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Hasta luego

Oficialmente ya se sobrepasó con creces el tiempo máximo de inactividad para considerar a un blog muerto, así que no espero que este último mensaje sea leído por muchos. Quizás todavía haya alguien con un lector RSS que tuviese pe[n]sares olvidado y el cual ahora mismo está leyendo esto con la mayor de las sorpresas.

Desde hace tiempo ya, me planteo el cierre de este mi querido blog que me acompañó en tantas aventuras y desventuras. Muchos borradores a medio escribir que jamás vieron la luz, quedarán por siempre en el anonimato.

Como el blog se había convertido en una especie de diario al que acudía de vez en cuando para rememorar viejas historias, no tiene sentido mantenerlo en este formato abierto que desconozco si seguirá teniendo algún visitante perdido. Lo dejaré abierto durante un par de semanas y seguidamente lo daré de baja, para que pase a ocupar un lugar privilegiado en mi biblioteca privada 🙂

Pero como todo comienzo necesita un final, creo que se merece que dé cierre de alguna manera, solo por el cariño que tengo a estos textos y lo que significaron para mí.

Y qué mejor manera de hacerlo que con uno de los pe(n)sares de mi antiguo profesor Fernando Llorente, al que este blog debió su nombre.

La vida, como los libros, está sometida a una frecuente corrección de pruebas. Al final, a diferencia de los libros en los que  suelen ser escasas las erratas, en la vida abundan los errores. Si detectar las erratas es prueba de que se ha leído el libro, el reconocimiento de los errores lo es de que la vida se ha vivido.

Fernando Llorente, pe(n)sares

Ascensión al Monte Kenya II (Preparación y 4×4)

Como ya comenté en el artículo anterior fuimos a dormir a casa de Hiram y su mujer Jane, encargados de organizar al equipo de personas que vendría con nosotros. El lugar se encuentra cerca de la pequeña ciudad de Naro Moru, a unos 2300 msnm lo que lo convierte en un paso más para aclimatar después de haber dormido un rato la noche anterior en Naroibi que está a 1700.

Durante la cena empezamos a conocer a la gente que formaba el grupo de nueve personas, casi todos españoles. Aunque íbamos a salir todos juntos, nos separaríamos porque queríamos hacer cosas distintas y diferente número de días. Todos iríamos al refugio del Mountain Club of Kenya y pasaríamos la noche del sábado allá. Al día siguiente madrugaríamos para hacer cima y entonces empezaríamos a separarnos. El primero sería un chico holandés que bajaría directamente otra vez hasta el punto de partida para estar de vuelta en Nairobi el domingo por la tarde, un machote. Mi grupo, de cinco personas, tenía la intención de hacer alguna ruta más por unos lagos cercanos y hacer noche de nuevo en el mismo refugio del día anterior para volver el lunes. Los tres restantes seguirían otro día extra, volviendo el martes.

Por ello mismo contratamos dos guías y tres porteadores, con lo que el grupo iba a ser bastante numeroso. No sé hasta qué punto eso puede ser un fallo. Los grupos grandes siempre suelen traer problemas, pero al ir más o menos independientes unos de otros, casi era como ir en grupos pequeños.

Después de la cena tocaba reparto de comida en las mochilas. Jamás vi tantos noodles, avena y barritas de cereales juntos, yo creo que llevábamos comida como para una semana, pero más vale que sobre a que falte. Una vez que todo estuvo repartido, a la cama para descansar.

Durante toda la noche estuvo lloviendo a mares, se oía perfectamente el ruido del agua sobre el tejado de chapa del lugar donde dormíamos y las pocas veces que me desperté esa noche pensé en el embolado en el que me estaba metiendo. Subir a 5000 metros en el comienzo de la estación de lluvias de la zona es algo que promete diversión y aventuras desde el comienzo.

Al amanecer la fortuna nos sonrió y había parado de llover. Seguíamos sin tenerlas todas con nosotros porque con la que había caído no sabíamos si los coches iban a poder subir hasta la estación meteorológica después de todo el barro que se habría formado.

Desayunamos y salimos hacia la puerta del Parque. Es en ese punto donde empezaba el tramo complicado de camino. Los aproximadamente 10km de pista encharcada y embarrada podían hacer que hubiese que echar el pie a tierra y empujar los todoterrenos, aunque con la pendiente que hay, no habría sido una buena opción. La pericia de los conductores hizo que ésto no pasase aunque hubo que parar durante un rato porque uno de los coches se calentó más de la cuenta.

El todoterreno con un buen calentón echando humo

No hubo ningún otro percance digno de mención, pero la parada para que enfriase el motor hizo que llegásemos una hora más tarde de lo previsto al lugar donde comenzaríamos a andar, la estación meteorológica.

Llegada a la estación meteorológica a 3048 msnm

Mientras colocábamos las cosas en las mochilas y comíamos algo antes de empezar a andar, unos pequeños monos a los que les picaba la curiosidad y las ganas de pillar algo para comer, se acercaron a nosotros.

Los monos se acercaban descaradamente mientras nos preparábamos

Organizando todo el equipo y comiendo algo antes de salir

Los animales del parque tienen que estar muy acostumbrados a las personas para no demostrar ningún tipo de miedo e incluso los había tan atrevidos que se acercaban para rebuscar dentro de las mochilas.

Algunos monos se atrevían a acercarse mucho

Algunos llevaban hasta el extremo su curiosidad

Yo preparé la mochila en un periquete y no podía parar de dar vueltas mientras el resto terminaba. No podía entender cómo tardaban tanto en colocarse las mochilas y echar a andar, si ya habíamos preparado todo la noche antes.

Después de unos minutos que parecieron horas, sacamos la foto de grupo y empezamos a andar.

El grupo de montañeros preparados para salir hacia la cumbre

Nota: Las horas en el track están mal, se me olvidó cambiar el huso horario y marca dos horas menos de la realidad. El fallo se repite en todos los tracks de esta serie.

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Ascensión al Monte Kenya I (Objetivo y condiciones)

Quiero dejar clara una cosa en primer lugar. Aunque en esta serie de artículos hable del Monte Kenya como objetivo, realmente me refiero a su tercer pico más alto, Punta Lenana (4985 msnm), el más alto al que se puede acceder sin material de escalada.

Voy a hacer un breve resumen para ponernos en situación y culturizarnos un poco sobre el entorno antes de pasar a contar mis aventuras y experiencia. El Monte Kenya es la montaña más alta del país y la segunda de África con sus 5199 msnm. Se encuentra al noreste de Nairobi y junto a su entorno forma un parque natural que está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El acceso al parque está restringido y es necesario pagar para entrar, con distinta tarifa para residentes y extranjeros. El monte es un antiguo volcán extinto que después estuvo tapado por una cobertura de hielo y durante el tiempo que se descongelaba formó la actual geología de la montaña. Su primera ascensión se completó en 1899 por Halford Mackinder. Punta Lenana es su tercera cumbre más alta y la de más altitud de las que son accesibles a pie.

El principal de los objetivos de esta ascensión era subir a casi 5000 metros y sentir los efectos de la altitud en mis propias carnes. Hasta el momento mi record de altura estaba en algo menos de 3000 cuando hace unos años estuve en el Pirineo con una excursión organizada por Jovenmanía. Esta vez era posible que hubiese problemas porque no había tiempo de aclimatar y hay que recordar que vivo al nivel del mar. Hacer cumbre tampoco era algo prioritario ya que solo con poder disfrutar de los paisajes y la vida animal, el paseo merecería la pena.

El momento elegido para ir no es precisamente el mejor, porque justo empieza la estación de lluvias, en la que los chaparrones esporádicos te pueden pillar en momentos complicados, pero tampoco debía ser muy grave, al fin y al cabo en esa zona de África no hace demasiado frío estando a mucha altura y un poco de agua es soportable.

La idea de la ruta era marchar hacia el monte el viernes después de comer, hacer noche en la base del encargado de conseguirnos los guías y los porteadores, despertar pronto el sábado para ir hasta la estación meteorológica con todoterreno y empezar a caminar allí. A continuación subir al refugio del Mountain Club of Kenya y pasar la noche para al día siguiente (domingo) salir a las 2 ó 3 de la mañana y llegar a la cima justo al momento de amanecer. Después se bajaría de nuevo al refugio y a descansar o hacer una ruta por los lagos y glaciares. El lunes vuelta a la estación meteorológica para coger el coche y camino de regreso a Nairobi.

Esa era la idea, pero de lo que se planeó a lo que sucedió…

De Rositas y Margaritas – Capítulo IV (Si cuela, cuela)

Dicen que Noruega tiene un índice muy alto de morosidad para ser un país en el que no hay mucha gente que pase apuros económicos y por eso son tan estrictos con las facturas, los plazos de pago y las multas por no pagar a tiempo.

Pero lo que nadie tiene en cuenta es el “pillaje” a la hora de cobrar cosas a la gente o de esos pequeños “descuidos” si no estás atento. Poco a poco mi mentalidad ha ido evolucionando desde que estoy aquí y he pasado a fijarme en absolutamente todo lo que me cobran, desde el ticket del super hasta las facturas de la luz.

Creo que todo empezó hace ya dos años, en un sitio bastante peculiar para ello, la recepción del gimnasio. En aquel entonces pagaba la cuota mensual en efectivo cada mes, que eran 430 coronas. Un día como cualquier otro, sin venir a cuento, llegué a la recepción, dije que iba a pagar el mes y la chica me dijo con una amplia sonrisa: “Son 465 coronas”. Un noruego de pura cepa, como ya comenté en un post anterior, no habría dicho ni mu, habría sacado la billetera y apoquinado como un campeón. Yo, inocente de mí, pregunté: “¿por qué?” Y ahí comenzó el primer quebradero de cabeza que hizo cambiar mi manera de ser para siempre.

La amable chica de la recepción revisó algo en el ordenador, aporreó el teclado, hizo dos o tres clicks y me dijo: “Ah, pues son 430”. Sonreí orgulloso de haberme salido con la mía. Pagué, imprimió un ticket y hasta más ver. Cuál fue mi sorpresa al mes siguiente cuando además del aviso normal del pago de la factura me llegó un aviso de impago de otra distinta con un recargo de regalo por no haber pagado a tiempo. Durante seis meses estuve yendo a pagar religiosamente la factura del mes en curso y a quejarme por recibir la de impago, que aumentaba al mismo tiempo que mi cabreo. Cuando ya me harté de ver que no solucionaban el problema y les amenacé conque me iba a borrar del gimnasio y me iría del país en breve, se avanzó un poco más. Tuve que ponerme en contacto con la agencia que estaba tramitando el impago de la factura y justificar con los tickets de todo el año que ya estaba pagada. Afortunadamente estaba guardando todos y la cosa quedó ahí. Pero me pregunto si debería haber pagado lo que me dijo para evitarme todo el jaleo. La respuesta es NO y desde entonces tengo una cruzada personal contra este tipo de cosas que me enervan a más no poder.

Otros ejemplos de este tipo son los vendedores que te ofrecen pastillas de Omega-3 para suplir la falta de luz durante el invierno, te dan una muestra y te cogen los datos. Al cabo de un par de meses te llegan a casa, dos botes de pastillas, una suscripción anual para recibir las pastillas en tu domicilio cada mes y una bonita factura por todo ello. Esto a mí no me ha pasado porque ya no doy mis datos ni aunque me prometan un contrato en propiedad de una casa firmado por un notario con sangre de unicornio.

Pero hay más. Sorpresas al llegar a hoteles por sobrecargos, en alquileres de coches, contratos de móvil… En el trabajo ya ni me meto. Cargos sin avisar aunque hubiese una propuesta firmada antes, trabajos a medio hacer, facturas sin recibir la mercancía.

