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Oslo Maraton 2011 (Stavanger Maraton)

Este fin de semana pasado se celebró la Maratón de Stavanger (la ciudad del petróleo aquí en Noruega) y como era de esperar, el principal patrocinador era Marathon Oil. Me quedé en casa de un amigo que me acogió amablemente esos días. El sábado (día de la carrera) me levanté pronto para desayunar en condiciones y tener la digestión hecha cuando empezase la carrera y un rato después me pasé por la oficina de turismo de Stavanger para recoger mi dorsal. Ya había montadas un par de carpas y un escenario, además de haber bastante gente calentando por el lugar. Ver el pequeño ambientillo hizo que me empezase a poner algo nervioso.
Volví a casa para ponerme la ropa de correr. No sabía si tendría que llevar chaqueta durante la carrera porque estaba amenazando lluvia todo el rato pero afortunadamente el fuerte viento se llevaba las nubes más negras en un visto y no visto. Al final opté por ir en camiseta. Si llovía, iba a ser divertido.
Ya en la zona de salida, fui a uno de los baños a echar el último pis psicológico, pero la organización, en su infinita sabiduría, había puesto únicamente dos baños para los 700 que íbamos a salir en la media maratón. Así que fuí a darle los buenos días al primer árbol que encontré en el parque más cercano.
La maravillosa cola para ir al baño a escasos 10 minutos de la salida
Nos preparamos todos para ir a la zona de salida y me aparté un poco de la multitud. No sabía exactamente el ritmo con el que iba a empezar mucha de la gente y no quería que me molestasen.
Los corredores dispuestos a salir
Las mascotas de la carrera infantil se pasearon por la línea de salida
La salida fue bastante limpia porque toda la gente iba a un ritmo cómodo y sin cruzarse demasiado delante tuyo.
Salida tras el pistoletazo
Entonces fue cuando me dí cuenta de algo que ya sospechaba. Mi pulsómetro se estaba quedando sin pilas y me daba la medición cada 10 minutos o así y no era nada precisa. Así que tuve que obviar el aparato y guiarme más por mis sensaciones, cosa bastante sencilla porque con todos los kilómetros que me he pegado este año puedo calcular a ojo si voy con el ritmo correcto o no.
Después de hacer una carrera bastante buena, manteniéndome a 4:40 min/km, en el kilómetro 14 ví que estaba bastante fresco y aceleré. Fue un error porque todavía quedaba un mundo hasta la meta y cuando llegué al kilómetro 17 estaba totalmente agotado. Bajé el ritmo de nuevo con una sensación de cansancio brutal y pensando que tal vez no llegase al final. En el último puesto de avituallamiento tomé bebida isotónica y me encontré mejor, lo justo para permitirme el lujo de subir ritmo de nuevo en el último kilómetro. En esos momentos de agotamiento extremo, otro chico al que alcancé empezó a sentir una debilidad extrema y tuvo que retirarse dando tumbos. Vi cómo se abrazaba a un árbol y no era capaz de dar un paso más. Le ayudaron unos cuantos espectadores de la carrera mientras yo le dejaba atrás.
El recorrido fue muy cómodo. No hubo pendientes pronunciadas salvo en un par de lugares que luego se recuperaban con bajadas ligeras constantes. Solo una cuesta arriba casi al final, en los momentos en que peor me encontraba, fue de la que peor recuerdo tengo. Al ir todo el tiempo pegado al agua del mar las vistas eran muy bonitas pero también se estaba mucho más expuesto al viento.
èltimos metros antes de la llegada a la meta
Contento por haber acabado entero y con medalla
Llegué bastante más machacado que en la media maratón de Hadeland pero me recuperé bastante rápido. Creo que si no hubiese hecho el tonto como lo hice al cambiar de ritmo, habría llegado bastante más fresco. Siempre me queda el consuelo de ver que otros llegaron peor.
Recuperando el aliento

Ahora me queda la duda de si seré capaz de mantener este ritmo durante el doble de tiempo y de distancia. En cuatro semanas lo averiguaré.

Ascensión al Monte Kenya II (Preparación y 4×4)

Como ya comenté en el artículo anterior fuimos a dormir a casa de Hiram y su mujer Jane, encargados de organizar al equipo de personas que vendría con nosotros. El lugar se encuentra cerca de la pequeña ciudad de Naro Moru, a unos 2300 msnm lo que lo convierte en un paso más para aclimatar después de haber dormido un rato la noche anterior en Naroibi que está a 1700.

