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Jubilarse o morir

Hoy toca lección de estadísticas y de comparación de fuentes periodísticas.

Tenía un borrador medio hecho sobre este tema desde hace varios meses y al fin voy a finiquitarlo, porque ha habido una noticia estos últimos días que ayuda a completarlo.

La noticia es la publicación de los resultados de una encuesta que se realiza todos los años, pagada por la Comisión Europea y denominada SHARE (Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe). No me he leído los resultados como tal, sino la nota de prensa publicada por la gente del proyecto, que más o menos tendrá un resumen bastante exacto del tema. Yo voy a resumir el resumen, a riesgo de cometer errores…

Los resultados pretenden mostrar las diferencias de la población de más edad entre los distintos países de la UE que han participado en la encuesta. Se distinguen dos grupos bastante diferenciados, como son la zona Norte y la Sur. Y para rizar el rizo, separa esas diferencias en cuanto a cuatro aspectos de la vida cotidiana: salud, empleo, familia y sociedad, y estado económico.

  • Con respecto a la salud, los europeos del Norte son más sanos que los del Sur, pero éstos viven durante más tiempo. Las personas con educación son más activas que las que no tienen estudios, que tienden a padecer de obesidad. Y el alto estado socio-económico hace que seas menos propenso a la depresión.
  • En cuanto al empleo, las personas con mejor salud, se jubilan más tarde. Hecho que también se produce cuando los trabajadores están en un entorno agradable durante su vida laboral pre-jubilación.
  • En lo referente a la familia y sociedad, los mayores de 65 pasan más tiempo con la familia, sobre todo cuidando nietos. Hay más voluntarios en la Europa del Norte que en la del Sur.
  • El estado económico no lo entiendo muy bien, pero creo que quiere decir que la desilgualdad en el consumo es más baja que la desigualdad financiera. Es decir, que aunque tengas poco dinero, sigues dejándote las perras…

De todo esto se deduce que la gente en el Norte de Europa vive menos tiempo que los de la Sur, pero tienen una mejor calidad de vida al estar más sanos y ser más ricos.

Ahora paso a comentar lo que dos medios de comunicación dicen sobre este informe:

El artículo de Europapress es el más cercano al texto original, pero con un par sueltan que los países del Sur deben mejorar sus sistemas geriátricos para asegurar que no sólo las personas vivan más, sino que su calidad de vida mejore.

Pero lo de La Vanguardia (a su vez extraído de EFE) ya es de risa, sostienen, y cito textualmente: “Vemos que las personas que se jubilan pronto, durante dos años parecen satisfechas, pero pasado esos dos años se observa un deterioro de su salud y también de su satisfacción, que tiene que ver con la pérdida de sus redes sociales, de sus círculos de amigos, muchos de ellos están vinculados con el mundo laboral” y “Observando el envejecimiento de la población, es necesario incentivar a las personas para que trabajen más tiempo, porque si todos van a vivir más es necesario extender la vida laboral”.

Así que nada, más horas esclavizados en el trabajo. Que total, ya que conseguimos vivir más, es de recibo que agradezcamos a los jefes el favor que nos hacen, trabajando más tiempo, que sino nos aburrimos… Y volvemos a lo de siempre, al Derecho a la Pereza.

Lo que no se dice en ninguno de los dos artículos es que la calidad en el trabajo influye en el tiempo de vida de la gente y puedo dar fe que uno de los motivos por el que los nórdicos viven mejor, es porque no se pasan el día trabajando de sol a sol (ahora mismo sería de luna a luna). A las 3-4 de la tarde, ni un minuto más de lo que es su horario laboral, dan carpetazo y se largan a casa o a hacer lo que les dé la gana, es decir, saben perfectamente distinguir entre la vida laboral y la personal. Creo que aquí tienen mucho más claro que trabajan para vivir, mientras que en España y los países del Sur se vive para trabajar, como algo que nos han inculcado desde hace tiempo, cuantas más horas calientes la silla, más agradecido estará tu jefe.

Y no sólo eso, en Noruega he visto a señores bastante entrados en años, practicando nordic walking asiduamente cada fin de semana. O si me remonto a no hace mucho, en los Países Bajos, a señoras también mayores, yendo en bicicleta a hacer la compra y cargar las bolsas en los manillares. Por contra tengo el ejemplo de mi ciudad natal, Santander, donde la población jubilada ha invadido el lugar y cada día puedes ver señoras bajando del autobús a las que sólo les falta un arnés, mosquetones y cuerda para hacerlo escalando o señores cruzando pasos de peatones con lentitud pasmosa con un miedo constante a ser atropellados. Puede que sea cruel, pero es una imagen bastante habitual en Santander.

No se trata de si se trabaja más, si la dieta mediterránea es mejor, si el frío hace que nos mantengámos jóvenes. Se trata de una actitud frente a la vida, de no apoltronarse en un sofá y dejar pasar los días sin hacer nada.

Enhorabuena y mis disculpas a los que han llegado hasta aquí 🙂

Soy un becario ICEX

En este post pretendo contar los motivos de irme de nuevo fuera de España y el proceso que he seguido para conseguir la beca Informática 2008-2009 del ICEX, por si alguien quiere también largarse.