Hay mil y una aventuras, y cada día, con solo salir a la calle y cuando menos te lo esperes, habrá una a la vuelta de cualquier esquina. No hay lugar para el aburrimiento en Noruega.

Viaje a Rusia parte II (San Petersburgo)

Es duro tener que terminar los borradores que tienes empezados desde hace más de un año. Las cosas ya no están tan frescas y muchos detalles se pierden, pero la esencia sigue ahí. Ya hubo un post con una primera parte de este viaje que cubre los días que estuvimos en Moscú, en los que prácticamente estuvimos con Jon de niñera todo el rato. Esta segunda parte cubre los días que pasamos en San Petersburgo y el viaje en tren que hicimos hasta allá. Billetes que no creo que hubiesemos podido conseguir sin la inestimable ayuda de nuestro anfitrión.

Como ya he dicho tanto la ida como la vuelta la hicimos en tren. Un viajecito de unas 8 horas en un coche-cama sin ningún tipo de intimidad, catres de 70×180 centímetros, gente con incontinencia urinaria nocturna y un calor infernal inexplicable teniendo en cuenta que fuera hacía bastante frío.

La cara que se me quedó cuando me dijeron que el viaje iba a ser de 8 horas

Pero sobrevivimos, tampoco fue para tanto. Llegamos bien prontito al hostel dispuestos a empaparnos de Historia rusa y para ello contratamos a una guía que nos paseó en coche por la ciudad contándonos todas las aventuras de los zares y jet-set de la época comunista.

El otoño ya llegó

Saltando delante de la Iglesia de la Sangre Derramada

Desde la furgoneta de nuestra guía

Decir que la visita guiada estuvo muy bien, aunque en varias ocasiones nuestra guía intentó llevarnos a lugares visitables y estaban cerrados, cosa que debería haber sabido con antelación. Pero vamos, que sin quejas, lo que nos contó fue lo bastante interesante como para no aburrirnos y aprender un poco de la historia de la ciudad. Al final de la ruta, nos dejó en el Hermitage, donde pasamos un buen rato visitando el museo.

En la entrada del Hermitage

Haciendo el tonto en la entrada, one more time

Una de las obras que más gracia nos hizo fue la que viene a continuación, a la que no estaba permitido sacar fotos…

Cher Guevara

Dimos bastantes paseos por la ciudad, alguno de ellos muy largo e incluso nos atrevimos a ir hasta Pushkin, una población a 30km al sur de San Petersburgo donde se encuentra el Palacio de Catalina con su sala de ámbar. Cogiendo el autobús, claro.

Una de las salas del palacio

Hay que comentar que el palacio era increíble, pero fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial y reducido a escombros, así que la práctica totalidad de lo que hay está reconstruido desde cero. Viendo las fotos del antes y el después hay que reconocer que hicieron un gran trabajo. No hay fotos de la sala de ámbar porque estaba prohíbido hacerlas y esta vez no nos arriesgamos a que nos pillasen. Pero para eso está Internet y los buscadores, ¿no?

Como decía al principio sobre la esencia del viaje, que eso no se olvida, lo que queda en el recuerdo fue pasar unos días geniales con gente genial en sitios geniales, aunque alguno fuese un lastre por quedarse cojo 🙂

Laberinto sin piedad 2

No, no me he vuelto loco. Es uno de los múltiples nombres que se obtienen del generador aleatorio de títulos de películas de Steven Seagal.

Aunque me lo recomendó Fermín, yo ya lo había visto en Menéame y no pude evitar soltar unas cuantas carcajadas. Además lo han mejorado y ahora genera un comic aleatorio que bien podría ser usado como guión de una de las aventuras del actor.

Todo esto me recuerda a aquella vez en la que vi toda la filmografía de Steven Seagal en unos días, aquellos eran grandes tiempos 🙂