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Ruta esquí: Frognerseteren – Tryvannstua – Ullevålseter – Sognsvann

¡Que se acaba! La penúltima ruta de este año es otra que casi está a punto de entrar en el ranking de las más míticas. Una ruta para días en los que uno se encuentra más vago de lo habitual por ser todo bajada prácticamente. La verdad es que no hay mucho que contar, únicamente que se empieza a oler la llegada de la primavera, por sus colores, la nieve derritiéndose y el sol poniéndose a las 8 de la tarde.

Las vistas del fiordo siempre son magníficas

Unos bonitos perros gemelos

A este me refería con lo de los colores y las puestas de sol a las 8 de la tarde

Parece mentira que este sea mi segundo invierno aquí, si me pongo a pensar un poco en todo lo que ha pasado desde hace ya un año y medio, la verdad, marea.

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Ruta esquí: Frognerseteren – Tryvannstua – Kobberhaughytta – Ullevålseter – Sognsvann

Los últimos días de nieve se acercan, y por eso mismo hay mucha más gente de lo normal rondando por Oslomarka. A veces es un poco desesperante que sea así, sobre todo cuando toda una familia ocupa las pistas enteras a lo ancho. Lo peor no es que sean padre y madre con su prole, es que además llevan los más pequeños en trineos atados a la cintura, los perros y hasta a la abuela si se tercia.

Ya se nota la mala calidad de la nieve por las bañeras que aparecen

Otra de las peculiaridades de llegar al final de la temporada de nieve, es la dificultad de elegir cera para poner a los esquíes. En ocasiones hay que usar mezclas de blanda y dura en distintas partes de la base y hasta que das con ello puedes pegarte unas cuantas tortas.

Aquí vemos a David poniendo su cera

Vimos algo así de raro al empezar a esquiar

La ruta enlaza sitios más que conocidos, pero por caminos distintos a lo normal. Decidimos que al haber tanta gente, lo mejor era ir por vías más pequeñas o poco convencionales. Hubo algunos tramos muy estrechos en los que tanto para subir, como para bajar, nos caímos infinitas veces.

Uno de los caminos de los que hablaba

Lo malo es que siempre acabas llegando a la civilización y esa última parte siempre está hasta arriba de gente que vuelve a ella. Hubo un momento que me cabree bastante bajando de Ullevålseter a Sognsvann porque no me dejaban pasar y un pobre niño sufrió las consecuencias. Pero bueno, que espabile y para la próxima que se aparte 😀

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Ruta esquí: Voksenkollen – Tryvann – Ullevålseter – Sognsvann

En esta ocasión fuimos a lo fácil, que es bajar casi todo el rato. Pero fue así porque hubo un pequeño grupo de novatos que quiso probar las excelencias del esquí de fondo. Del grupo de comienzo, que resultó ser de doce personas, solo hicimos la ruta completa cinco. No es que fuésemos dejando a la gente moribunda al lado del camino, sino que por diversos motivos fueron abandonando y volviendo al punto de partida.

Fue en Tryvannstua donde los últimos que quedaban dieron media vuelta, lugar desde el que había una vista muy buena de las pistas de esquí alpino.

Las pistas de esquí de Tryvann

Durante el resto del tiempo me dediqué a disfrutar de las bajadas, a sacar fotos y a disfrutar del paisaje que, con las nevadas de los días anteriores, estaba más bonito que nunca.

Un poco más adelante de Tryvannstua

Aquí van mis dos modelos para la foto en plena competición 😀

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Ruta esquí: Frognerseteren – Tryvann – Kikutstua – Bjørnholt – Skjersjødammen – Ullevålseter – Sognsvann

Qué mejor manera de retomar el esquí de fondo que con una de las rutas más míticas (aunque no tanto como la de Sognsvann – Ullevålseter) y ligeramente alterada.