Los motivos se remontan a hace mucho tiempo y no es que haya un momento concreto en el que lo decidiese, sino una sensación que crecía poco a poco y me decía que había que conocer mundo, porque Santander no es un buen lugar para vivir al menos hasta que tienes cuarenta años y quieres apalancarte del todo. Lo de Bélgica no fue nada más que el principio y aunque vino de casualidad, acrecentó mis ganas de marchar de nuevo. Sólo que hay un problema, Santander es la ciudad en la que he vivido desde que nací, es complicado cortar con todo así por las buenas. Aquí tengo mi vida y mis amigos, cosas que no me gustaría perder. Las becas son una especie de metadona para quitar el mono de irme para siempre.

Antes de inscribirme en la beca ICEX estuve a punto de irme a Irlanda con una Leonardo, pero no me convencía porque en esa beca es preferible ir a buscarte un trabajo por tu cuenta y tomarla como un suplemento al sueldo que ya tengas. Mi nivel de inglés no está como para conseguir un trabajo decente en Irlanda así que se impone una ayudita por otro lado.

Es ahí donde la beca ICEX entra en acción. Consiste en una primera fase de un año trabajando en una Oficina Económica y Comercial de España en el extranjero, en mi caso como informático, pero hay otro par de becas más que pueden convenir más a otra gente. La segunda fase es otro año trabajando en una organización o empresa bien en España o fuera, éso debe decidirse casi al final de la fase I.

El plazo de inscripción es de un mes, este año empezó el 10 de marzo y acabó el 11 de abril. Yo me enteré pocos días antes del cierre de la convocatoria así que entré por los pelos. Para hacer la inscripción había que pagar 30 euros.

Tengo que decir que ésto es una inversión de la que no sabes si obtendrás un beneficio, sobre todo para la gente que vive fuera de Madrid. Para realizar las pruebas de selección hay que ir allí y seguramente quedarte un día a dormir, es un constante sacadinero que muchos no están dispuestos a permitirse. Además hay gente que ya trabaja y la entrevista te obligará a pedir un día entre semana para poder hacerla.

El 26 de abril fuí al primer ejercicio, el de conocimientos informáticos, sin saber temario o lo que pudiese entrar dentro del examen. En aquél momento no entendía qué clase de beca podía ser si no podías preparar nada. Ahora sé que lo que se busca con el primer test es comprobar la experiencia obtenida por los participantes, ya sea de anteriores trabajos, de la uni (¡já!) o por cuenta propia.

Pero no acaba ahí el tema, el 24 de mayo tocaban los exámenes orales y escritos de idiomas. Realmente con el de inglés vale, pero yo me apunté también al de francés para subir algo de nota. No creo que sean excesivamente relevantes, salvo que no seas un auténtico zote y no puedas desenvolverte allá donde te manden ni por señas.

La parte más importante a mi juicio, fue la entrevista. En ella se busca conocer al futuro becario y darle el destino más adecuado de los que vayan quedando libres (sí, no se tiene opción a elegir, aunque sí que das una lista de preferencias que puede que tengan en cuenta). No hay que tomarse la entrevista demasiado en serio porque los nervios pueden jugar una mala pasada.

Después de todas las pruebas, quedé el 31 de los más de 300 que nos presentábamos, no está mal.

Y mi destino es Oslo.

El derecho a la pereza

En La rebelión de los curris, Mariano comenta que ha cambiado su percepción del trabajo como algo que hay que hacer para subsistir y ser alguien de provecho.

Y yo digo: por eso no hay que trabajar o trabajar lo menos posible 🙂

Hace tiempo me dí cuenta que no me apetecía ser una hormiguita más de las muchas que salen todas las mañanas medio dormidas de casa, camino de sus trabajos. Que no tenía ganas de currar por un sueldo de mierda para que otro se llevase la parte del león y que por mucho que me dejase los huevos no iba a obtener nada a cambio.

Hace no mucho me interesé por Paul Lafargue y su Derecho a la pereza y encontré muchas ideas que ya se me habían pasado antes por la cabeza. ¿Por qué tenemos que pasarnos el día currando de sol a sol? Si antes sólo usábamos una parte del día para nuestro propio sustento y el resto lo dedicábamos a pintar en paredes de cuevas. Por mucho que digan que nuestro estilo de vida ha mejorado mucho, también lo han hecho las máquinas y los métodos de producción. Deberíamos ser capaces de reducir la jornada laboral en muchísimas horas, pero claro, las empresas siempre quieren el máximo beneficio, a costa de explotar lo más explotable y controlable: el currito de turno.

Paul Lafargue, aun siendo un marxista redomado (llevado hasta el extremo al convertirse en yerno de Marx) dio un paso más hacia ese mundo futuro en el que no haga falta trabajar.

