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Oslo Maraton 2011 (Hadeland Maraton)

Como preparación para este año, he participado en la Maratón de Hadeland, una competición que se organiza en el pueblecito de Grymyr, a una hora y cuarto al norte de Oslo en coche.

Ya me parecía que la competición debía ser un tanto familiar por el método de inscripción (mandando un e-mail a un amable señor que se encargaba de todo) y la ubicación de la prueba. De todos modos anunciaban a bombo y platillo que había participantes internacionales, así que lo mismo hasta era conocida. Luego resulta que este año, fuimos 6 extranjeros, y yo iba con otro amigo español de Oslo, así que a echar cuentas…

Pero vamos, que mejor ser poquitos y bien avenidos a una multitud loca. Además, lo que más me preocupaba antes de la carrera era ver el perfil al que nos íbamos a enfrentar.

Perfil bastante bestia de la media maratón

Los 32 corredores de la maratón completa salían a las 12, media hora antes que nosotros. Así que nos quedamos a ver la salida y animar un poco, porque apenas había gente por allí salvo el resto de corredores.

Listos para salir con el pistoletazo

Corredores al salir del estadio

Nos dieron el dorsal y pagamos. Nos cambiamos de ropa y calentamos un poquito. Yo estaba bastante nervioso y ansioso por empezar. El pulsómetro marcaba casi 100ppm sin haber empezar a calentar ni nada. No sé hasta qué punto eso se convirtió en un inconveniente.

Felices y contentos antes de enfrentarnos a lo que nos esperaba

Después de la última visita al baño para soltar el pis de los nervios, fuimos a la línea de meta. Allí había de todo, pero la mayoría era gente de 40 años para arriba. Y alguno de más de 80. Sonó el pistoletazo y empezamos a correr. Mi intención era ir más lento del ritmo de carrera durante los primeros kilómetros. Siempre me cuesta mucho encontrar un ritmo cómodo y sobre todo con la pedazo de subida que me esperaba nada más empezar. Pero opté ir a mi ritmo de carrera desde el principio porque veía que el resto de gente tiraba fuerte. Nos quedábamos atrás un grupo de unos 15, mientras que todos los demás se alejaban en la distancia como rayos.

Yo, a mi plín, veía que algunos de los que iban conmigo también se me adelantaban. Hasta el amigo español que venía conmigo y jamás había corrido una media maratón se distanciaba unos 200 metros de mí. Pero confiaba en que manteniendo mi ritmo, al final de carrera tuviese más fuerzas que todos ellos.

Al ser todo subida y luego sube y baja contínuo, permanecer en las 165ppm fue muy duro, se me disparaban en cuanto me descuidaba. El resto de la carrera fue normal, hubo un momento en el que noté que el gemelo izquierdo estaba un poco cargado, pero en cuanto el terreno cambió un poco, se fue.

Llegando al kilómetro 16 me ví con fuerzas de subir ritmo y recuperar posiciones. Poco a poco adelanté a seis personas y me puse detrás de uno que me había pasado unos cuantos kilómetros atrás. Veía que el hombre hacía esfuerzos porque no le pasase, pero yo ya había decidido no pasarle tiempo atrás. Había estado muy cómodo con su ritmo y no iba a fastidiarle el puesto. Como motivo extra, al llegar a la vuelta final del estadio, un niño con una bici empezó a seguirle gritando “¡Papa!”. Lo que no iba a permitir es que pretendiese sacarme distancia, y ahí estuve pegado a él hasta la meta por mucho que intentase apretar.

Muerte al final de la carrera

La sensación que me dejó la carrera es que era bastante dura y los asistentes gente muy preparada. Aunque había participantes de una edad avanzada, los tiempos que hicieron tanto en la media como en la maratón fueron impresionantes.

Al que tenga ganas de aprender noruego, le pongo un enlace a una crónica de la competición con unas cuantas fotos en las que no salgo 😛 Y para terminar, una foto que he tomado prestada de la crónica de un hombre un tanto peculiar. Kristoffer Gythfeldt, un maratoniano de 88 años al que me crucé en un par de ocasiones e hizo un tiempo de más de 7 horas. Desde luego tiene su mérito.

