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De Rositas y Margaritas‚ Capí­tulo V (Vivo en el paí­s más feliz del mundo)

Noruega suele salir en las noticias cada año por encabezar diversas listas que lo clasifican como el mejor país para vivir del mundo. Se suelen cuantificar características como el bienestar, la prosperidad económica, la educación y la esperanza de vida. Viviendo aquí me he dado cuenta que es cierto todo eso. Viendo la realidad de esos baremos utilizados para calificar un país como el mejor para vivir, se ve que están muy por encima de muchos otros países. Hay que decir que los sucesivos gobiernos y su manera de invertir el capital del petróleo han sido clave en todo esto.

Y os preguntaréis: “Pero bueno Fernando, ¿hemos venido a meternos con los noruegos o a qué? ¿cuándo empieza lo interesante?”. Pues ahora.

Esas estadísticas valoran términos tan amplios, tan genéricos y abstractos que luego cuando estás aquí, ves que no son suficientes ni son fácilmente cuantificables.

No discutiré que hay prosperidad económica, porque siendo el tercer exportador mundial de petróleo en un planeta movido por el oro negro, inevitablemente trae un montón de pasta. También bienestar porque cuando hay dinero, las cosas funcionan mejor, desgraciadamente.

Pero si todo fuese tan bonito como lo pintan, ¿qué necesidad tienen los habitantes del país de la felicidad de escapar cada vez que tienen ocasión? En otoño e invierno el éxodo es descomunal, pero el frío y la luz no son excusa para ello, porque en verano la cantidad de gente que se va de Noruega es parecida.

Para ser una gente que ha vivido toda su vida en condiciones como las que hay en Noruega, no pierden ocasión de quejarse por el frío o que llueva tanto en verano. Es curioso que para estas cosas sí que se quejen pero para otras que pueden ser solucionables, no.

Compran cosas fuera porque son mas baratas, incluso se dan paseos en coche hasta Suecia para volver cargados hasta los topes. Saben que con eso evitan pagar muchos impuestos pero aun así se enorgullecen de la cantidad de protecciones sociales que tienen, eso sí, siempre que las paguen otros.

La sanidad es muy deficiente. Los médicos no profundizan en la enfermedad y confían en que se curará solo. Muchas veces deriva en problemas más graves por un diágnostico incorrecto. No estoy de acuerdo en empastillar a la gente, pero tampoco en que el cuerpo humano por sí solo deba hacerlo todo.

En cuanto a la educación, merecería un artículo por separado, pero lo resumiré en que el maravilloso préstamo que ofrece el gobierno para estudiar, te convierte en un esclavo del estado hasta que lo devuelvas. Es prácticamente inviable devolver el préstamo con un sueldo que no sea del país.

Así que los que hacen esos estudios sobre el mejor país para vivir, que se vayan a vivir una temporadita a los países que incluyen en la lista.

De Rositas y Margaritas – Capítulo II (No destacar para triunfar)

Otra de las cualidades de este pueblo, la cual no sabría decir si es una fortaleza o una debilidad, es la timidez o el miedo a hacerse notar. Lo considero una ventaja en cuanto a que son gente humilde y sencilla, en su mayoría sin ningún tipo de malicia. Son capaces de creer que Elvis sigue vivo y está viviendo en tu casa si se lo dices mirando a los ojos y con la debida seriedad. Esto es algo que va cambiando poco a poco y hace que los noruegos sean más desconfiados que hace un tiempo atrás. Una lástima.

La desventaja es que esa timidez extrema deriva en problemas más serios.

El primero es no quejarse por nada. Si algo les desfavorece, es difícil que protesten o digan lo más mínimo para mostrar su desacuerdo. Un claro ejemplo es una imagen que jamás se me olvidará, en el autobús, cuando una persona quiso bajar en una parada pero el conductor no abrió la puerta. El tío simplemente se quedó quieto con mirada nerviosa y esperó a la siguiente parada para bajarse sin rechistar.

El problema más grave es el severo alcoholismo de los noruegos en general. Supuestamente, usamos el alcohol para desinhibirnos, pero los noruegos van aún más allá y hasta que no van a cuatro patas, no paran. Llegan a unos extremos realmente impresionantes y en muchas ocasiones, dan pena. Su manera de ser medianamente sociales con gente externa a su grupo de amigos, es beber como cosacos, pero por norma general, suelen pasarse de la raya.

Es una lástima que algo que simplemente podría ser humildad, haya derivado en una especie de pánico social que al final se ha vuelto contra ellos.