Los logros que se consiguieron durante la Revolución Industrial y más tarde en materia de trabajo, siguen siendo prácticamente los mismos que en la actualidad, no me trago que no sea posible reducir la jornada laboral a 35 horas en un principio y que, por ejemplo en Francia, se las vean y se las deseen para retomar las 40 al decir que no es una opción viable. ¡Claro que no es viable! Las empresas dejarían de ganar un poco de sus desorbitadas ganancias, pero pretendiendo mantener los beneficios (o aumentarlos), por supuesto que no es viable…

Lo dicho, recomiendo leer El derecho a la pereza para ver que no son ideas tan descabelladas y que si no fuésemos una panda de borregos, podríamos luchar por ellas.

Esto era en principio un comentario en el blog de Mariano, pero ha ido creciendo… y se ha convertido en esto.

El arma definitiva

Vía Pixel y Dixel descubro un nuevo tipo de arma que me hubiese venido de perlas en la empresa donde curré hace ya tiempo. Allí tuvimos nuestras pequeñas escaramuzas con ballestas, mazas, shurikens y otros artilugios. Tiempos en los que eramos asiduos visitantes de OfficeGuns y gustábamos pasar un rato de relajación tirándonos cosas 🙂

Super Maul

Pongo el vídeo de la Disintegrator, una ametralladora capaz de lanzar 40 gomas elásticas por segundo, imposible fallar…

Harto de perder el tiempo

A través de un apunte de Ricargo Galli en su blog (aunque sea un boboapunte), vuelve a aparecer un tema que hace tiempo que me ronda la cabeza, la procrastinación. Y es que hace muchísimo tiempo que veo que no aprovecho el tiempo como antes, cada vez me disperso más en varios temas y acabo por no centrarme en nada.

Tal vez sea deformación profesional, o simplemente hacerme mayor, recuerdo que hace tiempo podía hacer tres o cuatro cosas a la vez y cambiar constantemente de una a otra sin que ello supusiese bajar el rendimiento. En los trabajos en los que he estado, he pasado más tiempo leyendo blogs o documentación que programando o haciendo las tareas que me correspondían, también es que no me daban ningun tipo de motivación, así que acababa tomando la postura de esa gran película que es “Trabajo Basura” de: – no es que sea vago, es que no me da la gana –

El caso es que además de ver que me cuesta centrarme en la vida profesional, también me pasa a la hora de leer textos, sea de blogs o cualquier propaganda que vea por ahí. En ocasiones paso líneas y líneas sin enterarme de nada de lo que pone, sobre todo en textos que empiezan a ser un poco extensos. De todos modos me he dado cuenta que donde menos me pasa es al leer libros, con ellos sí que consigo concentrarme mejor que con textos más pequeños y puede que sea la solución a recuperar la comprensión de los extractos cortos, pero cada vez tengo menos ganas de leer…

Intentaré forzarme o releer libros que me gustaron muchísimo en su tiempo para volver a coger el hábito.

No es una promesa de comienzo de año 😀

Preparado, listo, ya

Ya estoy en Lieja totalmente asentado, con todas las cosas sacadas de la maleta y con ganas de empezar a currar, aunque pueda parecer masoca. Llevo poco tiempo aquí,así que no conozco mucho de la ciudad, pero hay algo que es distinto con respecto al resto de Bélgica: los fines de semana, se nota que es una ciudad de estudiantes… Contaré más sobre Lieja en otros posts segun la vaya conociendo más.

Ahora paso a resumir el mes anterior en Bruselas, donde estuve en un curso intensivo de francés con otros cinco españoles y una croata. A todos se nos ha pasado volando y con la sensación de que no hemos aprovechado bien el tiempo. Pero realmente sí que ha cundido, conocí Bruselas bastante bien aunque quedasen cosas por ver, viajé a ciudades de Flandes que dejan la boca abierta, resucité mi francés de entre los muertos (jamás llegué a pensar que le tuviese tan olvidado) y sobre todo, conviví con gente con la que me lo he pasado genial.

Ha sido un mes corto pero intenso, con un montón de horas al día que he aprovechado al máximo, en todo el mes que he estado en Bruselas no he dormido todo lo que he querido ni un sólo día. Y es que a las 5 de la tarde ya es noche cerrada y casi todos los comercios cierran poco después…

En cuanto al francés, a fuerza de escucharlo y verlo por todas partes, se avanza muchísimo, pero es imposible poder hablarlo porque todo el mundo habla español. Ejemplos:

Taquilla de una estación aleatoria de tren
-Yo: Bonjour, je voudrais acheter un billet pour aller à Anvers, s’il vous plaît.
-Trabajador: Son X,XX euros.

Taquilla del Museo Real de la Armada
-Yo: L’entrée est gratuite?
-Trabajador: Sí, y allí tenéis audioguías en español.

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Total, que entre eso, y que cuando caminas por la calle no haces nada más que oír a gente hablar en español por todas partes, no consigues centrarte en el idioma que quieres aprender. Ha habido días que he llegado a odiar el español, sobre todo el día que me enteré que mi supervisor en la empresa había nacido en España 🙁

Pero poco a poco y sin querer te sumerges en el idioma y te dejas llevar, lo más difícil es entender a dos belgas hablando entre ellos, van rapidísimo y unen palabras constantemente, menos mal que ya les voy cogiendo el truco…