Ascensión al Monte Kenya II (Preparación y 4×4)

Como ya comenté en el artículo anterior fuimos a dormir a casa de Hiram y su mujer Jane, encargados de organizar al equipo de personas que vendría con nosotros. El lugar se encuentra cerca de la pequeña ciudad de Naro Moru, a unos 2300 msnm lo que lo convierte en un paso más para aclimatar después de haber dormido un rato la noche anterior en Naroibi que está a 1700.

Durante la cena empezamos a conocer a la gente que formaba el grupo de nueve personas, casi todos españoles. Aunque íbamos a salir todos juntos, nos separaríamos porque queríamos hacer cosas distintas y diferente número de días. Todos iríamos al refugio del Mountain Club of Kenya y pasaríamos la noche del sábado allá. Al día siguiente madrugaríamos para hacer cima y entonces empezaríamos a separarnos. El primero sería un chico holandés que bajaría directamente otra vez hasta el punto de partida para estar de vuelta en Nairobi el domingo por la tarde, un machote. Mi grupo, de cinco personas, tenía la intención de hacer alguna ruta más por unos lagos cercanos y hacer noche de nuevo en el mismo refugio del día anterior para volver el lunes. Los tres restantes seguirían otro día extra, volviendo el martes.

Por ello mismo contratamos dos guías y tres porteadores, con lo que el grupo iba a ser bastante numeroso. No sé hasta qué punto eso puede ser un fallo. Los grupos grandes siempre suelen traer problemas, pero al ir más o menos independientes unos de otros, casi era como ir en grupos pequeños.

Después de la cena tocaba reparto de comida en las mochilas. Jamás vi tantos noodles, avena y barritas de cereales juntos, yo creo que llevábamos comida como para una semana, pero más vale que sobre a que falte. Una vez que todo estuvo repartido, a la cama para descansar.

Durante toda la noche estuvo lloviendo a mares, se oía perfectamente el ruido del agua sobre el tejado de chapa del lugar donde dormíamos y las pocas veces que me desperté esa noche pensé en el embolado en el que me estaba metiendo. Subir a 5000 metros en el comienzo de la estación de lluvias de la zona es algo que promete diversión y aventuras desde el comienzo.

Al amanecer la fortuna nos sonrió y había parado de llover. Seguíamos sin tenerlas todas con nosotros porque con la que había caído no sabíamos si los coches iban a poder subir hasta la estación meteorológica después de todo el barro que se habría formado.

Desayunamos y salimos hacia la puerta del Parque. Es en ese punto donde empezaba el tramo complicado de camino. Los aproximadamente 10km de pista encharcada y embarrada podían hacer que hubiese que echar el pie a tierra y empujar los todoterrenos, aunque con la pendiente que hay, no habría sido una buena opción. La pericia de los conductores hizo que ésto no pasase aunque hubo que parar durante un rato porque uno de los coches se calentó más de la cuenta.

El todoterreno con un buen calentón echando humo

No hubo ningún otro percance digno de mención, pero la parada para que enfriase el motor hizo que llegásemos una hora más tarde de lo previsto al lugar donde comenzaríamos a andar, la estación meteorológica.

Llegada a la estación meteorológica a 3048 msnm

Mientras colocábamos las cosas en las mochilas y comíamos algo antes de empezar a andar, unos pequeños monos a los que les picaba la curiosidad y las ganas de pillar algo para comer, se acercaron a nosotros.

Los monos se acercaban descaradamente mientras nos preparábamos

Organizando todo el equipo y comiendo algo antes de salir

Los animales del parque tienen que estar muy acostumbrados a las personas para no demostrar ningún tipo de miedo e incluso los había tan atrevidos que se acercaban para rebuscar dentro de las mochilas.

