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La religión de la humanidad

No, no me he vuelto loco después de haber apostatado. Simplemente quiero comentar algo sobre una religión de la que vi una iglesia la última vez que estuve en París. Se trata de la Religión de la Humanidad y tiene varias iglesias en Francia y Brasil. Vale que cualquier cosa que lleve la palabra religión me produce tirria, pero en esta ocasión, lo dejo pasar.

Después de indagar un poco sobre ella, doy con Auguste Comte [fr], un personaje extraño, tan extraño que su verdadero nombre era Isidore Marie Auguste François Xavier Comte, y de toda esa parrafada, sólo Comte era su apellido. Al parecer, Comte fue el extremo contrario de la postura revolucionaria de Voltaire y Rousseau. Es curioso que de estos dos franceses sí sepamos algo, aunque mucha gente de oídas, y en cambio nada sobre Comte.

Lo que Comte creó fue el positivismo.

Nuestras vidas son los ríos…

Este mes está siendo especialmente siniestro, y es que hoy ha caído otra persona más de mi pueblo (ya es la tercera en febrero). Vale que eran personas mayores que ya habían tenido tiempo de vivir todo lo vivible, pero me hago la siguiente pregunta: ¿realmente hicieron todo lo que quisieron? ¿todo lo que les apetecía hacer? Creo que la respuesta es un “no” rotundo.

Muy poca gente consigue quitarse de encima el miedo al fracaso, al qué dirán. Incluso los que más liberados parecen, esconden detrás de su fachada, miedos que no quieren mostrar.

Es complicado querer remediar todo eso de la noche a la mañana, pero sin duda, cuando llegue el momento de no hacer algo por miedo, pensaré en esas personas mayores que veía de pequeño, sentadas bajo las terrazas de sus casas al sol, observando a la gente pasar. Puede que esperando lo que saben inevitable.

Muerte al alba, pero aún vivir en los corazones
de los que luchan por tus convicciones
te hace ser inmortal.
Aún se escucha tu voz resonar entre las montañas
las que años atrás fueron tus aliadas
para encontrar la libertad.

Vendaval – Muerte al alba

Rebuscar en el pasado

Ayer, de pura casualidad, he dado con el blog de un antiguo profesor que tuve en el I.E.S. José María Pereda y de su perrita Douce.

A través de él he ido dando con información de otros profesores, algunas cosas ya las conocía, pero todo indica que la mayoría de ellos cojeaban del mismo pie, concretamente del izquierdo. Sé que ninguno de ellos intentó inculcar nada a sus alumnos, salvo conocimientos y ser más solidarios y mejores personas. Queda demostrado con varios compañeros de clase que tuve, de los que todavía tengo noticias o mantengo el contacto, la mayoría sin ningún tipo de ideología o totalmente contraria a la de aquellos profesores.

Con el tiempo, cada vez que echaba la vista atrás, me daba cuenta de ello, hasta que el año pasado vi que mi antiguo profesor de gimnasia se presentaba a alcalde de Santander por IU a las elecciones municipales. Y es que las cosas nunca son lo que parecen, pero sí, ahora puedo decir, desde la perspectiva que me dan los años pasados, que sus actitudes y formas de ser, delataban sus pensamientos, por mucho que fuesen neutrales en las aulas.

El que más pudo influir fue Fernando Llorente, al cual, como ya expliqué en el primer post, le debo el nombre de este blog. Dejo el enlace de sus verdaderos pe(n)sares (iré poniendo alguno de vez en cuando aquí), reencontrados después de muchos años.

Como no creo que fuese su intención, sino curiosidad mía, que comenzase a interesarme por temas filosóficos/políticos, no tengo nada que reprocharles, más bien todo lo contrario. De vez en cuando, viene bien saber que hay más gente parecida a tí de lo que pensabas realmente. Anima.

A todos ellos, simplemente gracias.

El derecho a la pereza

En La rebelión de los curris, Mariano comenta que ha cambiado su percepción del trabajo como algo que hay que hacer para subsistir y ser alguien de provecho.

Y yo digo: por eso no hay que trabajar o trabajar lo menos posible 🙂

Hace tiempo me dí cuenta que no me apetecía ser una hormiguita más de las muchas que salen todas las mañanas medio dormidas de casa, camino de sus trabajos. Que no tenía ganas de currar por un sueldo de mierda para que otro se llevase la parte del león y que por mucho que me dejase los huevos no iba a obtener nada a cambio.