Durante la cena empezamos a conocer a la gente que formaba el grupo de nueve personas, casi todos españoles. Aunque íbamos a salir todos juntos, nos separaríamos porque queríamos hacer cosas distintas y diferente número de días. Todos iríamos al refugio del Mountain Club of Kenya y pasaríamos la noche del sábado allá. Al día siguiente madrugaríamos para hacer cima y entonces empezaríamos a separarnos. El primero sería un chico holandés que bajaría directamente otra vez hasta el punto de partida para estar de vuelta en Nairobi el domingo por la tarde, un machote. Mi grupo, de cinco personas, tenía la intención de hacer alguna ruta más por unos lagos cercanos y hacer noche de nuevo en el mismo refugio del día anterior para volver el lunes. Los tres restantes seguirían otro día extra, volviendo el martes.

Por ello mismo contratamos dos guías y tres porteadores, con lo que el grupo iba a ser bastante numeroso. No sé hasta qué punto eso puede ser un fallo. Los grupos grandes siempre suelen traer problemas, pero al ir más o menos independientes unos de otros, casi era como ir en grupos pequeños.

Después de la cena tocaba reparto de comida en las mochilas. Jamás vi tantos noodles, avena y barritas de cereales juntos, yo creo que llevábamos comida como para una semana, pero más vale que sobre a que falte. Una vez que todo estuvo repartido, a la cama para descansar.

Durante toda la noche estuvo lloviendo a mares, se oía perfectamente el ruido del agua sobre el tejado de chapa del lugar donde dormíamos y las pocas veces que me desperté esa noche pensé en el embolado en el que me estaba metiendo. Subir a 5000 metros en el comienzo de la estación de lluvias de la zona es algo que promete diversión y aventuras desde el comienzo.

Al amanecer la fortuna nos sonrió y había parado de llover. Seguíamos sin tenerlas todas con nosotros porque con la que había caído no sabíamos si los coches iban a poder subir hasta la estación meteorológica después de todo el barro que se habría formado.

Desayunamos y salimos hacia la puerta del Parque. Es en ese punto donde empezaba el tramo complicado de camino. Los aproximadamente 10km de pista encharcada y embarrada podían hacer que hubiese que echar el pie a tierra y empujar los todoterrenos, aunque con la pendiente que hay, no habría sido una buena opción. La pericia de los conductores hizo que ésto no pasase aunque hubo que parar durante un rato porque uno de los coches se calentó más de la cuenta.

El todoterreno con un buen calentón echando humo

No hubo ningún otro percance digno de mención, pero la parada para que enfriase el motor hizo que llegásemos una hora más tarde de lo previsto al lugar donde comenzaríamos a andar, la estación meteorológica.

Llegada a la estación meteorológica a 3048 msnm

Mientras colocábamos las cosas en las mochilas y comíamos algo antes de empezar a andar, unos pequeños monos a los que les picaba la curiosidad y las ganas de pillar algo para comer, se acercaron a nosotros.

Los monos se acercaban descaradamente mientras nos preparábamos

Organizando todo el equipo y comiendo algo antes de salir

Los animales del parque tienen que estar muy acostumbrados a las personas para no demostrar ningún tipo de miedo e incluso los había tan atrevidos que se acercaban para rebuscar dentro de las mochilas.

Algunos monos se atrevían a acercarse mucho

Algunos llevaban hasta el extremo su curiosidad

Yo preparé la mochila en un periquete y no podía parar de dar vueltas mientras el resto terminaba. No podía entender cómo tardaban tanto en colocarse las mochilas y echar a andar, si ya habíamos preparado todo la noche antes.

Después de unos minutos que parecieron horas, sacamos la foto de grupo y empezamos a andar.

El grupo de montañeros preparados para salir hacia la cumbre

Nota: Las horas en el track están mal, se me olvidó cambiar el huso horario y marca dos horas menos de la realidad. El fallo se repite en todos los tracks de esta serie.

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Ascensión al Monte Kenya I (Objetivo y condiciones)

Quiero dejar clara una cosa en primer lugar. Aunque en esta serie de artículos hable del Monte Kenya como objetivo, realmente me refiero a su tercer pico más alto, Punta Lenana (4985 msnm), el más alto al que se puede acceder sin material de escalada.