Durante estos días ha hecho un frío bastante inusual para Oslo, llegando a sobrepasar los -20ºC en varias ocasiones, así que ponerse a esquiar con doce bajo cero se agradece considerablemente. En los primeros minutos las manos siguen doliendo de frío, pero una vez se entra en calor, no hay problema.

La ruta comienza en Frognerseteren, donde este año se han lucido con las reformas del metro y ya no se puede subir hasta la parada final. Cinco estaciones antes hay que bajarse del metro y coger un autobús que suele ir abarrotado. Las obras se están realizando con motivo del próximo campeonato del mundo del FIS en 2011, pero me parece una tontería que se trabaje en invierno cuando es el momento del año en el que más se utiliza esa línea. Ellos sabrán.

En esta ocasión hice la ruta solo, algo que muchas veces no es lo más divertido pero no se hace cansado para nada. De todos modos, siempre hay gente en el camino.

Atravesando una zona de marisma congelada

En la parte más alejada de Oslo a la que he llegado esquiando, Kikutstua, había muchí­sima gente. En todas las veces que pasé por allí antes, nunca había encontrado tanta gente ni tan variada. Incluso vi a familias con sus niños pequeños, cosa bastante rara porque los niños no suelen llegar hasta tan lejos.

En Kikutstua había un perrillo atado. A una bici cubierta por nieve

No puedo creerme que la cola de gente que había en la entrada fuese para comprar comida o bebida, porque si es así, montaré un puesto de tortillas en mitad del bosque y me forraré 🙂

Había una cola terrible para entrar a la cabin

Después del merecido bocata, tocaba volver a Sognsvann, esta vez por la ruta más directa que ya empezaba a estar cansado a pesar de los dos bocadillos que me metí entre pecho y espalda. Cuando digo directa, es directa prácticamente en línea recta, cruzando el enorme lago que hay a los pies de Kikutstua en dirección a Bjørnholt. Lo malo de coger esta ruta es que habí­a un fuerte viento de cara y a 12-14 grados bajo cero la sensación térmica era bají­sima.

Una vez en Bjørnholt, no supe muy bien por dónde ir y como siempre que tengo que elegir entre dos opciones, escogí la incorrecta. El camino fue desviándose más y más hacia el este cuando deberí­a ir hacia el oeste. Así­ que en la primera ocasión que tuve cogí­ el primer desví­o al oeste, siendo un típico camino estrecho y sin guí­as para los esquí­es. Las leches fueron continuas pero no muy dolorosas, fue una suerte que nevase tanto ese dí­a.

Afortunadamente el camino llevaba a una zona que ya conocí­a y que me encanta, una zona de bajada continua por donde no va casi nadie, así­ que me lo pasé como un enano hasta llegar a Ullevålseter.

Salida de la presa de Skjersjødammen

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Ruta: Sognsvann – Ullevålseter – Lørenseter – Tryvannstua – Voksenkollen

Creyendo que iba a hacer mejor tiempo, madrugué para aprovechar el día. Tenía botas nuevas que estrenar y como un niño con zapatos nuevos me largué a Oslomarka. Me imaginaba que habría nieve en algunos tramos, la poca que quedase, así que ideal para probar las botas en varias condiciones.

Sognsvann en pleno deshielo

El lago Sognsvann; hace no mucho he cruzado por encima de él

La nieve que había, era hielo de pescadería (término acuñado por Rigo :D) pero con el calor que hace últimamente era perfecta para esquiar. Lástima que solo había en tramos muy contados.

Nieve de pescadería

Homenaje al hielo de pescadería

Seguí admirando el paisaje mientras avanzaba. Es curioso pero aunque he hecho mil veces este mismo camino, había zonas que me costaba reconocer. Cuestión de ir con un montón de nieve y de noche 🙂

Pato rompehielos

Un pato rompehielos haciendo su trabajo

Incluso la famosa cuesta en la que tantos piñazos me dí bajando, parecía otra. Aunque en la foto parezca que está perfecta para esquiar, se puede ver un enorme bache en la parte baja en el que no hay nieve.

