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Ruta esquí: Frognerseteren – Tryvannstua – Kobberhaughytta – Ullevålseter – Sognsvann

Los últimos días de nieve se acercan, y por eso mismo hay mucha más gente de lo normal rondando por Oslomarka. A veces es un poco desesperante que sea así, sobre todo cuando toda una familia ocupa las pistas enteras a lo ancho. Lo peor no es que sean padre y madre con su prole, es que además llevan los más pequeños en trineos atados a la cintura, los perros y hasta a la abuela si se tercia.

Ya se nota la mala calidad de la nieve por las bañeras que aparecen

Otra de las peculiaridades de llegar al final de la temporada de nieve, es la dificultad de elegir cera para poner a los esquíes. En ocasiones hay que usar mezclas de blanda y dura en distintas partes de la base y hasta que das con ello puedes pegarte unas cuantas tortas.

Aquí vemos a David poniendo su cera

Vimos algo así de raro al empezar a esquiar

La ruta enlaza sitios más que conocidos, pero por caminos distintos a lo normal. Decidimos que al haber tanta gente, lo mejor era ir por vías más pequeñas o poco convencionales. Hubo algunos tramos muy estrechos en los que tanto para subir, como para bajar, nos caímos infinitas veces.

Uno de los caminos de los que hablaba

Lo malo es que siempre acabas llegando a la civilización y esa última parte siempre está hasta arriba de gente que vuelve a ella. Hubo un momento que me cabree bastante bajando de Ullevålseter a Sognsvann porque no me dejaban pasar y un pobre niño sufrió las consecuencias. Pero bueno, que espabile y para la próxima que se aparte 😀

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Ruta trineo de perros: Harkinn (Aurora boreal)

Sólo un becario ICEX y muy pocos elegidos pueden asumir gastar una pasta gansa en un viaje que puede que no aporte nada. En el que vas a ir a una pequeña ciudad del norte (y tal vez sin nada de interés) que apenas tiene horas de luz, puede que haga un frío inaguantable, con una previsión meteorológica bastante mala, se haga una actividad que sea aburrida, e incluso el principal objetivo (ver la aurora boreal), sea sólo una remota posibilidad que depende de tantos condicionantes que resulte casi una misión imposible.

Y tras esta épica apertura de post, que no sirve nada más que para dar envidia a los envidiosos, paso a relatar la primera ruta en modalidad trineo de perros sobre nieve en la oscuridad de la noche. Y supongo que la última 🙂

Perros descansando

Los perros preparados para tirar

Contratamos el paseo en perros con la empresa Lyngsfjord Adventure, descubierta a través de la web de turismo de Tromsø. Escogimos la opción de 7 horas porque la diferencia de precio era muy pequeña respecto a la de 3 horas y media. De este modo, sin saberlo, habí­amos quitado uno de los problemas que no dejan ver la aurora boreal; el cielo nublado. Mientras en Tromsø el cielo estaba completamente nublado, la actividad se desarrollaba en un lugar a hora y media de la ciudad, muy cerca del punto en el que se unen las fronteras de Noruega, Suecia y Finlandia. Cerca de una zona llamada Harkinn y en los alrededores del rí­o Finndalselva.

Los perros

Los perros estaban muy acostumbrados a las personas

Muchos os preguntaréis por qué pongo esto como ruta y encima tengo la jeta de poner un track del GPS, si esto es un paseo en el que tu vas sentado tranquilamente en el trineo tirado por perros, mientras el guí­a te lleva por una zona con nieve. Ésa era la idea que tení­amos nosotros también, pero cuando llegamos al lugar donde estaban atados los perros y los guí­as empezaron a explicarnos el funcionamiento del trineo, empezamos a cambiar de parecer. Pero, incrédulos de nosotros, todaví­a pensábamos que formaba parte de la explicación del entrenamiento sami de los perros que se supone que entraba dentro de la actividad.

Cuando los guí­as nos indicaron que tení­amos que ir en parejas, uno subido sentado en el trineo y el otro en la parte trasera, ya nos dimos cuenta de la realidad; íbamos a conducir los trineos nosotros mismos. Entonces empezaron los nervios por no estar seguros de haber entendido bien las instrucciones.

Salvo el pequeño caos inicial, una vez cogido el truco, es muy fácil controlar la velocidad de los perros con el freno. Formamos una comitiva de seis trineos, estando el primero y el último llevados por guí­as.

Montados en el trineo

Montados en el trineo y posando para la posteridad

Yo conduje la primera parte del recorrido, precisamente la que tení­a más pendiente de subida, mientras el amigo Vaquero iba sentado plácidamente en el trineo. Lo de plácidamente es un decir, porque choqué el trineo contra unos cuantos árboles hasta que más o menos pude controlarlo decentemente. La verdad es que se merecí­a eso y mucho más. Si me quedaba montado en el trineo mientras subí­amos una cuesta, los perros se paraban, así­ que directamente en las cuestas tení­a que echar el pie a tierra y correr empujando el trineo para ayudar a los perros.

Afortunadamente luego intercambiamos los puestos y pude descansar mientras disfrutaba del paisaje nocturno sentado en el trineo.

Después de casi 2 horas de paseo, llegamos a una especie de campamento lapón, en el que nos sirvieron un guisado de reno tí­pico de la zona para reponer fuerzas. El tentempié estuvo constantemente interrumpido por las salidas fuera de la tienda para poder contemplar la aurora boreal, algo que muy pocas personas en el mundo tienen la ocasión de ver y que difícilmente se podrá olvidar.

Aurora boreal

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