Algunos monos se atrevían a acercarse mucho

Algunos llevaban hasta el extremo su curiosidad

Yo preparé la mochila en un periquete y no podía parar de dar vueltas mientras el resto terminaba. No podía entender cómo tardaban tanto en colocarse las mochilas y echar a andar, si ya habíamos preparado todo la noche antes.

Después de unos minutos que parecieron horas, sacamos la foto de grupo y empezamos a andar.

El grupo de montañeros preparados para salir hacia la cumbre

Nota: Las horas en el track están mal, se me olvidó cambiar el huso horario y marca dos horas menos de la realidad. El fallo se repite en todos los tracks de esta serie.

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Frisuelos

Los frisuelos (o fayuelos, o frixuelos) son un postre típico asturiano, que se suele comer en las fiestas de carnaval asturianas. Aunque por allí se suelen hacer con una forma parecida a las crêpes, yo siempre mantengo en mi cabeza la manera en la que los hace mi madre, del tamaño de medio billete aproximadamente. Y creo que nunca podré olvidar esos empachos a frisuelos por las mañanas, durante el desayuno 🙂

Frisuelos con miel

Así me quedaron a mí los frisuelos

Ingredientes:

  • 1 huevo
  • Una pizca de sal
  • 2 cucharadas de azúcar
  • Harina
  • Leche
  • Aceite

Preparación:

En un recipiente se bate el huevo y se echa la pizca de sal. Luego se echan las dos cucharadas de azúcar y finalmente se va añadiendo harina y leche según se vea. La pasta tiene que quedar como unas natillas pero algo más espesa. Así que habrá que confiar en nuestro buen criterio.

En una sartén se pone a calentar al máximo un dedo de aceite y cuando esté bien caliente se van echando cucharadas de la masa dentro del aceite. Cuando estén hechos por un lado se les da la vuelta. Hay que hacerlo más o menos rápido porque el aceite se puede llegar a quemar y dejaría un sabor algo raro.

Se van haciendo tandas como la anterior. Una vez fuera los frisuelos, queda muy bien espolvorear un poco de azúcar encima de ellos o echar un poco de miel.

¡A disfrutar se ha dicho!

Tarta de galletas cubierta de chocolate

Después de la receta de las orejuelas, vuelvo con un nuevo dulce que siempre me ha encantado y mi madre suele hacer cuando alguien cumple años. Es bastante fácil de hacer. Lo único complicado es encontrar el punto perfecto a la pasta de chocolate; ni muy espesa, ni muy líquida.

Ingredientes:

  • 2 yemas de huevo
  • azúcar
  • mantequilla
  • chocolate puro
  • leche
  • galletas (a ser posible rectangulares)

Preparación:

Se derrite el chocolate a fuego lento. La cantidad variará dependiendo del tamaño de la tarta. Yo en esta ocasión he usado 400 gramos de chocolate puro. Para ayudar a que se deshaga sin que se queme, hay que echar un chorrito de leche de vez en cuando, además ayuda a que el chocolate quede menos espeso. Una vez derretido, dejar enfriar a temperatura ambiente.

Una vez dejado enfriar, hay que hacer la pasta de chocolate. Se mezclan bien las dos yemas de huevo con un par de cucharadas de azúcar. Se añaden unos 400 gramos de mantequilla (que deberá estar a temperatura ambiente para que sea más fácil de mezclar). Se mezcla con el chocolate derretido hasta que quede una masa uniforme. Se puede añadir más azúcar al gusto.

A partir de este momento hay que buscar el espesor adecuado añadiendo mantequilla poco a poco y mezclando muy bien. No hay que pasarse con la mantequilla o puede quedar demasiado líquida y desparramarse por toda la tarta.

Para la parte final hay que tener preparado un bol con agua tibia azucarada. En una bandeja se va poniendo una capa de galletas empapadas en el agua y luego otra de chocolate. Lo ideal es que se vaya cambiando la posición de las galletas en cada capa para que sea más consistente. Para acabar, se recubre la tarta por completo de chocolate.

Tarta de chocolate

Así me quedó a mí la tarta

Como adorno se puede hacer un merengue con las claras de huevo para la parte superior de la tarta.

¡A comer!