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Ruta en bici: Akersbakken – Sagene – Grefsen – Grefsenkollen

La semana pasada me comentaron en la oficina que hay una carrera el 6 de junio en Oslo, en la que los participantes tienen que subir corriendo una colina de las afueras. Son solo 4,5 km, pero la cuestecita de marras se las debe traer. Mirando los precios de inscripción de la competición, veo que cuesta 250 coronas (casi 30 euros). Echando un vistazo triste a las telarañas de mi cartera, llego a la conclusión de no merecer la pena semejante despilfarro de dinero. Con eso me da como para tomar 4 cervezas noruegas. La vida es cuestión de prioridades.

Pero como me pica la curiosidad por ver sitios diferentes de Oslo, no pierdo la oportunidad de ir con la bici hasta la cima de la colina después del trabajo y disfrutar de las vistas. Al fin y al cabo, ya han pasado muchos meses desde aquella épica subida a Holmenkollen en la que casi dejo las tripas y el cuerpo necesita un pequeño sobre-esfuerzo de vez en cuando.

El cielo amenazaba lluvia durante todo el día, pero eso no iba a echarme atrás.

La subida empieza en el barrio de Grefsen, una zona residencial de Oslo que me gustó bastante. Es una lástima que esté tan lejos del centro, sino sería un sitio ideal para vivir.

Vista desde Grefsenkollen

Oslo visto desde Grefsenkollen

Es cierto que la subida es durísima, con un desnivel brutal y tramos en los que casi iba parado con la bici, pero no me pareció tan bestia la idea de hacerlo corriendo.

Una vez en la parte más alta y chorreando sudor hasta por las uñas, descansé admirando las vistas. Tengo que volver un día soleado porque tiene que ser impresionante la vista del fiordo.

Grefsenkollen desde Grefsen

Colina de Grefsenkollen

La bajada la disfruté como un enano. No me crucé ningún coche y en alguna recta llegué a 42km/h y eso que tenía el viento de cara. Por cierto, tengo que conseguirme un casco porque si algún día me caigo, me mato (mensaje para papá y mamá: exagero un poco para darle emoción a ésto :D)

Al llegar de nuevo a Grefsen tomé un camino distinto, al lado del río. Me encantó ese tramo, parecía que estaba a kilómetros de la civilización aun dentro de Oslo.

Río Akerselva

Aunque no lo parezca, este es el río de Oslo: Akerselva

No todo iba a salirme bien, porque poco antes de llegar a casa, empezó a llover como no está escrito. Consiguiendo de esta manera un nuevo e inseparable amigo para el fin de semana: el pañuelo moquero.

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Tuneando mi nueva bici

Hoy, en un mercadillo en el parque Birkelunden, me he comprado una bici, así de pum. Dentro de poco no podré usarla, pero seguro que cuando acabe el invierno le sacaré provecho. Todavía tengo que poner unas cuantas cosas con los medios tercermundistas de los que dispongo aquí, como unos guardabarros y algo en las empuñaduras porque la goma que tiene está hecha una porquería. Pero ya he puesto el sillín fijo para no tener que quitarlo y ponerlo cada vez que la encadene por ahí. Y ya sólo me queda comprar el candado para atarla a cualquier sitio. Sí, aunque los noruegos son muy civilizados, en Oslo no hay sólo noruegos 🙂

¡Mi nueva bici para recorrer Escandinavia!

El salto de agua que hay de fondo no es un pueblo perdido sino del mismo Oslo, lo forma el río Akerselva a su paso por la ciudad, muy cerquita de mi casa. Al parecer en invierno se congela, haré la misma foto dentro de un par de meses a ver si tengo la moral de ir en bici con el hielo y la nieve de la calle.