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Sobre vascos que cazan ballenas en Islandia

Ya hace algún tiempo leí una historia que me llamó mucho la atención y que quiero compartir con más gente.

Es curioso cómo culturas tan diferentes y distantes pueden entrar en contacto por el simple hecho del comercio, pero también cómo por ese mismo motivo se llegan a hacer atrocidades semejantes.

Siempre nos queda decir que todo aquello sirvió para fomentar la diversidad y el intercambio cultural, con un pseudo-idioma como el vasco-islandés.

Viaje a Islandia

Como ya adelanté en el post anterior, he pasado la Semana Santa en Islandia, teniendo como base Reykjavík para todos los viajes que se hicieron.

Lo primero que hicimos nada más llegar fue ir directos a la Laguna Azul y pasar toda la tarde chapoteando en el agua y poniéndonos mascarillas de sílice en la cara.

Entrada Laguna Azul

La entrada al balneario ya promete

El lugar parece sacado de una película de ciencia ficción, con el color de la laguna, los vapores, el propio paisaje volcánico que la rodea y la central geotérmica que está al lado…

Laguna Azul

Al final de la tarde ya sólo quedábamos nosotros, arrugados como uvas pasas

Ese día ya no dió para más, que no fue poco. Al día siguiente visitamos Reykjavík, reservamos la actividad del día siguiente al famoso Golden Circle, alquilamos el coche para el sábado y nos fuimos a alta mar a intentar ver ballenas. Solo vimos delfines pero menos da una piedra. Intentaré escribir un post sobre la capital y el viaje en barco porque sino éste se va a hacer eterno.

El día empezó con una parada en la central geotérmica de Nesjavellir, la cual da energía a toda la zona de Reykjavík, además de calefacción para las casas y agua caliente directa.

Central geotérmica

Los vapores de la central geotérmica de Nesjavellir

A continuación tocaba disfrutar de la naturaleza de Islandia, con la cascada de Gullfoss y los géiseres cercanos a la localidad de Geysir que da nombre a estos curiosos fenómenos.

Gullfoss

Las tremendas cataratas de Gullfoss en las que todavía quedaba algo de nieve

Como último lugar visitado, queda øingvellir, una zona bastante mágica en la que se fundó el parlamento más antiguo del mundo. El valle tiene en uno de sus costados, la zona más clara en la que se distingue la unión de las dos placas americana y europea. Un paisaje con grietas y un aspecto marciano bordean el lago más grande de toda Islandia, el øingvallavatn.

øingvellir

El suelo agrietado no podía ser más raro

Al pasar de un lado a otro de la grieta, puede decirse que se pasa de Europa a América.

Grieta de falla en øingvellir

La parte más clara de la grieta

El sábado fue el día que mejor me lo pasé. El coche nos daba una libertad que no teníamos con la visita guiada, aunque está claro que no conoceríamos toda la información de los lugares que visitábamos. Pero tocaba disfrutar de los paisajes de Islandia, sus cascadas, playas, montañas y glaciares.

Cascada Skógafoss

La cascada de Skógafoss

En la foto anterior, no encontré al Leprechaun con la olla de oro al final del arco iris que cuenta la mitología irlandesa. Puede que hasta los seres mitológicos estén en crisis 😀

Recorrimos casi toda la costa sureste de Islandia hasta el pequeño pueblo de Vík, el más meridional de la isla. Por esa zona suele haber colonias de frailecillos, pero es demasiado pronto para poder verlos. Otra vez será.

En cambio pudimos ver playas de arena negra, debido a que están en zona volcánica, y formaciones rocosas muy curiosas.

Playa de Vík

Lástima de viento que no nos dejaba darnos un bañito

Piedras Reynisdrangar

De nuevo la playa con las rocas Reynisdrangar

Piedras Reynisdrangar

De nuevo las rocas Reynisdrangar y unas piedras basálticas curiosísimas

Piedras basálticas en la playa

Tomando el sol en un lugar curioso

Como seguíamos queriendo ver frailecillos, fuimos hacia una isla famosa por tener una colonia en ella (Dyrhólaey), sin saber que podríamos llegar con el coche hasta allí. Han construido una carretera de piedra que la une con tierra firme sin ningún tipo de respeto por el medio ambiente.

Camino hacia Dyrhólaey

Aun así, la vista es espectacular

Seguimos sin ver frailecillos, parece ser que no han empezado la migración. Pero de nuevo, a disfrutar de las vistas.

Reynisdrangar desde Dyrhólaey

Cada vez nos alejábamos más de Reynisdrangar

La última parada se hizo en el glaciar M

Puesta al día

Hace unas cuantas semanas que no escribo frecuentemente. Aunque he publicado un post deprisa y corriendo para no dejar esto abandonado del todo, el listón ha bajado bastante. Esta vez tengo excusa, así que aprovecho para contar por encima lo que ha pasado en este tiempo.

Justo al acabar el fin de semana en el que me visitaron los becarios de Informática de varias ciudades y fuimos a hacer esquí alpino a Lillehammer, me empecé a encontrar mal. Fui empeorando cada vez más, hasta que después de una noche horrible con más de 40 de fiebre, fui al médico y estuve 10 días drogado a base de tortillas de antibióticos y paracetamol. Primer premio: infección bacteriana en las amígdalas. Anginas.

No sé dónde lo pillaría, pero haber estado la semana anterior con un amago de gripe y ese mismo puente pasarlo apenas sin dormir, esquiando, yendo a tirarme en trineo a Korketrekkeren y saliendo de fiesta, no ayudó nada de nada.

Mis planes para empezar el entrenamiento de fondo físico en estas fechas se han ido un poco al traste. La forma que había cogido entre el gimnasio y el esquí de fondo me había dejado en buenas condiciones, pero ahora tengo que empezar casi desde el principio. Aunque esto no va a detenerme ni mucho menos. Pienso intentar subir las 20 montañas más altas de Noruega aprovechando que están casi todas muy cerca y en un solo día puedo hacer varias cumbres.

Durante este tiempo también he aprovechado para avanzar un poco más con el esquí alpino. Ya puede decirse que sé esquí básico 😛

Otra de las cosas malas que me han pasado en este tiempo, ha sido que me han chorizado la bici. Tenaza a la cadena y adiós muy buenas. Me fastidia porque acababa de sacarla de la cueva la semana pasada aprovechando que ya hace mejor tiempo. Ya no podré disfrutarla.

Y sin más, hoy me voy a Islandia, a pasar la Semana Santa conociendo ese extraño país. Y también relajándome un poco, qué narices 🙂

Esta tarde estaré en la Laguna Azul.

Laguna Azul

Vista del spa de la Laguna Azul