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Ruta en bici: Uelands gate – Holmenkollen – Ullevålseter – Sognsvann

Et voilà! Este fue el estreno de mi bici nueva, una rutita por lugares desconocidos de los alrededores de Oslo, enlazando con un clásico como es el tridente FrognerseterenUllevålseterSognsvann. Estuvo muy bien el descubrir nuevas callejuelas de los barrios residenciales de Oslo, aunque implicase darnos una pequeña paliza extra.

A los pies del salto de Holmenkollen

En Frognerseteren, había una cantidad increíble de turistas y allí nos cayó el primer chaparrón del día. La verdad es que fue un día extraño, con lluvias esporádicas y sol intermitente.

Turistas desembarcando en Frognerseteren

Descansito en Ullevålseter

Toda la vuelta hasta casa era bajada a partir de ahí, así que lo disfrutamos como enanos. Lástima que la lluvia hiciese que llegásemos a casa un poco más marrones de lo normal 🙂

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Holmenkollen FIS World Cup Nordic 2010

Como precalentamiento para el año que viene, en el que se celebrará el Campeonato del Mundo de la FIS en Holmenkollen, este año ha tenido lugar una de las pruebas del Holmenkollen FIS World Cup Nordic. Ha sido la última de la temporada en la que el suizo Simon Ammann se ha proclamado campeón en la modalidad de salto.

Haciendo zoom en la imagen puede verse un saltador de prueba

En la tele impresiona bastante ver a los saltadores mantenerse en el aire durante un buen rato, planeando como si hubiesen nacido sabiendo hacerlo, pero en directo, es mucho más increíble experimentar lo gigantesca que es la pista de salto, la altura a la que se encuentra y sobre todo la distancia que recorren los saltadores.

La pista se fue llenando poco a poco

Al evento fuimos un nutrido grupo de españoles, que seguramente sea la primera y última vez que veamos algo así. No creo que el salto de esquí sea un deporte tan entretenido como para convertirte en un fan terrible de él. Con una vez en la vida, es suficiente.

Banderas ondeando en Holmenkollen

Aprovecho también para quejarme de las ideas de bombero que tiene la comuna de Oslo al cortar parcialmente la línea de metro que va hasta la pista de salto. Ya me ha fastidiado bastante que durante el invierno estuviese cortada e impidiese llegar cómodamente a todos los esquiadores de fondo que suben a Frognerseteren y alrededores. Pero es que mantener la línea exactamente igual para un evento así, teniendo en cuenta que solo queda una parada más hasta la pista, me parece de una pachorra… Aunque se apañen soluciones temporales como líneas de autobús para suplir el servicio, siguen siendo eso, chapuzas.

Además de las pruebas de salto, hubo varias competiciones de esquí de fondo, bastante menos interesantes porque se ve pasar a los esquiadores a toda velocidad durante un corto periodo de tiempo.

Pequeña foto artística de los esquiadores llegando

Cuándo llegará el día que pueda bajar como ellos…

Ya bajando, aprovechamos para disfrutar de las vistas del fiordo de Oslo.

Todavía hay una parte del fiordo que está congelada

El año que viene será la prueba final de Holmenkollen. Espero que todo esté terminado, porque ahora mismo casi todo estaba en construcción y bastante mal organizado.

Ruta en bici: Akersbakken – Sagene – Grefsen – Grefsenkollen

La semana pasada me comentaron en la oficina que hay una carrera el 6 de junio en Oslo, en la que los participantes tienen que subir corriendo una colina de las afueras. Son solo 4,5 km, pero la cuestecita de marras se las debe traer. Mirando los precios de inscripción de la competición, veo que cuesta 250 coronas (casi 30 euros). Echando un vistazo triste a las telarañas de mi cartera, llego a la conclusión de no merecer la pena semejante despilfarro de dinero. Con eso me da como para tomar 4 cervezas noruegas. La vida es cuestión de prioridades.

Pero como me pica la curiosidad por ver sitios diferentes de Oslo, no pierdo la oportunidad de ir con la bici hasta la cima de la colina después del trabajo y disfrutar de las vistas. Al fin y al cabo, ya han pasado muchos meses desde aquella épica subida a Holmenkollen en la que casi dejo las tripas y el cuerpo necesita un pequeño sobre-esfuerzo de vez en cuando.

