Archivo de la etiqueta: mar

Paseo por la costa occidental de Cantabria

Los días en Santander fueron bastante intensos y dio tiempo a muchas cosas, incluido un paseo por la costa cántabra guiados por Íñigo y su batmóvil 🙂

Domingueros preparados para recorrer la costa

Me vino bastante bien la ruta para refrescar la memoria de lugares que ya conocía pero hacía mucho tiempo que no visitaba, y también para conocer algún que otro sitio nuevo. Madrugamos un poco y casi estuvimos a punto de abortar el viaje, porque estaba lloviendo torrencialmente. En el peor de los casos, el plan cambiaría a recorrer lo máximo posible en coche y comer en cualquier lugar perdido un cocido contundente.

Lluvia torrencial durante la mañana

Visitamos la playa de Mogro y la de Usgo en Miengo para a continuación ir hasta la playa del Sable en Suances donde tomamos un café con magdalena parapetados de la lluvia. No parecía que el tiempo fuese a mejorar y ya nos estábamos haciendo a la idea de no poder hacer ni una mini-ruta, pero en nuestra siguiente parada en la playa de Santa Justa ya solo estaba nublado y apenas llovía.

Playa de Santa Justa

En dicha playa pasamos un buen rato perdiendo el tiempo y vimos que el riachuelo que desembocaba en la playa bajaba totalmente negro, a saber lo que era…

El color del río daba bastante miedo

La siguiente parada fue Cóbreces, donde empezó a salir el sol y aprovechamos para tomar un aperitivo mientras decidíamos si hacer una pequeña ruta por la zona.

Disfrutando de un pequeño aperitivo pre-ruta

Ya con pantalón corto y cargando la comida para más tarde, salimos en dirección Este caminando pegados a los acantilados lo máximo posible porque era el lugar más despejado de vegetación. Tras una caminata no muy larga, llegamos al Bolao, donde puede verse un antiguo molino y una cascada. Allí decidimos comer por estar bastante resguardado del viento, pero de vez en cuando el agua de las olas que rompían justo detrás nos mojaban un poco.

Caminando hacia el Bolao, atentos al pescador en el borde

Yo encontré una roca perfecta para comer mi ensalada de pasta

El fuerte oleaje que rompía con fuerza contra las rocas

El camino de vuelta fue por el mismo sitio aunque nos empezó a llover casi llegando al coche, para mantenernos frescos 🙂

Las últimas dos paradas fueron en la playa de Somocuevas y en la del Madero en Liencres. Esta playa está un poco apartada de la civilización aunque se puede más o menos acceder en coche hasta muy cerca. A pesar del fuerte oleaje, las rocas protegen la playa y uno puede bañarse tranquilamente.

Caminando hacia el maremoto

¿Veis como no era para tanto?

Para demostrar que realmente el oleaje era un poco fuerte, allá va un pequeño vídeo grabado desde la parte alta. En definitiva, fue un día muy completo y divertido, espero que pueda repetirse estas Navidades transformado en jornada de esquí alpino.

Ruta: Sørvågen – Djupfjordheia – Merraflestinden

Durante el viaje por las islas Lofoten, planeamos hacer alguna ruta si el día se levantaba despejado. Aunque eso de establecer diferencia entre el día y la noche en un lugar así es un poco extraño. Encontré una ruta que prometía bastante casi al final de las islas y siempre nos quedaba la opción de ir hasta el refugio Munkebu, un lugar desde el que hacer noche para descubrir aún más toda la zona interior de la isla de Moskenesøya. Así­ que armados con mi GPS y un track que encontré por ahí­, pusimos rumbo a nuestro primer objetivo, una elevación llamada Djupfjordheia.

Salimos del pueblo de Sørvågen por un camino no muy complicado que poco a poco iba ascendiendo y dejándonos apreciar unas vistas cada vez más increí­bles. La ruta asciende por el lateral de tres lagos a distintas alturas. Son el Stuvdalsvannet, Tridalsvannet y Fjerddalsvannet.