Voy a hacer un breve resumen para ponernos en situación y culturizarnos un poco sobre el entorno antes de pasar a contar mis aventuras y experiencia. El Monte Kenya es la montaña más alta del país y la segunda de África con sus 5199 msnm. Se encuentra al noreste de Nairobi y junto a su entorno forma un parque natural que está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El acceso al parque está restringido y es necesario pagar para entrar, con distinta tarifa para residentes y extranjeros. El monte es un antiguo volcán extinto que después estuvo tapado por una cobertura de hielo y durante el tiempo que se descongelaba formó la actual geología de la montaña. Su primera ascensión se completó en 1899 por Halford Mackinder. Punta Lenana es su tercera cumbre más alta y la de más altitud de las que son accesibles a pie.

El principal de los objetivos de esta ascensión era subir a casi 5000 metros y sentir los efectos de la altitud en mis propias carnes. Hasta el momento mi record de altura estaba en algo menos de 3000 cuando hace unos años estuve en el Pirineo con una excursión organizada por Jovenmanía. Esta vez era posible que hubiese problemas porque no había tiempo de aclimatar y hay que recordar que vivo al nivel del mar. Hacer cumbre tampoco era algo prioritario ya que solo con poder disfrutar de los paisajes y la vida animal, el paseo merecería la pena.

El momento elegido para ir no es precisamente el mejor, porque justo empieza la estación de lluvias, en la que los chaparrones esporádicos te pueden pillar en momentos complicados, pero tampoco debía ser muy grave, al fin y al cabo en esa zona de África no hace demasiado frío estando a mucha altura y un poco de agua es soportable.

La idea de la ruta era marchar hacia el monte el viernes después de comer, hacer noche en la base del encargado de conseguirnos los guías y los porteadores, despertar pronto el sábado para ir hasta la estación meteorológica con todoterreno y empezar a caminar allí. A continuación subir al refugio del Mountain Club of Kenya y pasar la noche para al día siguiente (domingo) salir a las 2 ó 3 de la mañana y llegar a la cima justo al momento de amanecer. Después se bajaría de nuevo al refugio y a descansar o hacer una ruta por los lagos y glaciares. El lunes vuelta a la estación meteorológica para coger el coche y camino de regreso a Nairobi.

Esa era la idea, pero de lo que se planeó a lo que sucedió…

Viaje a Rusia parte II (San Petersburgo)

Es duro tener que terminar los borradores que tienes empezados desde hace más de un año. Las cosas ya no están tan frescas y muchos detalles se pierden, pero la esencia sigue ahí. Ya hubo un post con una primera parte de este viaje que cubre los días que estuvimos en Moscú, en los que prácticamente estuvimos con Jon de niñera todo el rato. Esta segunda parte cubre los días que pasamos en San Petersburgo y el viaje en tren que hicimos hasta allá. Billetes que no creo que hubiesemos podido conseguir sin la inestimable ayuda de nuestro anfitrión.

Como ya he dicho tanto la ida como la vuelta la hicimos en tren. Un viajecito de unas 8 horas en un coche-cama sin ningún tipo de intimidad, catres de 70×180 centímetros, gente con incontinencia urinaria nocturna y un calor infernal inexplicable teniendo en cuenta que fuera hacía bastante frío.

La cara que se me quedó cuando me dijeron que el viaje iba a ser de 8 horas

Pero sobrevivimos, tampoco fue para tanto. Llegamos bien prontito al hostel dispuestos a empaparnos de Historia rusa y para ello contratamos a una guía que nos paseó en coche por la ciudad contándonos todas las aventuras de los zares y jet-set de la época comunista.

El otoño ya llegó

Saltando delante de la Iglesia de la Sangre Derramada

Desde la furgoneta de nuestra guía

Decir que la visita guiada estuvo muy bien, aunque en varias ocasiones nuestra guía intentó llevarnos a lugares visitables y estaban cerrados, cosa que debería haber sabido con antelación. Pero vamos, que sin quejas, lo que nos contó fue lo bastante interesante como para no aburrirnos y aprender un poco de la historia de la ciudad. Al final de la ruta, nos dejó en el Hermitage, donde pasamos un buen rato visitando el museo.

En la entrada del Hermitage

Haciendo el tonto en la entrada, one more time

Una de las obras que más gracia nos hizo fue la que viene a continuación, a la que no estaba permitido sacar fotos…

Cher Guevara

Dimos bastantes paseos por la ciudad, alguno de ellos muy largo e incluso nos atrevimos a ir hasta Pushkin, una población a 30km al sur de San Petersburgo donde se encuentra el Palacio de Catalina con su sala de ámbar. Cogiendo el autobús, claro.