El cielo amenazaba lluvia durante todo el día, pero eso no iba a echarme atrás.

La subida empieza en el barrio de Grefsen, una zona residencial de Oslo que me gustó bastante. Es una lástima que esté tan lejos del centro, sino sería un sitio ideal para vivir.

Vista desde Grefsenkollen

Oslo visto desde Grefsenkollen

Es cierto que la subida es durísima, con un desnivel brutal y tramos en los que casi iba parado con la bici, pero no me pareció tan bestia la idea de hacerlo corriendo.

Una vez en la parte más alta y chorreando sudor hasta por las uñas, descansé admirando las vistas. Tengo que volver un día soleado porque tiene que ser impresionante la vista del fiordo.

Grefsenkollen desde Grefsen

Colina de Grefsenkollen

La bajada la disfruté como un enano. No me crucé ningún coche y en alguna recta llegué a 42km/h y eso que tenía el viento de cara. Por cierto, tengo que conseguirme un casco porque si algún día me caigo, me mato (mensaje para papá y mamá: exagero un poco para darle emoción a ésto :D)

Al llegar de nuevo a Grefsen tomé un camino distinto, al lado del río. Me encantó ese tramo, parecía que estaba a kilómetros de la civilización aun dentro de Oslo.

Río Akerselva

Aunque no lo parezca, este es el río de Oslo: Akerselva

No todo iba a salirme bien, porque poco antes de llegar a casa, empezó a llover como no está escrito. Consiguiendo de esta manera un nuevo e inseparable amigo para el fin de semana: el pañuelo moquero.

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Ruta: Tåsen – Ullevålseter – Holmenkollen

Y vuelvo a la carga, en cuanto me entero que va a haber un día con buen tiempo, no puedo evitar largarme al monte, aún teniendo sólo unas 6-7 horas de luz, se pueden aprovechar perfectamente. Para lo del buen tiempo, me recomendaron una página genial para ello, en la que te hace la previsión por horas y en ella vi que a las 12 saldría el sol. Calculé estar a las 11 ya andando para que despejase estando en marcha y así fue.

El fiordo de Oslo de nuevo, esta vez lo he cazado con menos niebla

La verdad es que no tenía una ruta planeada, sí que pretendía ir más al norte de lo que había ido nunca, incluso con la bici. La idea era andar hacia el norte hasta la 1 y pico, comer los bocatas y dar la vuelta para estar de en la civilización antes de las 4, cuando ya es de noche.  Empecé a andar en Tåsen, un barrio residencial al norte de Oslo, y en cuanto vi un camino sin asfaltar me metí de cabeza en él. A las 12 del mediodía empezaron a salir rayos de sol por todas partes y a derretir la nieve de los árboles.

Camino en el bosque por el que me metí

A pesar de estar en caminos de cabras perdido por el bosque, seguía habiendo gente, así que poco a poco le voy perdiendo el miedo a ir solo, que ni por asomo se me ocurriría hacer en España. Incluso empiezo a reconocer zonas en las que ya he estado recientemente.

Este paisaje ya lo he puesto antes en el blog

Al ir por un camino entre árboles y la nieve derritiéndose en lo alto, parecía que estaba lloviendo y tuve que aligerar el paso para salir a algun lugar más despejado aunque con la desventaja de ser una romería de noruegos. Lo bueno es que aquí también se aplica la ley de la montaña y todo el mundo se saluda, incluso te puedes echar una charla con los noruegos. No sería algo tan extraordinario si en la vida diaria te saludases con el vecino en las escaleras de casa, algo que no hacen normalmente.

El lago Sognsvann desde su parte más al norte y al contraluz

Una vez en Sognsvann ya conocía el camino, pero fuí aun más rápido para poder ir lo más al norte posible. A pesar de ir rápido, no pude evitar pararme para contemplar el lago que dejaba a la izquierda y sacar algunas fotos.

