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Skjeggedal – Trolltunga

Durante el verano pasado estuvimos en una boda de un amigo en Stavanger y aprovechando que era verano y todavía me quedaba por visitar otra de las maravillas naturales de Noruega como es Trolltunga, planeamos la excursión a dicho lugar. No era la primera vez que había intentado ir allí, pero la vez anterior no había planificado bien el tiempo e íbamos muy justos, así que tuvimos que descartarlo para hacer cosas similares. Esta vez había tiempo de sobra y era nuestro único objetivo, así que podíamos tomárnoslo con calma.

El objetivo inicial era aproximarnos a Skjeggedal por la tarde, acampar allí y al día siguiente hacer la excursión madrugando debidamente. El problema fue que al llegar a Skjeggedal, nos dijeron que no estaba permitido acampar, así que hubo que variar el plan para hacer la primera parte de la ascensión (la más dura) ya muy tarde pero todavía con luz. Lo bueno del verano en Noruega es que hay muchas más horas de luz. Pero no quitaba para tener que hacer una ascensión de casi 700 metros cargados con todas las cosas que teníamos pensado haber dejado abajo.

Una vez elegido el sitio en un lugar más o menos llano, empezamos a montar la tienda deprisa y corriendo ya que la luz se empezaba a ir. De otras experiencias con la tienda en Noruega ya sabía que lo principal era que no se colasen los mosquitos, sobre todo sin luz para luego poder cazarlos dentro.

Campamento

 Foto de la mañana siguiente de cómo quedó la tienda

Aproximadamente a las 23.30 ya había anochecido pero nosotros estábamos guarecidos en la tienda comiendo la cena, pero nos faltaba agua. A pesar de estar oscurísimo y solo disponer de una pequeña linterna en mi llavero, salí al encuentro de agua corriente. En este país no es muy complicado encontrarla así que tenía la esperanza de no estar mucho tiempo de paseo nocturno. Guiándome por el oído me acerqué hasta un riachuelo y cargué todas las botellas que llevaba.

Después de una noche de plácido sueño y algún que otro ronquido, nos levantamos pronto para aprovechar el día. Todavía estaba amaneciendo y nuestra tienda estaba en sombra así que el frescor se hacía notar. La ventaja de habernos quitado de encima esa primera parte y caminar sin apenas carga se agradeció durante la jornada. El comienzo de la ruta discurre por una canal sombría que poco a poco fue llenándose de los primeros rayos de sol y dejándonos una vista espectacular del valle donde teníamos nuestra tienda.

Subida a Trolltunga

Cuesta y valle donde plantamos la tienda

Tras el primer escollo, prácticamente se camina en llano, al borde de las altas paredes que encierran al lago Ringedalsvatnet. Ese largo paseo hasta Trolltunga está lleno de paisajes espectaculares mires donde mires y como puede apreciarse en las fotos, el tiempo acompañó.

Vistas del lago

 Primeras vistas de Ringedalsvatnet

Aún estando en agosto, es complicado tener días tan buenos como el que tuvimos, se puede decir que fuimos afortunados.

Trolltunga

Buen tiempo + buenas vistas = gran foto

Además durante todo el paseo, cargamos con un tupper lleno de muffins de la boda del amigo que contaba al principio. Dimos buena cuenta de ellos cerca de la roca después de los bocadillos que nos metimos entre pecho y espalda.

Muffins en Trolltunga

La prueba de que cargamos con los muffins

Para el camino de retorno, lo hicimos exactamente por el mismo lugar, disfrutando nuevamente de las vistas aunque con un poco de miedo por las nubes que comenzaban a aparecer.

Camino de regreso

Camino de vuelta hacia la tienda

 

Lago con nubes

 Riachuelo desembocando en el lago

En uno de los numerosos ríos y lagos del camino, nos dimos un bien merecido baño. A tiempo porque después las nubes cubrieron todo e incluso llovió brevemente. Así es el clima en Noruega, impredecible.

Secando toalla

Secando la toalla después del baño

Una vez en la tienda y tras descansar un rato, desmontamos todo y descendimos hasta el coche bastante penosamente. Prácticamente caminamos durante todo el día y tener que portear la tienda al final de la jornada se hizo muy pesado.

Descenso cargados

Cargando la tienda y demás cosas en la bajada hasta el coche

Otra marca más que pongo en mi lista de cosas pendientes por hacer en Noruega. Cada vez quedan menos.

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Dovrefjell: Vuelta Grytholtjønnin

El sábado, con la tienda ya colocada y sin tener que cargar muchas de las cosas que llevábamos, nos dedicamos a dar una vuelta por los alrededores de la cabaña. Con la intención de subir a los picos que estaban justo al norte del lago donde estábamos emplazados, tomamos el camino en dirección a Grøvudalshytta que discurre por la orilla del mencionado lago.

