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Ruta: Stryken – Kongsvangsskog – Elneshøgda – Tømtehytta – Hammeren

Desafío Cantabria vs Noruega miniEstreno la sección de Desafío Cantabria vs Noruega con esta ruta, que aunque no es muy técnica comparada con las que se pondrán (esperemos por el bien de está sección que así sea), sí que hace falta tener muchas ganas de andar y andar sin parar para recorrer los casi 27km que tiene. Ha sido la vez que más kilómetros he recorrido en un solo día.

Pasé por tres condados (Oppland, Akershus y Oslo) y aunque mi intención inicial era adentrarme más en el bosque, fui bastante pegado a la zona civilizada al este del mismo.

Empecé a andar en Stryken, un pequeño pueblecito al norte de Oslo al que llegué en tren a las 10:30 aproximadamente. Me asusté bastante porque justo en la parada anterior, se bajó un montón de gente con mochilas enormes, como para pasar más de un día en Oslomarka. Mientras que en mi parada, la mayoría era gente en bicicleta.

No pasa nada, – me dije – si tengo que quedarme a dormir debajo de un árbol, me quedo. Había sido previsor y tenía el saco en la mochila por si las moscas.

Pista cerca de Stryken

La pista por la que empecé la ruta

El comienzo discurre por una pista bastante amplia que no me gustó demasiado. Estaba dando un paseillo por el campo y yo quería algo más de emoción. En cuanto vi la primera bifurcación un poco más complicada, me metí en ella de cabeza. Quién me iba a decir que unas horas más tarde, iba a echar de menos la pista.

Camino con hitos

Camino por el bosque marcado solo por hitos

Sin comerlo ni beberlo, estaba a punto de hacer mi primera cumbre en Noruega, el monte Elneshøgda, de 429m de altura. El camino ni siquiera llegaba a la cima, tuve que salir de él para hacer la foto de rigor con el extraño artefacto extraterrestre que coronaba el lugar.

Cumbre del Elneshøgda

Cumbre del monte Elneshøgda (429m)

En buena hora se me ocurrió hacer eso. Me perdí y no era capaz de retomar el camino por querer atajar, así que me vi atravesando el bosque a derecho, por encima de arbustos, paquetes de nieve en los que me hundía hasta la rodilla y pequeñas marismas llenas de barro. Si no tengo alguna garrapata encima, es que me he hecho inmune.

Llegando a una zona abierta en la que daba bastante sol, decidí montar el campamento base y devorar el lomo ibérico que tengo guardado para ocasiones especiales 😀 Se estaba tan a gusto tirado en la hierba, que me quedé dormido un buen rato. Me desperté sobresaltado con la impresión de haber perdido mucho tiempo y no poder llegar a Oslo.

Lago descongelado con marcas de esquí

Sobre este lago pasé varias veces este invierno

Continué la marcha por pleno bosque, en dirección a Tømtehytta, una cabin de la DNT de las que puedes pedir la llave para entrar y usar a tu antojo.

Vistas cerca de Tømtehytta

Espectacular vista desde un lugar cercano a Tømtehytta

Mi plan inicial era ir a Sognsvann a través de Ullevålseter, en la tan conocida ruta que ya me sé de memoria. Lo malo es que para llegar a esa zona, había una colina tras otra y ninguna depresión por la que pasar, además de no ver ningún camino en esa dirección.

Foto en la nieve

El sitio me pareció bonito para hacer una foto, pero salió hecha un churro

Seguí­ yendo hacia el sur y más hacia el sur. Veí­a carteles de Skar, un pequeño pueblecito en el que aparecí­ hace unos meses después de esquiar durante todo el dí­a. Estaba ya cansado y sabí­a cómo volver a Oslo desde allí. Pero, mi gozo se fue al famoso pozo. Desemboqué en una carretera en la que había un autobús que iba en dirección contraria a donde yo quería ir. Aquí es donde eché de menos la pista de por la mañana, odio andar por carretera y me metí entre pecho y espalda unos 7 kilómetros para despedir el día, hasta que encontré una parada de bus que me venía bien, en Hammeren.

Me senté en la parada a esperar el autobús que tardaba siglos… y siglos… y siglos… Y me volví a quedar dormido. Al abrir los ojos estaba rodeado de gente y se veía venir el autobús a lo lejos. Vaya suerte que tuve…

¡Te toca Fermín!

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Ruta esquí: Frognerseteren – Tryvannstua – Kobberhaughytta – Kikutstua – Fortjernbråtan – Skar

El fin de semana pasado fui a esquiar. Aproveché que tuve que acompañar a unos amigos de Santander a la estación de tren muy pronto para poder coger su avión. Después de haber salido de fiesta el día antes y habiéndome levantado a las 8 de la mañana, noté que en algunas cuestas me ahogaba por los excesos 🙂

Total, que a las 10:30 de la mañana ya estaba con los esquíes puestos y con todo el día por delante. Eso sí, la nevada que estaba cayendo era impresionante. Muchas cuestas las bajaba con los ojos cerrados porque la nieve se colaba por todas partes.

De nuevo mi objetivo era Kikutstua y una vez allí ir hacia el este o el oeste sin rumbo fijo. Ventajas de haber madrugado y tener tantas horas de luz por delante.

Llegando a Kikutstua

La escena asusta un poco, parece un viaje hacia el fin del mundo

Llegando a Kikutstua sin parar apenas, el chocolate caliente y el bollo que me zampé en el refugio me hicieron revivir. El agua empezaba a traspasar la ropa. Por muy impermeable que sea, al final la nieve acaba descongelándose lentamente encima de uno.

Para volver a entrar en calor, aceleré el paso a costa de ir resoplando como un león marino. Algo que no impidió que parase a sacar unas fotos.

Río nevado

Un río, un lago, árboles y nieve. La combinación perfecta

Lago descongelándose

Ya no hace tanta gracia pasar por encima de los lagos

Poco a poco fui descendiendo hacia el sur, para intentar llegar a Sognsvann como siempre. Pero me había ido demasiado al este. Sin darme cuenta aparecí en Skar, un pequeño barrio/pueblo de Oslo que está bastante alejado del centro y en el que nunca había estado. Afortunadamente tenían parada de autobús y yo no tenía ganas de seguir esquiando más ese día.

Encrucijada

Se me nota en la cara que ya llevaba una trisca considerable encima

En la parada de autobús estuve hablando con un señor noruego que también venía de esquiar. Me comentaba que hacía como veinte años que no nevaba tanto en Oslo, nevadas así sólo las recordaba de cuando era joven. Amablemente me indicó los autobuses que tenía que coger para llegar a casa mientras ya dentro del bus, empezaba a quedarme frío y a tiritar. Fuí a casa corriendo y de cabeza me metí en la ducha, que me sentó mejor que nunca.

Para acabar, un vídeo del día anterior en el que se pueden ver mis progresos.

Cabe decir que momentos despues bajé esa cuesta de nuevo y me pegué tal piñazo de morros que todavía tengo moratones al golpearme con los bastones y los esquíes. Pero no pasa nada 😀

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