Hace no mucho me interesé por Paul Lafargue y su Derecho a la pereza y encontré muchas ideas que ya se me habían pasado antes por la cabeza. ¿Por qué tenemos que pasarnos el día currando de sol a sol? Si antes sólo usábamos una parte del día para nuestro propio sustento y el resto lo dedicábamos a pintar en paredes de cuevas. Por mucho que digan que nuestro estilo de vida ha mejorado mucho, también lo han hecho las máquinas y los métodos de producción. Deberíamos ser capaces de reducir la jornada laboral en muchísimas horas, pero claro, las empresas siempre quieren el máximo beneficio, a costa de explotar lo más explotable y controlable: el currito de turno.

Paul Lafargue, aun siendo un marxista redomado (llevado hasta el extremo al convertirse en yerno de Marx) dio un paso más hacia ese mundo futuro en el que no haga falta trabajar.

Los logros que se consiguieron durante la Revolución Industrial y más tarde en materia de trabajo, siguen siendo prácticamente los mismos que en la actualidad, no me trago que no sea posible reducir la jornada laboral a 35 horas en un principio y que, por ejemplo en Francia, se las vean y se las deseen para retomar las 40 al decir que no es una opción viable. ¡Claro que no es viable! Las empresas dejarían de ganar un poco de sus desorbitadas ganancias, pero pretendiendo mantener los beneficios (o aumentarlos), por supuesto que no es viable…

Lo dicho, recomiendo leer El derecho a la pereza para ver que no son ideas tan descabelladas y que si no fuésemos una panda de borregos, podríamos luchar por ellas.

Esto era en principio un comentario en el blog de Mariano, pero ha ido creciendo… y se ha convertido en esto.

La teoría de la correa de perro extensible

No sé si es cosa mía porque soy un paranoico, o realmente es así, pero el paso de las formas de gobierno feudales a las democracias actuales (con todos los sistemas intermedios que ha habido) encuentra su símil en las correas de perro.

Hasta no hace mucho, todos los perros iban atados con su cuerda bien en corto, el perro sabía perfectamente que estaba subyugado a su amo y que su vida sería así por siempre. Había muy pocas posibilidades de salir de esa condición, pero el perro conocía los límites de la correa y su alcance.

Correa extensibleAhora se llevan mucho más las correas extensibles, que pueden dar mayor libertad de movimiento, explorar mundos un poco más lejanos que con la correa tradicional, la posibilidad de ser más libre. El perro sigue sabiendo que está subordinado a su amo, aunque a veces lo olvida. Es ahora el amo el que realmente pone el límite, un límite tan variable como él quiera, cortando a su libre albedrío y en seco la supuesta libertad del perro.

¿Nos cansaremos del ahogo que produce la cuerda cada vez que salimos corriendo y nos frenan en seco?

La rentabilidad del miedo

El miedo es uno de los negocios más rentables que existen, y aunque sea el factor económico el principal motor, hay muchos otros como el político y el informativo, motores que sí que nos afectan más directamente que el económico, o eso creo yo.

El Camarada comenta en un post la manipulación de los medios. Yo no creo que sea algo casual que se cometan “errores” como el citado, y aunque no conozco los entresijos completos que obtienen como resultado una noticia, sí pienso que alguien en toda esa cadena tiene que darse cuenta de esos errores por narices.

¿Cuándo dejaremos de comportarnos como ovejas? ¿Cuándo de repetir como papagallos lo que oímos? ¿Cuándo seremos críticos con todo? ¿Cuándo de ser unos ignorantes?

Yo no veo ese futuro muy cercano… Cada vez la cosa va a peor y parece como si la paciencia y el estoicismo del ser humano se hubiesen propuesto batir todos los límites conocidos. Nos hemos convertido en una sociedad de quejicas. Si algo no nos gusta, nos quejamos, se lo contamos al vecino, al primo del vecino y al amante de la mujer del vecino, pero nunca hacemos nada para remediarlo, esperamos que alguien lo solucione por nosotros. Tal vez seamos una sociedad de vagos y nos hemos convertido en ello gracias al consumismo, a tener todo a huevo. Tal vez sólo nos quede convertirnos en autómatas a los que nos digan todo lo que hacer paso por paso.

La mejor manera de conseguir que la masa haga todo lo que se le pida es convencerla de que esas cosas son por su bien para garantizar su seguridad, ante el terrorismo, las enfermedades, la delincuencia, los extremismos y un sinfín de males, exagerados para que su efecto sea lo más aterrador posible.

Y lo están consiguiendo… Con un estado de miedo constante…

Puede que en breve nos acerquemos bastante al mundo ficticio que se plantea en 1984 y que la creación del Ministerio de la Verdad no nos extrañe.

Para terminar, qué mejor final que el de la novela:

Dos lágrimas, perfumadas de ginebra, le resbalaron por las mejillas. Pero ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano.