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La crisis de los 30

Voy a aprovechar el día de mi cumpleaños para hablar sobre la primera de muchas crisis, la famosa “crisis de los 30“. Calma, todavía no me ha dado, pero me adelanto a los acontecimientos 🙂

Es un período que suele estar comprendido entre los 25 y los 35 tirando por lo alto y en el que teóricamente dejas de ser joven. Teóricamente.

En mi opinión, no existe tal crisis, es como una especie de segunda adolescencia en la que pasas de no preocuparte por nada a tener que pensar en el futuro. Son cambios similares a los de la adolescencia pero ahora ya somos conscientes de ello, y nos asusta. Se supone que es momento de sentar la cabeza, tener un trabajo, una casa, un coche y lo más importante, una hipoteca.

Y digo yo, ¿por qué hay que asentarse?

Lo que más nos empuja a ello es el miedo al futuro y a los planes a largo plazo. Pero también la sociedad, el entorno y el reloj biológico (algo que está mucho más marcado en las mujeres).

Es una época oscura, porque mientras ves que la mayoría de amigos de tu edad se casan y hasta tienen hijos como si fuese una reacción en cadena, un pequeño grupo se resiste y salen de fiesta siempre que pueden, hasta el amanecer y se emborrachan como si tuviesen 18 años. Así que tenemos los dos extremos, el exceso de responsabilidad del futuro y la resistencia a hacerse mayor continuando con los hábitos de unos años atrás.

Yo creo que tengo la suerte de no estar en ninguno de esos dos grupos. De momento. Soy más de la opción de aprovechar y vivir el momento. Sé que ahora mismo puedo hacer cosas que hace unos años no podía y también que ahora hago cosas que en unos años no podré. Pero todo es un ciclo, cada etapa tiene sus pros y sus contras, cada momento es único para hacer una cosa en concreto.

Además, si a los 35 nos vamos a empezar a preocupar por la crisis de los 40… ¡menudo sinvivir!

Viaje a Rusia parte I (Moscú)

Ya está, impacientes 🙂 La primera parte del viaje a Rusia está publicada como podéis ver. Ahora seguro que se han creado grandes expectativas sobre este artículo y decepciono a más de uno. Pero qué es la vida sino una cadena de decepciones

Este viaje puede considerarse el broche final de la beca ICEX, ya que aprovechando una oferta bastante buena de Iberia intentamos montar la reunión definitiva con el becario de 15 meses de Moscú como anfitrión. Como viene siendo habitual, apenas tuvimos organización de ningún tipo. Yo no estaba seguro de conseguir el visado con solo una semana de antelación y la verdad, me había empezado a hacer a la idea de no hacer el viaje. Conseguimos el visado en únicamente 2 días. Otros tuvieron más suerte (o más morro) y se lo dieron en media hora. Pero el caso es que conseguimos todo lo necesario para entrar en el país.

La primera impresión que da Moscú es la de ser todo bastante austero, aunque luego te das cuenta que no lo es tanto. Es como si la caída del comunismo hubiese dado lugar a la liberación completa. Eso sí, para los que tienen pasta para permitírselo, porque el resto malvive como puede y afortunadamente no tienen que preocuparse por una vivienda por tener todos alguna en propiedad (reminiscencias del comunismo), pero ya se verá lo que pasa en unos años.

Posando en el Kremlin

Una vez asentados ya podíamos empezar a ver cosas. En este aspecto la ciudad me decepcionó un poco porque siempre la pintan como muy bonita y demás, pero lo único bonito son los edificios más emblemáticos y tampoco son para tanto. En cambio sí que me encantó la parte histórica, el ambiente y el estilo de vida ruso.

La catedral de San Basilio en la Plaza Roja

Bailando con el edificio del Tetris y un poco de frío

Otra vez la Catedral de San Basilio

En un parque alejado del centro de Moscú

Nos hartamos a dar vueltas por la ciudad para visitar cosas siempre que no estuviésemos desayunando en la cafetería del edificio de la Oficina Comercial. Un gran lugar en el que te hinchabas a comer en buffet libre y al que fuimos asiduos durante el tiempo que estuvimos en Moscú. El desayuno es la comida más importante del día, no hay que descuidarlo 🙂

Os prometo que aquí solo estábamos tratando de hacer cuentas para pagar el desayuno

Para movernos por la ciudad, usamos siempre el metro, que es muy barato y bastante espectacular a la vista. Espectacular son los subterráneos y escaleras interminables, porque lo que es el tren en sí, parece que no ha habido ni una sola renovación desde que cayó el bloque comunista. Hacen un ruido infernal y parece que van a desmontarse en cada traqueteo, pero tienen una frecuencia de llegada que ya quisieran muchas ciudades. Y eso sí, jamás esperamos más de cinco minutos a que llegase un metro.

Escaleras mecánicas del metro

Una de las muchas decoraciones de los subterráneos

Durante los días de estancia en Moscú no perdimos ocasión de salir de fiesta. Es una ciudad bastante curiosa en cuanto a este aspecto y merece la pena vivirlo, ya sabréis por qué lo digo cuando estéis allí y lo veáis 🙂

Fiesta en casa de un conocido de Jon

Tuvimos también la gran suerte de que coincidiese Halloween mientras estábamos allí, con lo que la diversión estuvo asegurada, aunque no hace falta precisamente ir en esas fechas, como ya he dicho antes, Moscú es una gran ciudad para salir a divertirse por la noche.

Disfrazados antes de ir a la fiesta de Halloween

Del viaje me quedo conque los rusos no son tan antipáticos como los pintan. Vale que sí hay gente algo borde, pero no tanto como lo venden siempre.

Aprovecho para agradecer a los compis de viaje los días tan fantásticos que pasé en Rusia y sobre todo a Jon, por ser un anfitrión excelente.

Ahora toca esperar a la segunda parte…

Fiesta de inauguración del piso (Halloween)

Sobre esto no voy a escribir mucho porque no hay demasiado que contar :P. Así que paso a poner las fotos que es lo interesante.

Decoramos toda la casa tétricamente, aunque el reno de la pared parecía otra cosa

Estoy planteándome enviar esta foto como postal navideña 😀

La cocina llena de gente

En el salón más de lo mismo

La destrucción en estado puro, había mierda por todas partes

Más destrucción, por manchar que no quede

Y para ambientar el post, un vídeo de Pesadilla antes de Navidad.