Disfrutando del paseo mañanero

Una vez llegados al comienzo del lago tení­amos que atravesar el rí­o que lo alimentaba y así­ lo hicimos sin excesivo problema. Pero llegados a ese punto ya no habí­a camino a seguir. Tocaba improvisar y subir hasta la cima sin mucha idea de por dónde hacerlo. Afortunadamente la forma redondeada del pico ayudó a encontrar la ví­a más lógica.

No parece que este pico ni el siguiente tengan nombre conocido, al menos no aparece en los distintos mapas que he consultado, pero deberí­an porque las vistas eran muy bonitas.

Foto de cumbre con Snøhetta al fondo cubierto por una nube

En la parte más alejada del lago se encontraba nuestra tienda de campaña

En la foto anterior puede verse parte del recorrido que hicimos. Vinimos caminando por la otra orilla del lago hasta encontrar un paso por el rí­o que desembocaba en él. Hubo que caminar durante un buen trecho.

La zona interior de Dovrefjell estaba mucho más cargada de nieve

Caminamos por toda la cresta hasta llegar a otro pico más bajito con un viento bastante fuerte. Teníamos ganas de llegar a la otra cara porque pintaba que iba a hacer mucho menos frí­o. Otra vez tuvimos que bajar por una zona de piedras grandes e incómodas que conseguimos evitar en varias ocasiones, cruzando por algunos neveros bastante amplios. A continuación solo hay que llanear hasta encontrar el camino que va desde Loennechenbua hasta Åmotdalshytta y que cruza nuestro lago justo por la parte más baja en la que se convierte en un rí­o fácilmente vadeable. O eso es lo que decí­a la descripción del camino. Al llegar a dicho punto, las marcas rojas de la DNT mostraban el camino perfectamente, pero al estar el rí­o un poco crecido, las piedras sobre las que tení­as que ir saltando para cruzar estaban todas cubiertas por agua.

Este era el aspecto del rí­o que tení­amos que cruzar

No nos quedaba otra opción que cruzar el rí­o porque dar la vuelta por donde habí­amos venido implicaba otras cuatro horas de ruta y después de haberlo intentado en repetidas veces llegamos a la única conclusión posible: habí­a que mojarse.

Hubo dos tramos bastante diferenciados. En el primero tuvimos que quitarnos las botas y el pantalón y cruzar en calzoncillos con todo lo que no querí­amos que se mojase dentro de la mochila. El agua cubrí­a hasta un poco más arriba de la rodilla y las piedras sobre las que caminábamos rascaban como demonios. Tuvimos sesión exfoliante de pies gratuita. Tampoco es que doliese mucho porque el agua congelada del deshielo terminaba por adormecerte los pies, lo que nos forzaba a descansar sobre las pocas piedras que sobresalían por encima del cauce para entrar en calor de nuevo. Esta fue la parte más ridí­cula del vadeo.

En la segunda parte ya pudimos ponernos los pantalones y tener algún que otro descanso sobre musgo mullido.

De la primera parte ridí­cula no hay fotos 🙂

Después de cruzar el rí­o quedaban escasos doscientos metros hasta nuestra tienda de campaña, en la que disfrutamos de una merecida comida y una aún más merecida siesta mientras fuera lloví­a a mares.

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Ruta: Sørvågen – Djupfjordheia – Merraflestinden

Durante el viaje por las islas Lofoten, planeamos hacer alguna ruta si el día se levantaba despejado. Aunque eso de establecer diferencia entre el día y la noche en un lugar así es un poco extraño. Encontré una ruta que prometía bastante casi al final de las islas y siempre nos quedaba la opción de ir hasta el refugio Munkebu, un lugar desde el que hacer noche para descubrir aún más toda la zona interior de la isla de Moskenesøya. Así­ que armados con mi GPS y un track que encontré por ahí­, pusimos rumbo a nuestro primer objetivo, una elevación llamada Djupfjordheia.

Salimos del pueblo de Sørvågen por un camino no muy complicado que poco a poco iba ascendiendo y dejándonos apreciar unas vistas cada vez más increí­bles. La ruta asciende por el lateral de tres lagos a distintas alturas. Son el Stuvdalsvannet, Tridalsvannet y Fjerddalsvannet.

Vista del segundo lago, el Tridalsvannet

Una vez en nuestro primer objetivo, el Djupfjordheia, ya empezamos a admirar las vistas y lamentar que estuviese un poco nublado. Aprovechamos para comer y sacar unas cuantas fotos. No fuimos los únicos que pasaron por allí­.

Nuestro siguiente objetivo, el Merraflestinden, a la derecha

Gente desfilando hacia el refugio Munkebu

Quedaba nieve a escasos 500 msnm a principios de julio

Casi todo el mundo iba en dirección a Munkebu, pero nosotros decidimos ir en otra dirección, hasta el Merraflestinden, desde donde supusimos que habrí­a mejores vistas. Y así­ fue.