Cuesta maldita

La maldita cuesta anterior a Ullevålseter, qué recuerdos

Cada vez que veía unos cuantos metros de camino con las marcas de los esquíes, se me ponían los dientes largos. Hacía más de un mes que no hacía fondo y no había podido despedir la nieve como $DEITY manda.

Guías de esquí

Todavía quedaban tramos con guías para esquí

Paisaje primaveral

Paisaje primaveral

Hasta que llegue a un punto en el que vi a un esquiador. ¡Cagontó! Si el podía yo también.

Esquiador solitario

Esquiador solitario, parece mentira que estemos en la segunda quincena de abril

Desde donde vi al esquiador hasta el final de la ruta, había nieve más o menos constante. Por lo que tomé la decisión de, al día siguiente, coger los esquíes y venir a despedir la temporada de invierno.

Cerca de Voksenkollen

Descanso con panorámica de Oslomarka

Con la tontería me metí más de 16km, todos de subida, muy suave, pero subida al fin y al cabo. Y para compensar fui bastante rápido.

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Ruta esquí: Frognerseteren – Tryvannstua – Kobberhaughytta – Kikutstua – Fortjernbråtan – Skar

El fin de semana pasado fui a esquiar. Aproveché que tuve que acompañar a unos amigos de Santander a la estación de tren muy pronto para poder coger su avión. Después de haber salido de fiesta el día antes y habiéndome levantado a las 8 de la mañana, noté que en algunas cuestas me ahogaba por los excesos 🙂

Total, que a las 10:30 de la mañana ya estaba con los esquíes puestos y con todo el día por delante. Eso sí, la nevada que estaba cayendo era impresionante. Muchas cuestas las bajaba con los ojos cerrados porque la nieve se colaba por todas partes.

De nuevo mi objetivo era Kikutstua y una vez allí ir hacia el este o el oeste sin rumbo fijo. Ventajas de haber madrugado y tener tantas horas de luz por delante.

Llegando a Kikutstua

La escena asusta un poco, parece un viaje hacia el fin del mundo

Llegando a Kikutstua sin parar apenas, el chocolate caliente y el bollo que me zampé en el refugio me hicieron revivir. El agua empezaba a traspasar la ropa. Por muy impermeable que sea, al final la nieve acaba descongelándose lentamente encima de uno.

Para volver a entrar en calor, aceleré el paso a costa de ir resoplando como un león marino. Algo que no impidió que parase a sacar unas fotos.

Río nevado

Un río, un lago, árboles y nieve. La combinación perfecta

Lago descongelándose

Ya no hace tanta gracia pasar por encima de los lagos

Poco a poco fui descendiendo hacia el sur, para intentar llegar a Sognsvann como siempre. Pero me había ido demasiado al este. Sin darme cuenta aparecí en Skar, un pequeño barrio/pueblo de Oslo que está bastante alejado del centro y en el que nunca había estado. Afortunadamente tenían parada de autobús y yo no tenía ganas de seguir esquiando más ese día.

Encrucijada

Se me nota en la cara que ya llevaba una trisca considerable encima

En la parada de autobús estuve hablando con un señor noruego que también venía de esquiar. Me comentaba que hacía como veinte años que no nevaba tanto en Oslo, nevadas así sólo las recordaba de cuando era joven. Amablemente me indicó los autobuses que tenía que coger para llegar a casa mientras ya dentro del bus, empezaba a quedarme frío y a tiritar. Fuí a casa corriendo y de cabeza me metí en la ducha, que me sentó mejor que nunca.

Para acabar, un vídeo del día anterior en el que se pueden ver mis progresos.

Cabe decir que momentos despues bajé esa cuesta de nuevo y me pegué tal piñazo de morros que todavía tengo moratones al golpearme con los bastones y los esquíes. Pero no pasa nada 😀

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