Vista del segundo lago, el Tridalsvannet

Una vez en nuestro primer objetivo, el Djupfjordheia, ya empezamos a admirar las vistas y lamentar que estuviese un poco nublado. Aprovechamos para comer y sacar unas cuantas fotos. No fuimos los únicos que pasaron por allí­.

Nuestro siguiente objetivo, el Merraflestinden, a la derecha

Gente desfilando hacia el refugio Munkebu

Quedaba nieve a escasos 500 msnm a principios de julio

Casi todo el mundo iba en dirección a Munkebu, pero nosotros decidimos ir en otra dirección, hasta el Merraflestinden, desde donde supusimos que habrí­a mejores vistas. Y así­ fue.

El pueblo de Sørvågen y las pequeñas islas al final de las Lofoten

En la cima del Merraflestinden con Djupfjorden y su puente

Esta es prácticamente igual a una foto anterior, pero conmigo, así­ que el paisaje gana 😀

Vista de tierra firme al fondo. Vaya montañitas que hay al lado del mar…

Sørvågen de nuevo, con el ferry que va a Bodø saliendo de puerto

Esta es para demostrar el pedazo de zoom de la cámara

Con las mismas nos fuimos por donde vinimos, no quisimos arriesgarnos a investigar nuevos caminos porque tení­amos un lisiado con nosotros y no era cuestión de forzar la máquina.

Descargar track

Viaje a las Islas Lofoten

Uno de los últimos rincones de Noruega que me quedaba por ver era éste. Un pequeño paraíso en forma de archipiélago muy cercano a la costa en la parte norte del país. Sus principales características son la tranquilidad, las pequeñas islas, las grandes elevaciones de roca, el sol de medianoche, los bacalaos secados al sol, los pueblecitos pesqueros, las playas de arena blanca y fina. Vamos, un pequeño paraíso.

Estuvimos en el archipiélago unos cuatro días, donde alquilamos un coche y nos movimos como quisimos. El punto de partida fue el aeropuerto de Evenes, compartido por las ciudades de Harstad y Narvik.

Puerto de Svolvær, la capital de las Lofoten

Restaurante en el centro de Svolvær

Aunque el nombre pueda parecer familiar, no se refiere al pescado en sí­, sino que ese nombre se le da a una manera de cocinar el bacalao. Sí­, es raro.

Una de las escalas del crucero Hurtigruten

Este crucero es uno de los muchos que recorren la costa noruega haciendo escala en varios puertos por el camino. Se trata del Hurtigruten y es muy famoso en verano. Aunque hicimos una noche en Kabelvåg, el primer dí­a solo visitamos la capital y poco más, hací­a bastante mal tiempo y no habí­a muchas ganas de pasar frí­o.

Puerto de Henningsvær, un pequeño pueblecito de pescadores

Si no pudimos dar muchos paseos al aire libre por el tiempo tan malo, aprovechamos para visitar pueblos de los alrededores y deambular con el coche por carreteras desconocidas. Así­ fue más o menos como acabamos en Henningsvær. A la vuelta vimos una playa de arena blanca en una cala muy bonita, lástima que hiciese tanto frí­o…

Esta es la playa en cuestión

Pero claro, como no podí­a ser de otra manera, y a pesar del mal tiempo… el bañito cayó.

Saliendo del agua deprisa y corriendo

Fuí­ incapaz de estar en el agua quieto y sumergido completamente más de un segundo. No pude parar de correr ni al entrar ni al salir. Al llegar a la arena me dolí­an las piernas un horror del frí­o y se me quitaron las ganas de más baños. Eso sí­, me arrepentí­ de no haberme bañado el año pasado cuando estuve en Svalbard. Hubiese estado bien poder contar que me bañé en el Ártico. Si por casualidad vuelvo allá­ como es mi intención, lo haré.

Otro de los sitios que visitamos en esos dí­as fue el museo vikingo de las Lofoten. No tiene ni punto de comparación con el que hay en Oslo. De acuerdo que el de Oslo tiene los restos de barcos vikingos mejor conservados del mundo, pero en Lofotr hay reconstrucciones de viviendas y barcos vikingos con los que puedes hacerte una idea mejor de cómo vivían.