El pueblo de Sørvågen y las pequeñas islas al final de las Lofoten

En la cima del Merraflestinden con Djupfjorden y su puente

Esta es prácticamente igual a una foto anterior, pero conmigo, así­ que el paisaje gana 😀

Vista de tierra firme al fondo. Vaya montañitas que hay al lado del mar…

Sørvågen de nuevo, con el ferry que va a Bodø saliendo de puerto

Esta es para demostrar el pedazo de zoom de la cámara

Con las mismas nos fuimos por donde vinimos, no quisimos arriesgarnos a investigar nuevos caminos porque tení­amos un lisiado con nosotros y no era cuestión de forzar la máquina.

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Ruta en bici: Uelands gate – Holmenkollen – Ullevålseter – Sognsvann

Et voilà! Este fue el estreno de mi bici nueva, una rutita por lugares desconocidos de los alrededores de Oslo, enlazando con un clásico como es el tridente FrognerseterenUllevålseterSognsvann. Estuvo muy bien el descubrir nuevas callejuelas de los barrios residenciales de Oslo, aunque implicase darnos una pequeña paliza extra.

A los pies del salto de Holmenkollen

En Frognerseteren, había una cantidad increíble de turistas y allí nos cayó el primer chaparrón del día. La verdad es que fue un día extraño, con lluvias esporádicas y sol intermitente.

Turistas desembarcando en Frognerseteren

Descansito en Ullevålseter

Toda la vuelta hasta casa era bajada a partir de ahí, así que lo disfrutamos como enanos. Lástima que la lluvia hiciese que llegásemos a casa un poco más marrones de lo normal 🙂

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Ruta esquí: Skansebakken – Finnerud – Kobberhaughytta – Ullevålseter – Sognsvann

Y ya está. Aunque fue hace casi un mes, el último día de esquí de fondo llegó. Con pena por acabarse la temporada, y sobre todo de la manera en que lo hizo, pero también con alegría porque el verano llegará y con él los paseos en bicicleta.

Mi idea con esta ruta era enlazar Sørkedalen con Sognsvann de la manera más directa posible, así­ que fuimos hasta Skansebakken, lugar en el que ya habí­a estado antes.Ya mosqueaba un poco el tema cuando en el autobús solo quedaban viejecillos con sus esquí­es, lo que demostraba que algo fallaba, tení­a pinta de ser una ruta facilonga cuando lo que habí­a visto sobre el mapa es que habí­a fuertes desniveles. Así­ que con mi renovada y siempre sorprendente habilidad para perderme en los lugares más simples, fuimos en dirección contraria a donde deberí­amos. Al cabo de un rato ya me dí­ cuenta que aquello no iba bien y volvimos a dar la vuelta hasta el punto de partida.

Allí­ preguntamos a un noruego sobre lo que querí­amos hacer y nos indicó cómo y dónde empezar. De hecho nos llevó en coche durante un rato como puede observarse en el perfil de velocidad del track.

Entonces ya empezó la verdadera ruta, con una cuesta de las buenas en la que también nos perdimos en varias ocasiones e incluso hubo que echar los esquí­es al hombro cuando el camino desembocó en una carretera despejada de nieve.

Poco a poco, y yo cada vez con más mala leche, fuimos llegando hacia zona conocida, Kobberhaughytta.

Mientras comí­amos los bocatas veí­amos a la gente pasar

Desde allí­ hasta Ullevålseter es lo de siempre y tuvimos la suerte de encontrarnos con unos amigos que habí­an hecho otra ruta distinta. El reencuentro fue muy divertido y vino genial para bajar la mala leche y el cansancio.

La foto del reencuentro

La verdad es que no me hizo mucha gracia que ésta fuese la ruta de final de temporada, pero mejor que nada… Ya volverá el invierno de nuevo.

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Ruta esquí: Frognerseteren – Tryvannstua – Ullevålseter – Sognsvann

¡Que se acaba! La penúltima ruta de este año es otra que casi está a punto de entrar en el ranking de las más míticas. Una ruta para días en los que uno se encuentra más vago de lo habitual por ser todo bajada prácticamente. La verdad es que no hay mucho que contar, únicamente que se empieza a oler la llegada de la primavera, por sus colores, la nieve derritiéndose y el sol poniéndose a las 8 de la tarde.

Las vistas del fiordo siempre son magníficas

Unos bonitos perros gemelos

A este me refería con lo de los colores y las puestas de sol a las 8 de la tarde

Parece mentira que este sea mi segundo invierno aquí, si me pongo a pensar un poco en todo lo que ha pasado desde hace ya un año y medio, la verdad, marea.

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