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Feliz quinto aniversario

Cinco años han pasado ya desde que empezase aquella guerra ilegal, desde las manifestaciones en las que gritábamos “No a la guerra” sin que nadie nos escuchase, desde la decisión de los que salían en la foto de las Azores.

¿Qué habéis conseguido con ello además de enriqueceros vosotros y vuestros amigos? Y pensar que personajes como el que dice ésto pueden llegar a dirigir países y controlar la vida de millones de personas… Algo falla. Que paren el mundo que yo me bajo.

Aunque no hay que olvidar que no es la única, ni la última.

El derecho a la pereza

En La rebelión de los curris, Mariano comenta que ha cambiado su percepción del trabajo como algo que hay que hacer para subsistir y ser alguien de provecho.

Y yo digo: por eso no hay que trabajar o trabajar lo menos posible 🙂

Hace tiempo me dí cuenta que no me apetecía ser una hormiguita más de las muchas que salen todas las mañanas medio dormidas de casa, camino de sus trabajos. Que no tenía ganas de currar por un sueldo de mierda para que otro se llevase la parte del león y que por mucho que me dejase los huevos no iba a obtener nada a cambio.

Hace no mucho me interesé por Paul Lafargue y su Derecho a la pereza y encontré muchas ideas que ya se me habían pasado antes por la cabeza. ¿Por qué tenemos que pasarnos el día currando de sol a sol? Si antes sólo usábamos una parte del día para nuestro propio sustento y el resto lo dedicábamos a pintar en paredes de cuevas. Por mucho que digan que nuestro estilo de vida ha mejorado mucho, también lo han hecho las máquinas y los métodos de producción. Deberíamos ser capaces de reducir la jornada laboral en muchísimas horas, pero claro, las empresas siempre quieren el máximo beneficio, a costa de explotar lo más explotable y controlable: el currito de turno.

Paul Lafargue, aun siendo un marxista redomado (llevado hasta el extremo al convertirse en yerno de Marx) dio un paso más hacia ese mundo futuro en el que no haga falta trabajar.

Los logros que se consiguieron durante la Revolución Industrial y más tarde en materia de trabajo, siguen siendo prácticamente los mismos que en la actualidad, no me trago que no sea posible reducir la jornada laboral a 35 horas en un principio y que, por ejemplo en Francia, se las vean y se las deseen para retomar las 40 al decir que no es una opción viable. ¡Claro que no es viable! Las empresas dejarían de ganar un poco de sus desorbitadas ganancias, pero pretendiendo mantener los beneficios (o aumentarlos), por supuesto que no es viable…

Lo dicho, recomiendo leer El derecho a la pereza para ver que no son ideas tan descabelladas y que si no fuésemos una panda de borregos, podríamos luchar por ellas.

Esto era en principio un comentario en el blog de Mariano, pero ha ido creciendo… y se ha convertido en esto.

Preparado, listo, ya

Ya estoy en Lieja totalmente asentado, con todas las cosas sacadas de la maleta y con ganas de empezar a currar, aunque pueda parecer masoca. Llevo poco tiempo aquí,así que no conozco mucho de la ciudad, pero hay algo que es distinto con respecto al resto de Bélgica: los fines de semana, se nota que es una ciudad de estudiantes… Contaré más sobre Lieja en otros posts segun la vaya conociendo más.

Ahora paso a resumir el mes anterior en Bruselas, donde estuve en un curso intensivo de francés con otros cinco españoles y una croata. A todos se nos ha pasado volando y con la sensación de que no hemos aprovechado bien el tiempo. Pero realmente sí que ha cundido, conocí Bruselas bastante bien aunque quedasen cosas por ver, viajé a ciudades de Flandes que dejan la boca abierta, resucité mi francés de entre los muertos (jamás llegué a pensar que le tuviese tan olvidado) y sobre todo, conviví con gente con la que me lo he pasado genial.

Ha sido un mes corto pero intenso, con un montón de horas al día que he aprovechado al máximo, en todo el mes que he estado en Bruselas no he dormido todo lo que he querido ni un sólo día. Y es que a las 5 de la tarde ya es noche cerrada y casi todos los comercios cierran poco después…

En cuanto al francés, a fuerza de escucharlo y verlo por todas partes, se avanza muchísimo, pero es imposible poder hablarlo porque todo el mundo habla español. Ejemplos:

Taquilla de una estación aleatoria de tren
-Yo: Bonjour, je voudrais acheter un billet pour aller à Anvers, s’il vous plaît.
-Trabajador: Son X,XX euros.

Taquilla del Museo Real de la Armada
-Yo: L’entrée est gratuite?
-Trabajador: Sí, y allí tenéis audioguías en español.

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Total, que entre eso, y que cuando caminas por la calle no haces nada más que oír a gente hablar en español por todas partes, no consigues centrarte en el idioma que quieres aprender. Ha habido días que he llegado a odiar el español, sobre todo el día que me enteré que mi supervisor en la empresa había nacido en España 🙁

Pero poco a poco y sin querer te sumerges en el idioma y te dejas llevar, lo más difícil es entender a dos belgas hablando entre ellos, van rapidísimo y unen palabras constantemente, menos mal que ya les voy cogiendo el truco…