Fotaza donde las haya, tengo que enterarme de cómo se llama este lago

El mismo lago pero con modelo 😀

Cerca de Ullevålseter, la capa de nieve era más espesa, pero afortunadamente habían pasado unos cuantos esquiadores y andar por su huella era mucho más fácil. Estoy deseando que caiga un poco más de nieve para poder ser uno de ellos.

Las marcas en la nieve que van dejando los esquiadores de fondo

Y llegué a Ullevålseter, el primer refugio de montaña noruego que veo. Supongo que sea de los más grandes porque la zona está bastante concurrida.

El refugio de Ullevålseter, hasta arriba de gente

Para la vuelta quise ir hacia Frognerseteren, y lo estuve haciendo durante bastante rato, al menos yo seguía los carteles en esa dirección.

Como decía Macario: ¡¡¡Qué-contenton-toy!!!

Pero no sé exactamente en qué momento, dejé de ver los cartelitos de marras y cuando pude orientarme un poco, aparecí en Holmenkollen, el sitio al que subí con la bici no hace mucho, bastante más al este de mi objetivo.

El fiordo desde otra perspectiva

Y otra vez más el fiordo, qué pesado que soy

Lo bueno de Oslo, es que nada más salir del bosque, siempre hay parada de metro para volver al centro. Con los pies caladitos, la calefacción del metro me hizo revivir, lástima que todavía quedase un trecho andando hasta casa. Mis pobres botas ya están para el arrastre y cinco horas de andar por la nieve no hay Gore-Tex que lo resista.

Este post va dedicado a Nino, por darme envidia el otro día con las fotos que me pasó de Tresviso. Qué rencoroso que soy 🙂

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Ruta mixta: Bjerregaards gate – Sognsvann – Holmenkollen

Salí por la mañana en dirección a Sognsvann de nuevo, aprovechando que hacía sol y estaba todo despejado. Pretendía subir hasta el lugar donde saqué las fotos del fiordo el fin de semana pasado aprovechando que hubiese menos neblina. No fuí capaz porque subí por otro lugar distinto y una vez arriba, todos los caminos a los que no había dado el sol, estaban con una capa de hielo curiosa. En la entrada del lago até la bici y me puse a andar por el lateral del lago que no había visto y luego hacia el sur, como volviendo a Oslo. Dí un rodeo bastante curioso a una central eléctrica enorme y volví al mismo lugar para recoger la bicicleta.

El suelo helado en los alrededores del lago

Isla en el lago Sognsvann

Durante el paseo a pie, fue donde más fotos saqué, no sé si porque andando es como mejor se aprecia el entorno, o porque realmente era la parte más bonita de la ruta. La verdad es que podía haberla hecho en bici, porque una vez pasada la primera parte más sombría, no había tanto hielo y se formó un carril de toda la gente que pasaba por allí, pero me alegro de haber estirado las piernas.

Nueva modalidad de volleyball: volley-nieve

Campos helados con un jinete

Cuando Sognsvann ya no pudo darme más, bajé de nuevo, intentando ir hacia el oeste, donde se encuentra Holmenkollen y su famoso salto de esquí. Aunque ya está en chasis, (lo están desmontando para construir uno nuevo) merece la pena subir por las vistas. El caso es que para llegar a Holmenkollen, no se puede recorrer ningún camino que no pierda altura, así que a bajar y luego a subir de nuevo. Lo malo fue que en el cruce para desviarse hacia allí, ponía 5km o así, y claro, yo todo machote me dije: 5km en bici no son nada, tardaré poquito. No tardé demasiado, pero eran 5km con una pendiente infernal, sobre todo para mí que no estoy acostumbrado a la bicicleta. Además con el frío que empezaba a hacer y yo sudando como un cerdo, parecía un búfalo con todo el vaho que me salía de la boca. La gente me miraba algo raro porque a estas alturas ya nadie sube en bicicleta y mucho menos tal y como iba yo, sin gorro, en pantalones vaqueros y una mochila de ir a la playa 😀

Vista de Oslo desde Holmenkollen, lástima de obras justo en la parte baja de la foto

Y eso fue todo ese día, que no es poco, sobre todo teniendo en cuenta que la noche anterior habíamos tenido fiesta de bienvenida/Halloween en casa y nos acostamos a las 5 de la mañana.

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