Una reconstrucción de barco vikingo en el fiordo

Tirando unas flechitas, vaya estilazo

Remando en el barco vikingo, lástima que estuviese amarrado

Mientras nos í­bamos moviendo hacia la isla más alejada de tierra firme, el tiempo fue mejorando poco a poco y todo parecí­a tener más color.

Uno de los múltiples lugares en los que se cuelga el bacalao al sol

Estos bacalaos son muy tí­picos de esta zona de Noruega. Se venden como snack ya que están secos, pero a mí­ no me hicieron nada de gracia. Aparte de que ver cómo se secaban al sol mientras montones de moscas revoloteaban a su alrededor no contribuyó a que me gustasen.

Por fin llegamos al lugar más bonito de todas las islas, un pequeño archipiélago rodeado de montañas. Allá­ pasamos dos noches en la isla de Hamnøya.

Haciendo posturitas como siempre

Esta es la isla de Hamnøya y la casa blanca grande de la derecha es en la que dormimos

Aquí­ estuvimos de relax aunque pudimos hacer de todo: ver un partido del Mundial de la selección española, ir de ruta y tratar de ver el sol de medianoche.

Cuando digo que era el paraí­so, es que realmente lo era

En cuanto al sol de medianoche, intentamos verlo en dos ocasiones. Siempre que í­bamos hacia el norte, donde podí­a verse más fácilmente, habí­a niebla que no dejaba ver absolutamente nada. Al segundo intento también nos encontramos niebla por el camino.

Yendo hacia el norte para ver el sol de medianoche

Y como siempre, se consiguió el objetivo. Después de pasar mucho frí­o y desvariar en cantidades industriales como viene siendo habitual, pudimos ver cómo el sol no llegaba a ponerse en el horizonte.

La foto de la victoria

Puede que éste sea el tercer mejor sitio de Noruega que he visitado, pero cada lugar es tan distinto dependiendo de la gente con la que viajas… que es difí­cil decidirse. Sobre todo cuando hay tantas historias, anécdotas, buena gente, cervezas, rayas y ovejas.

Ruta: Subida a Knutshø

Desafío Cantabria vs Noruega miniEl día siguiente a hacer la ruta por Besseggen, amaneció tan tremendamente claro, que no pudimos evitar plantearnos hacer otra ruta por el lugar.

Cabin en Bessheim

Nuestro coche y nuestra cabin en Bessheim

De nuevo en dirección a Oslo, y a unos 3 kilómetros de la cabin donde dormimos, vimos un aparcamiento en el que había muchos coches aparcados e indicaciones de una ruta en las cercanías. Se trataba del pico Knutshø, situado en uno de los laterales del lago Gjende.

Comienzo de la ruta

La cara este del Knutshø

El cartel informativo de la ruta decí­a que era algo complicada y habí­a que tener experiencia en montaña para hacerla sin riesgo. Asustaba un poco pero no fue para tanto. Solo hubo un paso complicado al principio en el que se trepó durante un trecho, pero sin más.

Primera subida

Primera zona de trepada, genial para echar atrás a aquellos que duden

Luego la subida es constante, sin muchos descansos llanos. De hecho engaña bastante porque parece que llegas a la cima en varias ocasiones, pero no era así­. Siempre habí­a un montí­culo más alto cuando subí­as al anterior.

Durante todo el camino aprovechamos el dí­a tan genial, sacando fotos, parando siempre que nos apetecí­a y disfrutando de las vistas.

Lago Gjende

Dos modelos del copón posando con una vista todo chula 😀

David en la montaña

Un monigote en medio de la montaña

Una vez en la cima de verdad, seguimos al resto de gente que parecí­a que bajaba por la otra ladera de la montaña hasta dar a una marisma muy bonita, pero que estaba bastante lejos de donde dejamos el coche.

Desembocadura de rí­o

Desembocadura de rí­o en un valle-marisma

Incluso me animé a meter los pies en el rí­o, que estaba frí­o a rabiar. No podí­a dejar los pies dentro del agua más de dos segundos sin que me empezasen a doler.

Refrescando los pies

El agua del río estaba tremendamente frí­a.

