjørn Dæhlie, en las olimpiadas del 92 en Albertville, entró a meta de espaldas. Podéis verlo en el siguiente ví­deo. He forzado a que el ví­deo empiece en el momento interesante, porque es una recopilación de imágenes del esquiador.

Bjørn Dæhlie entrando a meta de espaldas en Albertville 92

De esta manera, el sábado pasado, penúltimo dí­a del mundial, decidí­ ir desde Sognsvann hasta Frognerseteren esquiando y ver la prueba de 30km estilo libre de mujeres. Lo que se dice ver… no se ve mucho, pero el ambiente es bastante sorprendente. Lo de ir esquiando hasta la pista de la competición es un decir porque habí­a tal cantidad de gente que acabé por quitarme los esquí­es y avanzar andando porque se iba más rápido.

Cola de gente que salí­a del metro

Era imposible poder esquiar, así­ que muchos decidimos cargar con los esquí­es

Poco a poco fuimos llegando a la zona donde estaba la pista y como la gente empezaba a desperdigarse por el lugar, ya pudimos ponernos los esquí­es aunque solo durante un rato. Empezaron a aparecer tiendas de campaña en los lados del camino, pero tiendas de verdad, enormes, con chimenea en el interior y hasta habí­a noruegos con televisiones conectadas a baterí­as de coche para poder seguir las carreras tranquilamente.

Estos eran algunos de los campamentos que tenían montados

Al llegar cerca de la pista, ya vimos que iba a ser imposible acercarse más, nos pusimos donde creímos que era el mejor sitio y nos dejamos llevar por el ambiente.

Atención al tipo subido al árbol

Y aquí­ tenéis a los esquiadores subiendo y la gente gritando a lo loco

Como no se aprecia el ambiente, grabé un video con el móvil, pero la calidad es bastante mala, espero se me entienda 😛

Después de acabar la prueba, de la que prácticamente vimos lo que hay en la foto, pero tres veces, nos fuimos a esquiar en condiciones, que a eso habíamos ido.

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De Rositas y Margaritas – Capítulo IV (Si cuela, cuela)

Dicen que Noruega tiene un índice muy alto de morosidad para ser un país en el que no hay mucha gente que pase apuros económicos y por eso son tan estrictos con las facturas, los plazos de pago y las multas por no pagar a tiempo.

Pero lo que nadie tiene en cuenta es el “pillaje” a la hora de cobrar cosas a la gente o de esos pequeños “descuidos” si no estás atento. Poco a poco mi mentalidad ha ido evolucionando desde que estoy aquí y he pasado a fijarme en absolutamente todo lo que me cobran, desde el ticket del super hasta las facturas de la luz.

Creo que todo empezó hace ya dos años, en un sitio bastante peculiar para ello, la recepción del gimnasio. En aquel entonces pagaba la cuota mensual en efectivo cada mes, que eran 430 coronas. Un día como cualquier otro, sin venir a cuento, llegué a la recepción, dije que iba a pagar el mes y la chica me dijo con una amplia sonrisa: “Son 465 coronas”. Un noruego de pura cepa, como ya comenté en un post anterior, no habría dicho ni mu, habría sacado la billetera y apoquinado como un campeón. Yo, inocente de mí, pregunté: “¿por qué?” Y ahí comenzó el primer quebradero de cabeza que hizo cambiar mi manera de ser para siempre.

La amable chica de la recepción revisó algo en el ordenador, aporreó el teclado, hizo dos o tres clicks y me dijo: “Ah, pues son 430”. Sonreí orgulloso de haberme salido con la mía. Pagué, imprimió un ticket y hasta más ver. Cuál fue mi sorpresa al mes siguiente cuando además del aviso normal del pago de la factura me llegó un aviso de impago de otra distinta con un recargo de regalo por no haber pagado a tiempo. Durante seis meses estuve yendo a pagar religiosamente la factura del mes en curso y a quejarme por recibir la de impago, que aumentaba al mismo tiempo que mi cabreo. Cuando ya me harté de ver que no solucionaban el problema y les amenacé conque me iba a borrar del gimnasio y me iría del país en breve, se avanzó un poco más. Tuve que ponerme en contacto con la agencia que estaba tramitando el impago de la factura y justificar con los tickets de todo el año que ya estaba pagada. Afortunadamente estaba guardando todos y la cosa quedó ahí. Pero me pregunto si debería haber pagado lo que me dijo para evitarme todo el jaleo. La respuesta es NO y desde entonces tengo una cruzada personal contra este tipo de cosas que me enervan a más no poder.

Otros ejemplos de este tipo son los vendedores que te ofrecen pastillas de Omega-3 para suplir la falta de luz durante el invierno, te dan una muestra y te cogen los datos. Al cabo de un par de meses te llegan a casa, dos botes de pastillas, una suscripción anual para recibir las pastillas en tu domicilio cada mes y una bonita factura por todo ello. Esto a mí no me ha pasado porque ya no doy mis datos ni aunque me prometan un contrato en propiedad de una casa firmado por un notario con sangre de unicornio.

Pero hay más. Sorpresas al llegar a hoteles por sobrecargos, en alquileres de coches, contratos de móvil… En el trabajo ya ni me meto. Cargos sin avisar aunque hubiese una propuesta firmada antes, trabajos a medio hacer, facturas sin recibir la mercancía.

Hay mil y una aventuras, y cada día, con solo salir a la calle y cuando menos te lo esperes, habrá una a la vuelta de cualquier esquina. No hay lugar para el aburrimiento en Noruega.