Una de las salas del palacio

Hay que comentar que el palacio era increíble, pero fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial y reducido a escombros, así que la práctica totalidad de lo que hay está reconstruido desde cero. Viendo las fotos del antes y el después hay que reconocer que hicieron un gran trabajo. No hay fotos de la sala de ámbar porque estaba prohíbido hacerlas y esta vez no nos arriesgamos a que nos pillasen. Pero para eso está Internet y los buscadores, ¿no?

Como decía al principio sobre la esencia del viaje, que eso no se olvida, lo que queda en el recuerdo fue pasar unos días geniales con gente genial en sitios geniales, aunque alguno fuese un lastre por quedarse cojo 🙂

Viaje a Rusia parte I (Moscú)

Ya está, impacientes 🙂 La primera parte del viaje a Rusia está publicada como podéis ver. Ahora seguro que se han creado grandes expectativas sobre este artículo y decepciono a más de uno. Pero qué es la vida sino una cadena de decepciones

Este viaje puede considerarse el broche final de la beca ICEX, ya que aprovechando una oferta bastante buena de Iberia intentamos montar la reunión definitiva con el becario de 15 meses de Moscú como anfitrión. Como viene siendo habitual, apenas tuvimos organización de ningún tipo. Yo no estaba seguro de conseguir el visado con solo una semana de antelación y la verdad, me había empezado a hacer a la idea de no hacer el viaje. Conseguimos el visado en únicamente 2 días. Otros tuvieron más suerte (o más morro) y se lo dieron en media hora. Pero el caso es que conseguimos todo lo necesario para entrar en el país.

La primera impresión que da Moscú es la de ser todo bastante austero, aunque luego te das cuenta que no lo es tanto. Es como si la caída del comunismo hubiese dado lugar a la liberación completa. Eso sí, para los que tienen pasta para permitírselo, porque el resto malvive como puede y afortunadamente no tienen que preocuparse por una vivienda por tener todos alguna en propiedad (reminiscencias del comunismo), pero ya se verá lo que pasa en unos años.

Posando en el Kremlin

Una vez asentados ya podíamos empezar a ver cosas. En este aspecto la ciudad me decepcionó un poco porque siempre la pintan como muy bonita y demás, pero lo único bonito son los edificios más emblemáticos y tampoco son para tanto. En cambio sí que me encantó la parte histórica, el ambiente y el estilo de vida ruso.

La catedral de San Basilio en la Plaza Roja

Bailando con el edificio del Tetris y un poco de frío

Otra vez la Catedral de San Basilio

En un parque alejado del centro de Moscú

Nos hartamos a dar vueltas por la ciudad para visitar cosas siempre que no estuviésemos desayunando en la cafetería del edificio de la Oficina Comercial. Un gran lugar en el que te hinchabas a comer en buffet libre y al que fuimos asiduos durante el tiempo que estuvimos en Moscú. El desayuno es la comida más importante del día, no hay que descuidarlo 🙂

Os prometo que aquí solo estábamos tratando de hacer cuentas para pagar el desayuno

Para movernos por la ciudad, usamos siempre el metro, que es muy barato y bastante espectacular a la vista. Espectacular son los subterráneos y escaleras interminables, porque lo que es el tren en sí, parece que no ha habido ni una sola renovación desde que cayó el bloque comunista. Hacen un ruido infernal y parece que van a desmontarse en cada traqueteo, pero tienen una frecuencia de llegada que ya quisieran muchas ciudades. Y eso sí, jamás esperamos más de cinco minutos a que llegase un metro.

Escaleras mecánicas del metro

Una de las muchas decoraciones de los subterráneos

Durante los días de estancia en Moscú no perdimos ocasión de salir de fiesta. Es una ciudad bastante curiosa en cuanto a este aspecto y merece la pena vivirlo, ya sabréis por qué lo digo cuando estéis allí y lo veáis 🙂

Fiesta en casa de un conocido de Jon

Tuvimos también la gran suerte de que coincidiese Halloween mientras estábamos allí, con lo que la diversión estuvo asegurada, aunque no hace falta precisamente ir en esas fechas, como ya he dicho antes, Moscú es una gran ciudad para salir a divertirse por la noche.

Disfrazados antes de ir a la fiesta de Halloween

Del viaje me quedo conque los rusos no son tan antipáticos como los pintan. Vale que sí hay gente algo borde, pero no tanto como lo venden siempre.

Aprovecho para agradecer a los compis de viaje los días tan fantásticos que pasé en Rusia y sobre todo a Jon, por ser un anfitrión excelente.

Ahora toca esperar a la segunda parte…