Y esta es la última ruta que pondré de las que he hecho en Noruega. Espero que tenga la oportunidad de hacer muchas más en breve 🙂

Descargar

Ruta: Visita a la mina 2B en Longyearbyen

Uno de los lugares cercanos que se puede visitar sin necesidad de guía, es la antigua mina abandonada llamada 2B, situada en una de las laderas de la depresión en la que está Longyearbyen. Como en casi todas las minas de las Svalbard, lo que se extraía era carbón y ésta, en concreto, dejó de estar en funcionamiento en 1968.

Mina 2B en Longyearbyen

Vista de la mina durante la subida

En un primer momento solo pretendíamos subir y dar un rodeo por los edificios abandonados, sin atrevernos a entrar por si acaso se venía abajo todo o metíamos la pierna donde no debíamos.

Entrada

Detalle de la entrada

De hecho, subimos hasta la parte más alta y decidimos entrar al empezar a bajar de nuevo hasta la carretera. Fue una pena no llevar el frontal para poder ver mejor todo el interior de las instalaciones, pero nadie se imagina que pueda hacer falta una linterna en un lugar en el que el Sol brilla las 24 horas del día.

Edificios en ruinas

Edificios abandonados

Entrada principal

Interior de la entrada

Con la ayuda del flash de la cámara de Fermín y tanteando poco a poco con los pies, recorrimos todos los edificios y pudimos imaginarnos cómo se transportaba el carbón desde la boca de la mina hasta casi la zona baja del pueblo.

La mayoría del suelo estaba restaurado e incluso vimos que había instalación eléctrica más o menos moderna. No fuimos capaces de encontrar el interruptor, pero seguro que hay visitas guiadas al lugar.

Toda la construcción no es excesivamente antigua. Según nos contó la gente de por allí, Longyearbyen fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial. Varias de las minas de carbón empezaron a arder, entre ellas la 2B, que estuvo ardiendo durante unos 20 años. Consiguieron apagar el fuego a base de inundar la mina bombeando agua de mar.

Pasadizo

Una de las zonas más internas del edificio, cerca de la entrada en la roca

Como curiosidad, algunas personas consideran que esta mina es el lugar en el que vive Santa Claus. Pero desde que estoy en Noruega, he descubierto tantos sitios considerados el hogar de Papá Noel, que ya no me creo nada.

Descargar track

Viaje a Estocolmo

Como no quiero aburrir con textos extra-largos de un viaje que tampoco tuvo muchas cosas destacables, hago un resumen por encima y luego pongo las fotos de rigor. Que no hubiese cosas destacables no significa que no me lo pasase genial. Descubrir una ciudad yendo a tiro hecho gracias a alguien que vive allí es una gozada. ¡Gracias, Pablo!

Los tres días del puente hizo buenísimo, llegamos a ver en algun termómetro que había 29ºC. Así da gusto viajar y visitar ciudades, aunque a veces el sol era un poco insoportable. A pesar de llevar cremita me quemé los brazos.

Las cosas que recomiendo visitar son el museo Skansen y el Vasa. Sin duda lo mejor de la ciudad sin contar los canales y el ambiente.

Vista desde el ayuntamiento de Estocolmo 1

Vista desde la torre del ayuntamiento de Estocolmo

Vista desde el ayuntamiento de Estocolmo 2

Por esta zona vive Pablo, el becario de Estocolmo

Informáticos en Estocolmo

Sentaditos al lado del río, dos informáticos achicharrados bajo el sol

Maratón de Estocolmo

Corredores de la maratón de Estocolmo

Cambio de guardia

Cambio de guardia en el Palacio Real

Dentro de la campana del Vasa

La campana del Vasa con la que llamaban a comer xD

Acariciando el Sol

Foto artística donde las haya

Juego último modelo

Juego antediluviano en el museo Skansen cuyo objetivo era construir un tren a piezas

Museo Skansen 1

Calles del museo Skansen llenas de turistas

Cabalgando a lomos de un cerdito

Nueva modalidad de hípica, sobre cerdito

Cabinas mix

Las cabinas de Estocolmo